La persistencia de la leyenda negra

La leyenda negra se emplea para desplazar el debate historiográfico y desautorizar cualquier relato incómodo que pueda ser tachado de injusto con la historia nacional española
La captura de Atahualpa en Cajamarca (Perú) | Juan Lepiani / Dominio Público
La captura de Atahualpa en Cajamarca (Perú) | Juan Lepiani / Dominio Público

La amplia presencia de la leyenda negra en la esfera pública española ya no es una novedad. Más de un lustro después del momento más dramático de la deriva independentista en Cataluña, esta expresión sigue siendo ampliamente utilizada y parece haberse consolidado. Al fin y al cabo, es innegable la utilidad política que de este marco extraen partidos nacionalistas como sobre todo Vox, que, junto a otras referencias históricas como la memoria imperial o la Reconquista, lo ha convertido en un elemento central de su identidad discursiva. O también hay que tener en cuenta los réditos económicos o mediáticos que su mención genera, lo que ayuda a explicar la incesante y bastantes veces exitosa publicación de libros de divulgación histórica, algunos tan vendidos como Imperiofobia y leyenda negra (2016) de María Elvira Roca Barea, que, uno a tras otro, releen el pasado de España desde estos parámetros.

El nacionalismo historiográfico del pasado español se ha promovido ante todo desde un campo sedicentemente divulgativo y, a menudo, ajeno a la investigación en historia

Hay que tener en cuenta que este nacionalismo historiográfico del pasado español se ha promovido ante todo desde un campo sedicentemente divulgativo, a menudo ajeno al estado actual de la investigación en historia, que ha ayudado a difundir eficaces clichés sobre el pasado y promover una terminología ampliamente utilizada, como la distinción entre imperios generadores y depredadores, acuñada por el filósofo Gustavo Bueno. En unos tiempos caracterizados por la crisis de las mediaciones tradicionales, esta visión de la historia también se ha impulsado desde las diferentes redes digitales o canales como Youtube y de esta manera ha llegado a un gran número de personas.

Además, por lo general todos estos relatos explicitan su voluntad de influir en un presente inmerso, a su juicio, en una situación dramática que, de paso, justifica este tipo de intervenciones en nombre de la historia y de la defensa de España. Por tanto, se presentan como una necesaria propaganda positiva que pretende contrarrestar la negativa y, con ello, recuperar así la autoestima nacional. No por casualidad, incurren en numerosos anacronismos y presentismos que evidencian cómo el relato del pasado se subordina a los intereses actuales y, con ello, se actualiza la clásica disputa entre la historia y la memoria.

Vivimos en unos tiempos en los que parece más fácil transformar el pasado que el presente

En unos tiempos poco promisorios en los que parece difícil o ingenuo pensar o creer con firmeza en nuevos futuros radical y esperanzadoramente diferentes, el pasado parece haberse convertido en un consuelo sustitutivo que ha contribuido a reavivar y actualizar los sueños y las memorias nacionalistas. Como señaló Zygmunt Bauman en Retrotopía, vivimos en unos tiempos en los que parece más fácil transformar el pasado que el presente. La leyenda negra aparece en este contexto como un recurso tan oportuno y flexible como pretendidamente transversal. A fin de cuentas, su contenido es bastante indefinido y, aunque a menudo se relacione con la memoria imperial y últimamente incluso con una reactivada Reconquista, en verdad también puede ser reivindicada al margen de estas. En rigor, principalmente se emplea para poder desautorizar automáticamente cualquier relato incómodo que pueda ser tachado de injusto con la historia nacional española. De ahí que continuamente la acusación de negrolegendario se confunda con la de hispanófobo.

La Edad Moderna y la conquista de América

Como es lógico, la época histórica más “afectada” por la leyenda negra es la Edad Moderna. No en balde fue la época de mayor esplendor del pasado hispano y, por ello mismo, es la más rememorada hoy en día desde el nacionalismo español. De hecho, y a causa del impulso renovado de conceptos como el de Hispanidad o de una relacionada Iberosfera desde un partido como Vox, la conquista de América aparece como uno de los principales y más controvertidos espacios de litigio histórico. Eso permite comprender que sobre todo en este contexto se haya impulsado un marco civilizador del pasado Imperio español que contrastaría con el depredador imperialismo británico. Para ello también se ha cultivado un oportuno y exageradamente negativo retrato de las culturas precolombinas, con frecuencia directamente calificadas de totalitarias o genocidas con el fin de presentar así la propia conquista española como una forma de liberación que testimoniaría de nuevo el carácter moral y generador del Imperio español.

Además, y a causa de su hegemonía en aquellos siglos, la monarquía hispánica fue durante la Edad Moderna objeto asimismo de numerosas, exageradas y estratégicas campañas de desprestigio que en estos años son más recordados en España que en sus lugares de origen. Al fin y al cabo, la memoria de la leyenda negra aparece como una suerte de memoria del escarnio y de la injusticia en la que España comparece como la gran agraviada. Por ello mismo, los relatos producidos en nombre de la leyenda negra recaen sin cesar en el maniqueísmo y están poblados de buenos y malos, héroes y villanos, en este caso centrados más en sus efectos sobre la memoria que sobre la historia española. Entre las figuras más detestadas e injuriadas, muchas veces con falacias ad hominem, suelen descollar extranjeros como Lutero, Guillermo de Orange o alguien tan olvidado fuera de España como Masson de Morvillers, aunque sintomáticamente también están muy presentes otros personajes del pasado como Antonio Pérez o Fray Bartolomé de las Casas, cuyo mayor pecado habría sido publicar su Brevísima relación de la destrucción de Indias (1552), la más famosa denuncia de las atrocidades cometidas contra los indígenas en la conquista española del continente americano.

La Edad Moderna y los orígenes de la decadencia

En tercer lugar, el final de la Edad Moderna de la historia española también ha adquirido una gran importancia a causa del intento de explicar los orígenes de la decadencia española, situada en el mismo momento en que Felipe V accedió al trono español. Según libros como Fracasología (2019) de Roca Barea, la llegada de la francesa dinastía borbónica habría desembocado en el afrancesamiento de la sociedad hispana y, con ello, en un desprecio por la propia cultura e historia española anterior. Al respecto, esta autora ha llegado a afirmar que la nueva casa real orquestó una muy rigurosa damnatio memoriae contra la anterior casa de los Austrias. El problema, pues, es que de este modo se habría introducido en España el hasta entonces foráneo discurso negrolegendario y, con ello, se habría entrado en una crisis de autoestima nacional que habría contribuido fatalmente a la disolución del Imperio español y que todavía estaría viva en el presente.

La memoria no solo sirve para recordar sino también para priorizar unos recuerdos sobre otros e incluso invisibilizarlos

Para acabar, es importante tener en cuenta que la memoria no solo sirve para recordar sino también para priorizar unos recuerdos sobre otros e incluso invisibilizar estos. Desde esta perspectiva, la apelación a la leyenda negra conecta con un marco nacionalista y unitario que por ello mismo posterga otros episodios pasados más incómodos, y fuertemente divisorios, como los relacionados con la Segunda República española, la Guerra Civil y la dictadura franquista. El recurso a la leyenda negra permite de esta forma desplazar el debate historiográfico y colocarlo en un nuevo marco: ya no uno que enfrenta a españoles con españoles sino uno que lo hace con españoles frente a extranjeros, y que resitúa de esta manera a los compatriotas discrepantes como un enemigo interior que conecta con el viejo fantasma de la Antiespaña. De ahí por ejemplo que se haya acusado en los últimos años a partidos como el PSOE o Podemos de ser los guardianes de la leyenda negra.

Ahora bien, a la hora de la verdad la leyenda negra no hace referencia a unos hechos concretos y, según quien la recuerde, puede enlazar con episodios muy diferentes. Por ejemplo, Pío Moa ha afirmado en Hegemonía Española (1475-1640) y Comienzo de la Era Europea (1492-1945) (2022) que la leyenda negra llega hasta la dictadura de Franco. La propia Roca Barea ha ido más allá y, como si se tratara de una losa ínsita al destino del pueblo español, ha llegado a afirmar en Imperiofobia y Leyenda Negra (2016) que “cada generación, según su necesidad, va a añadir un capítulo nuevo para convencerse de que ellos están en el lado bueno, porque dejaron a los malos en la otra orilla”. Con ello se evidencia la maleabilidad de una categoría que no para de ser utilizada ad hoc en contextos muy distintos y que con frecuencia solo sirve para reclamar en nombre de la historia una posición de agraviado o víctima en circunstancias muy diferentes. De ahí su pervivencia y amplia presencia en la actualidad, y probablemente en el futuro.

(*) Profesor de la Universitat de Barcelona