Chile es el peor país de América Latina en maltrato infantil, lo que ha provocado incluso una campaña especial del UNICEF que intenta encender la sensibilización social y mejorar las condiciones para que las víctimas puedan denunciarlo.
Para los menores chilenos, la familia y la escuela no son una protección sino una amenaza. Datos del UNICEF confirman que el 75% de los niños padecen el maltrato familiar ante la indiferencia social y que la mayoría de las agresiones sexuales contra los menores se producen en los hogares y en las escuelas.
Ahora por fin están emergiendo las denuncias contra el abuso sexual en los colegios, incluyendo a sacerdotes. Se investigan centenares de casos en la capital, Santiago, y los medios de comunicación le han dado visibilidad como consecuencia de la proliferación de agresiones en escuelas para los hijos de la élite política y económica.
Tan terrible escenario viene determinado por la cultura tradicional que asume la violencia como método de educación y considera que proteger a los más vulnerables es una intromisión en el ámbito de la familia.
El empobrecimiento de la mayoría y la impunidad de la violencia contra los niños son dos de las denuncias más habituales contra el supuesto milagro económico del neoliberalismo en Chile.







