Nosotros y nosotras l@s gamonaler@s

Por qué quienes gobiernan se rinden ante los dictados del mercado y la corrupción mientras pagamos con paro y miseria sus desmanes.
Foto: Rodrigo Mena Ruiz

Me dice Rufino que la lucha de Gamonal, la que hemos vivido, la que seguimos viviendo a pesar del triunfo de paralizar las obras tiene que servirnos como escuela de estudio para las futuras luchas. Él, como muchas otras vecinas y vecinos ha estado desde el primer día peleando en este barrio que se ha puesto en la mira de todo el mundo.

La lucha de Gamonal ha sido el resultado de tres puntos de partida claves: la no existencia de participación ciudadana, los consejos de barrio como «chiringuitos» al servicio de los intereses del partido que gobierna y la simbiosis poder financiero-poder político. Y éste úlimo es el punto determinante que encendió la chispa, nuestra ciudad convertida -como tantas otras de este país de prestado en que vivimos- en un lugar donde hacer negocio.

El trabajo en contra del Bulevar viene de lejos, con la constitución de la “Plataforma Bulevar Ahora No” formada por distintas asociaciones vecinales de la ciudad. Durante meses, desde esta Plataforma se trató de abrir un espacio de diálogo, por un lado, y una protesta pacífica y organizada, por otro. Al ser desoídas sus alternativas y objeciones al proyecto, y ante la prepotencia de un equipo de Gobierno salpicado por corruptelas (con dos concejales dimitidos desde las últimas elecciones) la única opción era la resistencia pacífica ante la llegada de las máquinas custodiadas por la policía. Así me lo relata Gilberto, otro de los vecinos que ha estado al pie del cañón durante estos días: la vecindad, indignada por la nocturnidad y alevosía con la que llegaron las máquinas blindadas por la policía tras el desoimiento de la plataforma y quienes la habían apoyado en manifestaciones y otras acciones pacíficas, comienzan a reunirse en lo que se ha denominado «zona cero», que era el lugar donde las máquinas habían hincado su diente.
Explica que la gente que había allí era mucha: personas militantes en organizaciones, obreros y obreras cansados ante la pérdida de los derechos que tanta sangre y sudor se han logrado conquistar, vecinos y vecinas hartos de que su ayuntamiento corrupto prime a los ricos para quitarles todo a los ciudadanos y ciudadanas, mucha gente joven cuyo futuro es negro… Quienes estaban allí era el pueblo en el límite de su hartura ante la desvergüenza de quienes nos gobiernan.

Esa primera noche hubo 17 detenidos que aumentaron hasta 46 en los días sucesivos, y mientras la solidaridad se extendía entre el vecindario, que veían cómo las noches se convertían en batallas y su barrio se militarizaba con la presencia policial. Gamonal se erigía como mucho más que un barrio en contra de una obra faraónica e innecesaria, era la protesta de quienes, desheredados, han perdido el miedo a los caciques de turno, a las empresas que dirigen a gobiernos corruptos y han reconquistado la democracia, que es la del poder popular.

Estas detenciones arbitrarias, junto con el maltrato que sufrieron esos detenidos, con el agravante de que 11 de ellos eran menores (una madre relataba como a su hijo lo devolvieron a su casa totalmente golpeado a las 4 de la mañana), hicieron que el vecindario mostrase aún más su rabia, y según aumentaba el número de detenidos y la violencia policial, las manifestaciones que se hacían cada día eran más numerosas. 1.000, 3.000, hasta llegar a las 10.000 personas se manifestaban por las calles de la ciudad para gritar que no querían esa obra y para exigir la libertad de los detenidos. Clemente, otro vecino en la lucha, explica qué sorprendente era la respuesta ciudadana, cómo un halo de solidaridad se iba apoderando del barrio según avanzaba la represión. Se hablaba mucho de la violencia que se desataba por las noches (sin hablar nunca de la violencia provocada por quienes nos recortan servicios sociales, sanidad y educación, nos desahucian y nos condenan a la miseria con sus políticas capitalistas anti-humanas) y sin embargo la gente entendía que el debate no era ese (por mucho que los medios y la derecha de todo el país se hayan esforzado por mostrar lo contrario). El debate era por qué quienes gobiernan se rinden ante los dictados del mercado, la especulación y la corrupción mientras todos nosotros pagamos con paro y miseria sus desmanes. La violencia era la generada por ellos con sus políticas.

Clemente se hizo cargo del grupo de economía, cuya misión era generar una caja de resistencia para los detenidos, que en un sólo día, sólo con la gente del barrio, logró alcanzar 3000 euros. Había un sentimiento de orgullo de barrio, nos dice, que generaba esa solidaridad que más tarde se ha extendido por todo el país. La consecución de un movimiento asambleario formado por los vecinos y vecinas es una muestra del poder que tenemos cuando nos unimos.

Y se demostró. Cuando el alcalde decidió paralizar las obras no fue una decisión suya. Fue el fruto de la lucha de un barrio, que con movilización y trabajo se impuso ante la desfachatez de un gobierno municipal que no escuchaba a sus ciudadanos y ciudadanas.
Ahora el trabajo debe seguir para lograr la absolución de los encausados, en primera instancia, y en el futuro, como nos dice Rufino, para crear una red de poder ciudadano que ha perdido al fin el miedo y ha logrado una victoria sobre quienes parece que tenían el poder. Y sin embargo, Gamonal ha dejado claro que el poder ha sido y será siempre nuestro.

* En la redacción de este artículo he contado con la inestimable ayuda de Rufino, Gilberto y Clemente, vecinos y luchadores. Gracias.

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