1.
Partamos de un hecho que aparece, a día de hoy, ante cualquier sindicalista a poco de iniciar su activismo: la conciencia de clase no es la más común de las conciencias. Sería un error cualquier hipótesis política que contemple la identidad de la clase trabajadora con el partido de la clase trabajadora.
2.
Es cierto que esta evidencia ha llevado a justificar el conformismo, renunciar a cualquier propuesta revolucionaria; la moderación, en definitiva. Sin embargo, desde una perspectiva socialista, es imprescindible comprender el proceso que se inicia con el “desarrollismo” tras la II Guerra Mundial y que ha ido poco a poco alejando al conjunto de trabajadoras y trabajadores de su propia clase. Un proceso de alienación sobre la posición que ocupamos en la sociedad, de los intereses propios de la clase y aceptar acríticamente las razones de la clase dominante.
3.
Por fortuna, el marxismo no es un dogma. El marxismo es la razón en marcha. Un dinamismo que nos obliga a alcanzar, al menos, la velocidad de cambio de la sociedad y la permanente mutación del capital.
4.
Y lo primero que hemos aprendido es que antes de cualquier expolio, antes de cualquier explotación, de cualquier genocidio o destrucción del planeta, se ha establecido una guerra cognitiva, parte de un proceso de guerra híbrida, que allana la barbarie. Un proceso de manipulación masiva de las conciencias que nos convierte en algo muy distinto a lo que somos. Es a lo que llama la derecha “batalla cultural”. El campo de batalla es la conciencia. Y solo el marxismo explica las bases materiales de las que surge este proceso.
5.
Para comprender este proceso de alienación, de extrañamiento de la trabajadora, del trabajador, respecto a su clase, seguimos acudiendo a quien en el río del marxismo ha analizado los diferentes factores que actúan. Sin la intención de hacer un listado completo, acudimos a lo mejor de la Escuela de Frankfurt, a su análisis de la industria cultural como reproductora del sistema y la ampliación del concepto de alienación humana; acudimos a Pasolini por su capacidad de describir el proceso de alienación provocado por la sociedad de consumo, la que elimina los elementos de cohesión de sociedades tradicionales, pero no lo sustituye por otros lazos comunes, sino que provoca la individualización y aislamiento; reconocemos en Guy Debord la exposición de un capitalismo convertido en una “sociedad del espectáculo”, espectáculo que no es una sucesión de imágenes, sino una relación social entre personas mediatizada por imágenes que son el sistema mismo; tenemos en cuenta los elementos de la comunicación que Matterlart y otras nos muestran analizando la industria cultural norteamericana como instrumento del imperialismo; reivindicamos a F. Jameson, que nos mostró en qué consiste la “postmodernidad” como ideología del neoliberalismo; y debemos profundizar con Manuel Sacristán y su escuela los límites de la naturaleza y del propio capitalismo, como imposibilidad de humanidad.
6.
“Toda la vida de las sociedades en las que dominan las condiciones modernas de producción se presenta como una inmensa acumulación de espectáculos. Todo lo que era vivido directamente se aparta en una representación.” Así arranca “La Sociedad del Espectáculo” de Guy Debord. Adorno, en su “Teoría de la Nueva Música” ya había descrito el efecto de una industria cultural que contempla al público de una forma pasiva y alienada. El producto cultural tiene una sola dirección, siendo el espectador un elemento pasivo que no interactúa. Debord desarrolla la descripción de una sociedad capitalista en la que todo se ha convertido en espectáculo, lo que sustituye a la experiencia vital. La política como espectáculo es también algo ajeno al sujeto. Las narrativas, obsesión de los creadores de “relatos”, tienen una leve relación con las cosas a las que se refiere. La vida se agota en el espectáculo en el que vivimos.
7.
Esta descripción parece adecuada al momento actual. Sin embargo, algo ha cambiado. No vivimos en el espectáculo dominado por la radio, la televisión, el video o el concierto. Vivimos un espectáculo en el que todo el mundo interactúa. Es el mundo de las redes sociales, la interacción en internet. Pero, ¿qué tipo de actuación es ésta?. ¿Se trata de una actuación libre y consciente?
8.
Al menos, podemos distinguir dos formas de actuar en el mundo virtual. La primera, más común, es un ejercicio de mostrarse, de aparecer. Mostrar una vida perfecta, o aventurera, o como quiera que nos exija la moda de turno. Desde el más común subir a Instagram el desayuno, al mostrar un “live style” o un desastroso desafío adolescente. Toda la nebulosa de youtubers, “creadores de contenidos” (sea lo que sea eso), coachers y otros buscadores de cuotas de mercado. Este actuar es básicamente aparecer en el gran espectáculo, en el espectáculo global, repitiendo continuamente la norma, reproduciendo hasta el cansancio lugares comunes que han ido conformando el mundo de las redes.
9.
Sin embargo, existe una forma de actuación consciente y dirigida por los poderes que de verdad tienen el poder, una forma política cuyo objetivo es eliminar cualquier sentido común basado en el humanismo, en la justicia social, en la igualdad. La ofensiva de los poderosos para eliminar la sociedad (la sociedad no existe, dicen), aislar y atemorizar a cada persona, con el fin de extraer la mayor riqueza y acumular el mayor poder, encontró en el mundo virtual su mejor instrumento, pasando a hacerse los dueños de internet, de la Inteligencia Artificial y cualquier otro medio de controlar las conciencias. Este hacer político es parte de la “batalla cultural” de la derecha. A fuerza de crear modas, determina el aparecer de muchas personas, que repiten acríticamente la moda del macho y su testosterona, o del mensaje contra los impuestos, o contra la inmigración.
10.
En conversación con otra generación, sobre todo con la camarada Carmen Romero [1], lo primero que constatamos es precisamente la diferente visión según la generación a la que pertenezcas. Para algunas, esto de internet y las redes son un añadido en nuestras trayectorias personales. Sigo teniendo una relación con internet parecida a la del chaval que entraba en la biblioteca buscando el texto para un examen, el libro del que todos hablan pero no han leído, o lo último que te había llegado al oído. Hay otras generaciones para las que el entorno virtual se ha incorporado a su vida, y es ahí donde expresan “cómo las personas interpretan su vida cotidiana, su malestar, sus expectativas de futuro y sus frustraciones.” Tienen razón cuando afirma “las redes sociales no son un territorio neutral, pero tampoco un territorio perdido.” En nuestra comunicación debemos tener en cuenta ambas realidades, dando una respuesta dirigida hasta a las generaciones con escaso uso de internet.
11.
La lucha ideológica en el entorno virtual no se escapa de las condiciones que imponen sus dueños. Expuestos al algoritmo, no es un libre actuar, estando más limitada la tarea de agit-prop, y es casi imposible alcanzar una audiencia suficiente ya que, tanto en internet como en las campañas electorales, se trata de comprar más bots que el competidor. ¿Cuánto dinero hay que gastarse en una campaña electoral comprando granjas de estos repetidores, para que llegue a todo el mundo? Pero el principal problema es cómo taladrar ese muro de millones de impactos visuales y auditivos que habitualmente nos rodea. El peligro de ser un mensaje perdido en un mundo hiperpoblado. ¿Cómo atravesar este muro?
Sin ser conocedor de la comunicación política, intuyo que hay que romper con las normas y las formas que se van imponiendo en las redes. Y que probablemente debamos utilizar los mismos mecanismos que hemos usado contra las dictaduras: el humor y la provocación. Afirmemos la rebeldía, reconozcamos que la rebeldía nos constituye y hagamos que el punk no se lo quede la derecha.
12.
Como ejemplos de formas de romper con lo esperable, ponemos hoy la experiencia del socialista alcalde de Nueva York y la victoria de Die Linke en Berlín. Si los medios no nos engañan, podemos encontrar algunos puntos en común entre ambos procesos. Una buena utilización de las redes sociales y una red de militantes o voluntarios que han superado a cualquier otra opción.
A la vez que investigamos nuestra actuación en el mundo virtual, es imprescindible trabajar por consolidar una izquierda callejera, una izquierda visible en cada barrio, en cada empresa, en cada espacio común.
Postdata: Mientras escribía este artículo, ha explotado la lucha por la vivienda y se está convirtiendo en masiva. Mientras acampan en la Puerta del Sol, nos movilizamos en todo el país. Esto sí es lucha ideológica. Nunca hasta ahora una amplia capa de jóvenes han sentido tan claramente su pertenencia a una clase trabajadora expoliada. Porque en la calle nos encontramos.
Nota:
[1] https://mundoobrero.es/2026/07/24/las-redes-sociales-tambien-son-un-espacio-politico/







