Colombia, elecciones claves en la confrontación global

El 8 de marzo Colombia vota a sus representantes en el Congreso y el Senado; el 31 de mayo elegirán al nuevo presidente que sustituya a Petro.
El candidato del Pacto Histórico, Iván Cepeda (centro), en un acto en Valledupar (Colombia) el pasado 23 de enero | Fuente: facebook.com/IvanCepedaCastro
El candidato del Pacto Histórico, Iván Cepeda (centro), en un acto en Valledupar (Colombia) el pasado 23 de enero | Fuente: facebook.com/IvanCepedaCastro

Colombia ha entrado de lleno y con marcha acelerada al proceso electoral del año 2026, en medio de profundas contradicciones políticas nacionales e internacionales, marcadas por la violenta ofensiva de la ultraderecha y el crecimiento de las movilizaciones antiimperialistas y de solidaridad en el mundo. La izquierda colombiana, afortunadamente con un fuerte proyecto unitario, político y social, se enfrenta al reto de darle continuidad al proceso de cambios iniciados en el año 2022 con la presidencia de Gustavo Petro, o que el país vuelva a manos de la derecha, estrechamente ligada y subordinada a los designios de Trump y de Estados Unidos.

El 8 de marzo se realizarán las elecciones para la conformación del Congreso, compuesto por la Cámara de Representantes y por el Senado de la República. La composición y correlación de fuerzas del nuevo Congreso y los resultados de las consultas que ese mismo día se realizan para definir algunas candidaturas presidenciales, mostrarán lo que podrían ser los resultados de la elección presidencial, que tendrá la primera vuelta el 31 de mayo. No bastará con ganar la presidencia. El Pacto Histórico y los grupos fielmente comprometidos con los cambios requerirán de una mayoría congresual que garantice la aprobación de las reformas económicas, políticas y sociales sin las trabas que se tuvo durante el actual gobierno. 

La confrontación política electoral se da desde amplios frentes de convergencia, tanto en la izquierda como en la derecha, y algunas candidaturas individuales.

Un fuerte, aunque disperso bloque de izquierda

Iván Cepeda lidera las encuestas. Es el candidato del Pacto Histórico, partido conformado por el Polo Democrático, la Unión Patriótica, el Partido Comunista Colombiano, Colombia Humana y Progresistas, partidos que renunciaron a sus personerías jurídicas para constituirse, jurídicamente, como un solo partido y poder cumplir con las normas electorales. Esta convergencia fue un proceso muy complejo y difícil, no por falta de voluntad o controversias de los partidos adherentes, sino por las trabas que colocaron las instituciones electorales, controladas por la derecha. También hacen parte del proyecto unitario diversos procesos políticos y sociales no registrados ante el Consejo Nacional Electoral, pero de gran proyección regional y sectorial. El Pacto Histórico tiene una fuerte lista nacional al Senado y 32 listas regionales para la Cámara de Representantes. Paralelamente, con listas propias al Congreso, va el Frente Amplio Unitario, que incluye a varias organizaciones políticas y sociales que en las elecciones de 2022 hicieron parte de las listas del Pacto Histórico pero que por divergencias en la metodología para la conformación de las listas decidieron apartarse de lo que llaman la línea oficial. Las listas del Pacto Histórico fueron elaboradas mediante una consulta nacional abierta. El electorado definió qué lugar ocuparía cada aspirante en las listas congresuales, que además son de carácter paritario y en cremallera, mujer, hombre, mujer, hombre. Es una experiencia de democracia directa inédita, aunque no exenta de errores y equivocaciones. La dispersión de listas afectará la posibilidad de un mayor número de curules en el Congreso.

Iván Cepeda, por el Pacto Histórico, Roy Barreras por el Frente Amplio Unitario y Camilo Romero, independiente, disputarán en la consulta del 8 de marzo, el mismo día de las elecciones parlamentarias, la candidatura presidencial del sector más importante de la izquierda, que se denominará consulta del Pacto Amplio, es decir una amplia coalición del Pacto Histórico con otros movimientos y fuerzas políticas. Y, por otro lado, dentro del campo de la izquierda, se encuentra Fuerza Ciudadana, un movimiento con presencia fundamentalmente en la Costa Caribe que tiene listas propias al Congreso y candidato presidencial que irá directamente a la primera vuelta. En este grupo se encuentra el partido Comunes, de la extinta FARC, que ya no dispondrá de curules especiales por el acuerdo de paz, que fueron acordados para dos periodos, y tendrán que disputar en las urnas su presencia en el congreso.

El Pacto Histórico encabeza ampliamente las encuestas y podría ganar la presidencia en primera vuelta. De no hacerlo lo más probable es que compita con la extrema derecha.

A pesar de esta dispersión, que se intentó evitar con insistencia, el Pacto Histórico encabeza ampliamente las encuestas y podría ganar la presidencia en primera vuelta. Aunque nada, absolutamente nada está cerrado ni ganado.  Todavía hay un largo trecho para recorrer y será una dura pelea, una campaña muy fuerte con todos los grandes medios en contra difundiendo mentiras y desinformado. Habrá que enfrentar a unas derechas desesperadas y envenenadas, con fuertes plataformas de difamación en las redes sociales. De no ganar en la primera vuelta, el candidato del Pacto Amplio irá fijo a la segunda, y aquí sí tendríamos la unidad de los varios segmentos de la izquierda.

La fuerza que se tenga en marzo en número de votantes que participen en la consulta de la izquierda y las curules que se obtengan en el nuevo Congreso podrían favorecer, o no, otras alianzas para la elección presidencial, incluso con sectores de los partidos tradicionales. Pero indudablemente la derecha también se unificará y buscará ampliar sus propios acuerdos.

Ante la fuerza del Pacto Histórico, nueve movimientos de la derecha y el centro-derecha se han unido. La uribista Paloma Valencia es la favorita según sondeos

La derecha se unificó en la Gran Consulta por Colombia

Ante la fuerza del Pacto Histórico, la derecha y el centro-derecha decidieron unirse. Nueve movimientos, incluido el uribismo, compiten por la candidatura presidencial que se definirá en la consulta el 8M, y según la encuesta del pasado 18 de enero la posible ganadora en esta consulta sería la candidata del uribismo, Paloma Valencia. La intención de votos que tiene en su conjunto este bloque de la derecha es bastante baja, aunque el uribismo se proyecta como la segunda bancada más grande, después de la del Pacto Histórico.

Un bukele colombiano, la gran sorpresa

Abelardo De la Espriella, un excéntrico abogado defensor de paramilitares, narcotraficantes y otros delincuentes de cuello blanco, imitador de Bukele, admirador de Netanyahu y de Trump y amigo de Santiago Abascal, ocupa el segundo lugar en la gran encuesta con un 22%. Mientras que Iván Cepeda tiene el 30%. De La Espriella irá directamente a la primera vuelta, es decir, no participa de ninguna consulta interpartidista el 8M, y de pasar en mayo a la segunda vuelta, que es lo más probable, contaría con el apoyo del bloque de la derecha que a enero 18 tiene un 10% de intenciones de voto.

Sergio Fajardo es el otro candidato “independiente” que buscaba posicionarse como una tercería alejada de los extremos, aunque coincide en muchas cosas con la derecha. Tuvo cierta figuración al comienzo de la campaña, pero por ahora está muy desdibujado. Y los partidos históricos, liberal y conservador, tendrán modestas bancadas en el Congreso, aunque serán muy importantes en la definición presidencial.

Donald Trump viene interviniendo en los procesos electorales y Colombia no será una excepción

Dos caminos para escoger

Dicen los analistas que Colombia vive una etapa de aguda polarización que seguramente se va a radicalizar en esta campaña electoral. Y suelen señalar que esta polarización se da por la confrontación de los extremos. Pero en realidad lo que vive Colombia, con sus propias particularidades, está inmerso en la contradicción fundamental que vive la humanidad y que confronta al humanismo, la soberanía y autodeterminación de los pueblos, la paz, la defensa del medio ambiente, la democracia y los derechos humanos frente a la barbarie de un mundo sin reglas, sin normas y sometido a la fuerza bruta, militar y económica del más fuerte. Por eso cada proceso electoral en cualquier país europeo o latinoamericano es de especial importancia para el conjunto de la confrontación, y es en ese escenario en que Donald Trump viene interviniendo en los procesos electorales y Colombia no será una excepción. El pueblo colombiano está ante la disyuntiva de escoger volver al viejo modelo bipartidista profundizado por las nuevas líneas políticas y planes estratégicos de la ultraderecha mundial liderada por Trump, o darle una oportunidad a los cambios, radicales en muchos aspectos, iniciados por el Pacto Histórico y el gobierno de Gustavo Petro. Y no se trata solo de las reformas y programas que fueron a la raíz de las desigualdades históricas,  como el acceso a la tierra, a la educación, a la alimentación, a un salario digno, a la reparación de las víctimas del conflicto armado y del terrorismo de Estado; sino de la batalla de ideas que abrieron el camino a una ruptura cultural con la vieja dominación del bipartidismo oligárquico, a la dignidad de la gente del pueblo e incluso del hecho mismo de recuperar el orgullo de la llamada colombianidad tras décadas de ser un país paria por culpa del narcotráfico.

Estos son elementos que avalan la afirmación muy en boga de que “Colombia cambió”, un hecho que podemos atribuir a la histórica lucha unitaria por la paz, las reivindicaciones salariales, estudiantiles, feministas y los derechos humanos. A no renunciar nunca a la movilización popular como eje de los cambios, ya sea cuando se estaba en la oposición, como estando en el gobierno en estos tres últimos años. Cambio que también se debe a los efectos políticos del acuerdo de paz de 2016, al estallido social y a la pedagogía política que ha desplegado el presidente Gustavo Petro, sin desconocer errores, limitaciones, egocentrismos y las dificultades propias de gobernar sin mayorías en el Congreso.

Una campaña con la gente y barrio a barrio

El Pacto Histórico está desplegando una intensa campaña electoral por todo el país. En cada sitio donde llega Iván Cepeda el entusiasmo popular es desbordante y multitudinarias las concentraciones. Congresistas actuales y aspirantes al nuevo congreso realizan giras de volanteos por ciudades y regiones y el apoyo que se recibe es muy grande.

Podemos decir, parodiando a Agostino Neto que “la campaña será dura, la batalla de ideas será dura, pero la victoria será nuestra”.

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