A propósito de “Reconciliación” su libro de autojustificación

Juan Carlos de Borbón, el rey exiliado y perjudicial para la Casa Real

El Borbón relativiza las amenazas antidemocráticas del 23 F, golpe del que siempre tuvo conocimiento porque lo organizó y autorizó, presentándose como un mártir traicionado.
Rey emérito
Rey emérito

Con la publicación primero en Francia de sus memorias, Réconciliation, Juan Carlos de Borbón (el rey Trincón le llama con libertad el gran cantautor asturiano, satírico y ácrata Jerónimo Granda) se ha hecho merecedor en varias ocasiones del premio al “Bufón Real del Año” de cualquier revista republicana seria. Pero a pesar de ser de origen francés, ¿por qué publicar el libro primero allí? ¿Le habrán pagado más en Francia que lo que le ofrecían en España? Eso piensan muchos españolitos, pues acreditado ha quedado que al Emérito el dinero le gusta más que los hoteles de Abu Dabi, la caza, el vino o las mujeres.

“El ausente omnipresente” para la casa real lo ha vuelto a hacer: perjudicar a la institución monárquica que hoy ostenta su hijo, “Felipe VI Derecha”. Antipatriota lejos de su patria, el rey exiliado por su propio hijo por su mala conducta está muy lejos de reconocer en el libro errores, pedir perdón o cerrar heridas. Contra lo que pretendía, el libro ha reactivado el debate histórico y ético sobre su figura, su mal legado y el papel desempeñado durante y tras la dictadura franquista. Presentado como autojustificación histórica, las reacciones han sido muy críticas: el rey corrupto y sin méritos no da una ya ni en las regatas.

Se abordan temas personales con dardos contra Letizia: la acusa de enemistad y de alejarle de Felipe VI, así como de sus nietas. De Corina, con la que vivió por años en un chalet protegido detrás de El Pardo mientras Sofía vivía entre Londres y Madrid, apenas se habla. Se la califica de “debilidad y error”, y pasapalabra. Hay también una mentirosa y conveniente petición de perdón con lágrimas de cocodrilo por sus infidelidades (como aquel “me he equivocado y no volverá a pasar” tras matar al elefante) a la que llama “Sofi” y que fue su esposa Sofía de Grecia (sí, los reyes de España son reyes extranjeros). La califica de “mujer excepcional” (amén) y nos dice muy cursi y sin credibilidad alguna que la echa mucho de menos desde Abu Dabi (¡cuánto amor!).

Nos enteramos también, y esto es muy tierno, que su nieto favorito no es otro que Felipe Juan Froilán de Todos los Santos de Marichalar y Borbón. Que en Abu Dabi escucha flamenco y vive con los horarios españoles soñando con volver y pensando en si morirá o no lejos de España, y si se le hará un funeral de Estado, hecho “que le preocupa”.

Sin embargo, el rey exiliado se aloja cómodamente en el Hotel Emirates Palace Mandarin Oriental de Abu Dabi, donde los precios oscilan desde unos 11.000 euros por noche por habitación estándar hasta más de 25.000 para suites de lujo, que por supuesto no pagará él, será pagada o consentido su no pago, por la capitalista familia real emiratí.

Por sus efectos, su publicación es buena noticia para los republicanos, pues cada vez que el otrora campechano (ya nadie se acuerda de este apelativo) abre la boca, socava la monarquía de Felipe VI, y baja ésta en estimación popular. De escándalo son las muestras de respeto y admiración con que Juan Carlos habla de Francisco Franco y su dictadura, a la que blanquea y enaltece sin pudor. Le debe la corona, claro. Para los demócratas, republicanos, antifranquistas y víctimas de la dictadura y sus descendientes, estas palabras son un insulto y un agravio directo. La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica ha pedido sanciones políticas y económicas, considerando que dicho elogio ataca la dignidad de quienes sufrieron represión y es evidente que es así.

Juan Carlos reconoce en el libro que recibió un “regalo” millonario del rey de Arabia Saudí, 100 millones de dólares, hecho que describe con inmensa jeta como un acto de “generosidad de una monarquía hacia otra”. Lo califica de “grave error”, pero nada más.

Porque es claro que este hecho de los 100 millones no fue aislado, y evidencia lo ya conocido: que la fortuna millonaria y opaca desarrollada a través de las relaciones del rey trincón con tiranías dictatoriales y monarquías absolutas es mucho mayor, inmoral e ilícita. Durante décadas, la corona ha carecido de rendición de cuentas ni de control fiscal ni político alguno, lo que ha favorecido la impunidad del sin méritos, y todavía hoy mientras no se establezcan, de la corona.

Otra perla: relativiza las amenazas antidemocráticas del 23 F, golpe del que siempre tuvo conocimiento porque lo organizó y autorizó, presentándose como un mártir traicionado y eludiendo nuevamente las explicaciones sobre su responsabilidad.

En definitiva, si con esta publicación pretendía recuperar su irreparable figura y reputación, Juan Carlos ha vuelto a hacer el bufón sin gracia alguna, a mentir a los españoles y a hacerle un flaco favor a su hijo. ¡Viva la República!

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