El genocidio que el régimen genocida israelí está ejecutando contra la población palestina de la Franja de Gaza se ha instalado en la conciencia global como un punto de inflexión histórico y moral. La situación ha trazado una línea divisoria inexcusable: o se está con las víctimas o se está con los verdugos. La neutralidad, en este contexto, se revela como una forma de complicidad pasiva y cobarde, una coartada para no asumir responsabilidades ante uno de los crímenes más graves de nuestro tiempo.
Desde el 7 de octubre de 2023, asistimos a la fase más aguda y brutal de un proyecto colonial y supremacista diseñado hace casi 130 años, basado en la limpieza étnica, el apartheid y la expansión territorial. Esta fase es la culminación de décadas de ocupación y violencia estructural dirigidas a la desaparición del pueblo palestino y a la apropiación completa de sus territorios históricos.
Este análisis aborda cuatro dimensiones interrelacionadas:
1. El carácter genocida de la agresión en Gaza.
2. La ideología del “Gran Israel” que la sustenta y sus implicaciones regionales.
3. El papel de la movilización popular global, que está redefiniendo el panorama geopolítico contemporáneo.
4. La experiencia española y la acción de Izquierda Unida, como ejemplo de cómo la presión social puede traducirse en política institucional y en herramientas concretas contra la impunidad.
El genocidio en Gaza: más allá de las cifras oficiales
La calificación de genocidio se sustenta en evidencias jurídicas incontestables. En septiembre de 2025, la Comisión Internacional Independiente de Investigación de la ONU concluyó que Israel está cometiendo genocidio contra el pueblo palestino en Gaza, identificando cuatro de los cinco actos definidos en la Convención para la Prevención y Sanción del Delito de Genocidio de 1948:
• Matanza de miembros del grupo.
• Lesión grave a la integridad física o mental.
• Sometimiento deliberado a condiciones de existencia que buscan la destrucción física total o parcial.
• Imposición de medidas para impedir nacimientos.
Sin embargo, la cifra oficial de 66.000 palestinos asesinados resulta profundamente engañosa y parcial. Este número solo incluye a quienes murieron inmediatamente tras un bombardeo y cuyos cuerpos fueron recuperados e identificados en las primeras 24 horas. Detrás de estas estadísticas se ocultan dimensiones enteras del exterminio:
• Muertos bajo los escombros: miles de cuerpos permanecen sepultados en edificios destruidos, imposibles de recuperar debido a la demolición, a la falta de equipos de rescate y a los continuos bombardeos.
• Muertes por heridas no atendidas: personas que fallecen días después por la falta absoluta de tratamiento médico, consecuencia directa de la destrucción deliberada del sistema sanitario.
• El genocidio silencioso de la hambruna: el bloqueo total impuesto desde marzo de 2025 ha provocado una hambruna oficialmente reconocida por la ONU, la primera fuera de África en el siglo XXI. Familias enteras mueren de inanición; niños fallecen por beber agua contaminada; bebés prematuros perecen en incubadoras apagadas por la falta de electricidad.
La relatora especial de la ONU, Francesca Albanese, ha denunciado que el número real de palestinos asesinados podría superar las 680.000 personas, más de diez veces la cifra oficial. Este genocidio multisistémico —bombardeos, hambre, sed, enfermedades y desplazamientos forzados— tiene como objetivo final la despoblación total de Gaza, lo que se evidencia en declaraciones de altos funcionarios israelíes. El exministro de la guerra Yoav Gallant calificó a los palestinos como “animales humanos”, mientras que el vicepresidente de la Knéset, Nissim Vaturi, exigió públicamente “borrar Gaza de la faz de la Tierra”. Estas expresiones, lejos de ser retórica extrema, son el marco ideológico de las políticas implementadas sobre el terreno.
El “Gran Israel”: ideología y expansión colonial
El genocidio en Gaza no es un fin en sí mismo, sino un instrumento estratégico para avanzar en el proyecto del “Gran Israel” (Eretz Yisrael HaShlema), que aspira a expandir las fronteras israelíes desde el Río Éufrates hasta el Río Nilo, abarcando territorios de Jordania, Siria, Líbano, Iraq, Egipto e incluso parte de Turquía.
La estrategia israelí trasciende las fronteras palestinas. Desde octubre de 2023, ha atacado directamente a seis países de la región: Líbano, Siria, Irán, Yemen, Qatar y Palestina
El actual gobierno israelí, liderado por Benjamin Netanyahu y respaldado por figuras aún más extremistas como Bezalel Smotrich, ministro de Finanzas, ha adoptado esta ideología como programa de gobierno. Smotrich ha presentado planes para anexionarse el 82% de Cisjordania, destruyendo cualquier posibilidad de un Estado palestino viable. Esta estrategia se desarrolla en tres frentes simultáneos:
1. Expansión masiva de asentamientos ilegales, en flagrante violación del derecho internacional.
2. Desplazamiento forzoso de la población palestina, que en la primera mitad de 2025 alcanzó la cifra récord de 40.000 personas expulsadas en Cisjordania, la mayor desde 1967.
3. Destrucción sistemática de hogares e infraestructuras palestinas, con el objetivo de borrar cualquier vestigio físico y cultural que respalde el derecho al retorno.
Agresiones regionales: desestabilizar para expandir
La estrategia israelí trasciende las fronteras palestinas. Desde octubre de 2023, ha atacado directamente a seis países de la región: Líbano, Siria, Irán, Yemen, Qatar y Palestina.
Uno de los episodios más destacados fue el ataque a Doha, capital de Qatar, durante negociaciones de alto el fuego, cuyo objetivo era sabotear la mediación internacional y prolongar el conflicto. En paralelo, los bombardeos sistemáticos sobre el sur del Líbano y las ocupaciones en las Granjas de Shebaa buscan crear un corredor estratégico hacia Siria, consolidando el control militar sobre la región.
Esta agresividad responde a dos objetivos:
• Ocultar el fracaso militar en Gaza, donde la resistencia palestina ha impedido que Israel alcance sus metas iniciales.
• Asegurar la hegemonía regional, garantizando el terreno necesario para la expansión prevista en el proyecto del “Gran Israel”.
La movilización global: un tsunami de solidaridad
Frente a este horror, ha emergido una movilización popular global sin precedentes, cuyo detonante principal ha sido la hambruna genocida en Gaza. Las imágenes de niños esqueléticos muriendo de hambre y familias enteras reducidas a la inanición han roto el umbral de tolerancia de la humanidad.
Esta indignación no se limita a sectores tradicionalmente comprometidos, sino que ha alcanzado a amplias capas sociales, incluyendo a personas que nunca antes habían participado en protestas políticas. Se está gestando una nueva cultura política internacional, basada en la solidaridad activa y en la exigencia de responsabilidad a gobiernos cómplices.
Expresiones clave de esta movilización
1. Protestas masivas continuas:
• Millones de personas han tomado las calles de ciudades como Londres, Madrid, Nueva York, Estambul, Johannesburgo y Yakarta.
• Estas protestas no son eventos aislados: se han convertido en movilizaciones sostenidas, con acampadas, marchas y bloqueos de instituciones gubernamentales y empresas vinculadas al genocidio.
2. Acción humanitaria directa:
• Flotas como la Freedom Flotilla y la Global Sumud Flotilla, con 51 barcos y más de 500 activistas, desafían el bloqueo israelí llevando suministros básicos y visibilizan la complicidad de los gobiernos que no actúan.
• Cada intento de estas flotillas genera una oleada de apoyo y cobertura mediática que debilita el cerco informativo impuesto por las potencias occidentales.
3. Boicot cultural, académico y deportivo:
• Campañas exigen la exclusión de Israel de eventos como Eurovisión o los Juegos Olímpicos, siguiendo la estrategia utilizada contra el régimen del apartheid sudafricano.
• Decenas de artistas, deportistas y académicos se han sumado al boicot, rompiendo con décadas de normalización cultural.
4. Desobediencia civil y presión económica:
• Grupos de trabajadores han organizado huelgas y bloqueos portuarios para impedir la carga y descarga de material destinado a Israel.
• Universidades y fondos de inversión enfrentan campañas para desinvertir en empresas vinculadas a la ocupación y al genocidio, siguiendo el modelo del movimiento BDS (Boicot, Desinversión y Sanciones).
Impacto político
Este tsunami de solidaridad ha comenzado a erosionar la impunidad de Israel:
• Gobiernos que antes mantenían una posición de “neutralidad” se han visto obligados a modificar su discurso ante la presión popular.
• En varios países europeos, de América Latina y África, parlamentos locales y nacionales han aprobado resoluciones exigiendo el embargo de armas y el fin de las relaciones diplomáticas con Israel.
• En el ámbito multilateral, se han producido mayorías crecientes en la Asamblea General de la ONU para impulsar medidas de protección internacional.
Izquierda Unida y la política de ruptura: España ante el genocidio en Gaza
En España, la presencia de Izquierda Unida (IU) en la coalición de gobierno ha sido clave para que la solidaridad popular se traduzca en acción institucional. IU ha desplegado una estrategia integral, combinando presión legislativa, iniciativas judiciales y conexión directa con la movilización social.
En España, la presencia de Izquierda Unida (IU) en la coalición de gobierno ha sido clave para que la solidaridad popular se traduzca en acción institucional
Sus ejes principales son:
1. Reconocimiento oficial de Palestina como Estado soberano, incluido en el acuerdo de gobierno.
2. Embargo total de armas y ruptura completa de cualquier relación militar con Israel.
3. Acción judicial, con seis querellas presentadas por Enrique Santiago, portavoz de IU y secretario general del PCE, para impedir el tránsito de material bélico por puertos españoles.
4. Expulsión inmediata de la misión diplomática israelí y suspensión de relaciones comerciales, culturales y académicas.
5. Impulso en la ONU de una fuerza internacional de protección para el pueblo palestino, ante el bloqueo del Consejo de Seguridad por el veto estadounidense.
La erosión de la impunidad y la lucha por el futuro
El proyecto del “Gran Israel” enfrenta hoy su mayor desafío histórico. A pesar de su superioridad militar, su legitimidad internacional se desmorona ante las pruebas de genocidio y la creciente movilización popular.
Hoy, más que nunca, la inacción es complicidad. Cada ciudadano, institución y gobierno tiene la responsabilidad de elegir de qué lado de la historia quiere estar
La Corte Internacional de Justicia (CIJ) debe pronunciarse sobre la existencia legal de genocidio, mientras que la Corte Penal Internacional (CPI) tiene la responsabilidad de juzgar a los responsables directos y a sus cómplices internacionales. Cada avance en estos tribunales incrementa el aislamiento del tándem formado por Israel y su patrocinador estadounidense.
El futuro inmediato dependerá de la capacidad de la comunidad internacional para convertir la solidaridad en mecanismos efectivos de presión. La humanidad se encuentra ante una encrucijada:
• Permitir que un genocidio televisado en tiempo real se consume sin consecuencias.
• O construir un nuevo orden internacional basado en la justicia, donde la vida y la dignidad prevalezcan sobre la barbarie.
Hoy, más que nunca, la inacción es complicidad. Cada ciudadano, institución y gobierno tiene la responsabilidad de elegir de qué lado de la historia quiere estar.







