Como quiera que ha pasado mucho tiempo “esperando a los bárbaros” (título de mi sección) y estos no han llegado, aunque hubieran podido ser una solución (poema de Cavafis), me despido de ustedes, al modo cordial con que lo hacían los actores al final de una comedieta. Ustedes disculpen y conste que cualquier error o salida de tono ha sido siempre responsabilidad de quien suscribe.
He de declarar, de un lado, mi admiración por el nivel de Mundo Obrero y, de otro, he de dejar aquí constancia de lo que significa, de lo que sigue significando esta publicación, en la trayectoria larguísima de la lucha de clases en España desde el punto de vista de la explotación y contra el dominio. Por eso, entre otras cosas, ha sido un honor publicar durante tantos años columnas y artículos de fondo, muchos de ellos en espacios privilegiados. Quiero decir que Mundo Obrero es quizás una de las herramientas esenciales a la hora de demostrar la presencia histórica actuante del Partido Comunista de España. Casi nada.
Mundo Obrero, en un alarde de libertad de prensa y de respeto a la opinión ajena, jamás me ha dicho lo que debía entregar o con qué limites argumentales. En todo caso, las coincidencias, que han proliferado, han sido causa del acuerdo común en línea editorial, tácticas y estrategias. Las disonancias ahí están, negro sobre blanco, como prueba de lo que digo.
En el último periodo, desde hace algunos años, junto a los textos aprobados por la dirección del partido, he defendido la forma “frente amplio”. No he podido considerar aceptable la organización de la izquierda transformadora en España a través de una “marca” basada en el hiperliderazgo, sin programa participativo y sin militancia real; en suma, sin democracia interna, sin apuesta por organizar todo lo que se mueve desde su propia mochila y sus propias determinaciones históricas. El nuevo sujeto político de la izquierda transformadora no puede ser una “marca” que absorbe y diluye todo lo anterior desde un puente de mando.
En este momento, ojalá me equivoque (nunca lo he deseado tanto), pienso que la dinámica dominante no va en la dirección adecuada, a pesar del esfuerzo en el que se han comprometido una serie de dirigentes, tanto del partido como de IU. La situación actual puede conducir a un crecimiento de la derecha, al restablecimiento del bipartidismo y, en otro orden de cosas, a la imantación por parte del social-liberalismo de los proyectos alternativos y transformadores.
Sé que muchos/as actúan de buena fe en el intento por cortar esa dinámica según la cual aumenta sin cesar la ultraderecha, el neofascismo, decreciendo al par, incluso desapareciendo, los proyectos transformadores. Pero buena fe no es sinónimo de acierto. Que conste que hablo fundamentalmente de la “marca”, como voz dominante de nuestro proyecto común. Y al detenerme en esa voz dominante, creo que comete un error político e ideológico. Dicho en román paladino (como lo he oído en un bar): “el malestar social no se solucione metiéndoles 200 euros en el bolsillo a los pobres”, sino a través de una lucha ideológica que cambie el sentido común popular. Y a mi juicio, y esta es una de las causas fundamentales de no seguir esperando a los bárbaros, creo no que se ha olvidado, sino que se ha desestimado la lucha ideológica, aceptando el marco de la ideología posmoderna y el marco de la política como mercado electoral.
Quizás es posible que se haya adoptado una estrategia electoral adecuada, cosa que dudo, de cara a las próximas generales (ya se han celebrado elecciones en las nacionalidades históricas que han aportado ciertos datos, no positivos), pero algunos, a estas alturas, no podemos arriesgarnos a una victoria en el terreno de juego de los adversarios, a pesar de que compartimos, y apoyamos, los esfuerzos que se están haciendo desde la actual mayoría en el Congreso para abrir paso a la instauración de un estado compuesto, plurinacional, frente al esquema recentralizador, y a veces tardofranquista, de la derecha.
Pero vuelvo al principio. Reitero que ha sido un honor publicar de manera permanente en este medio impar, que, por serlo, conserva todas las determinaciones que caracterizan el verdadero periodismo, absolutamente diferente del funcionamiento de ese otro periodismo que el poder ha amonedado en términos de oferta y demanda, de libertad de mercado y empresa, y no de libertad de opinión y expresión o de respeto a la verdad y honestidad informativa al margen y frente al poder. Hoy, en una gran parte del periodismo comercial, la mentira bien dicha equivale a la verdad.
Bueno, os doy un fuerte abrazo. Adiós “muchachos”, “compañeras” de mi vida. Seguimos en contacto y, desde luego, seguimos en la lucha. No podrán con nosotros. Somos invencibles precisamente porque no queremos parecernos a los vencedores.








