Los saberes de las mujeres rurales en el medio natural

Las trementinaires, “mujeres que iban por el mundo”

Tenían un profundo conocimiento botánico y medicinal y desafiaron los roles de género recorriendo con sus remedios los caminos de trashumancia y convertirse en sustentadoras de sus familias
Trementinaires

Así, como “mujeres que iban por el mundo”, eran conocidas las trementinaires. ¿Y quiénes eran y por qué están en nuestra columna de la Ciencia para el Pueblo?

Las trementinaires eran mujeres que, de manera itinerante, se movían por el territorio catalán llevando la sabiduría popular acumulada por generaciones en forma de plantas medicinales, setas, aceites elaborados y trementina, claro, producto que les dio el nombre. Estas mujeres, habitantes de la provincia de Lleida, desarrollaron una intensa actividad comercial durante los siglos XIX y XX, buscando mantener una cada vez más magra economía doméstica fruto de la entrada del modelo capitalista en la zona y la migración estacional de los hombres. Así que estas mujeres aprovechaban sus conocimientos en preparación de remedios naturales para sanar distintas dolencias, tanto de animales como de personas, para salir del hogar y recorrer los antiguos caminos de la trashumancia y llevar sus pomadas, ungüentos y otros preparados a distintas zonas, más urbanas, y donde este conocimiento ancestral ya no era común.

Estas mujeres de Lleida, desarrollaron una intensa actividad comercial durante los siglos XIX y XX, buscando mantener una cada vez más magra economía doméstica

Las mujeres del valle de la Vansa y Tuixén donde, como decíamos, se daba mayoritariamente este oficio, llevaban generaciones aprendiendo y acumulando esta medicina tradicional basada en lo que encontraban en su entorno. Para ello, no solo debían reconocer multitud de especies, sino también dónde y cuándo recolectarlas, cómo conservarlas y cómo utilizarlas, elaborando distintas pomadas y ungüentos. Y es normal, si atendemos a lo que decía Margaret Alic en El legado de Hipatia. Historia de las mujeres en la ciencia desde la Antigüedad hasta fines del S.XIX: “Cualquier mujer que no fuera privilegiada debía conocer, al menos, el lenguaje de las hierbas y las técnicas de curar […]”.

No solo resulta fascinante aprender cómo estas mujeres tenían un altamente especializado conocimiento botánico y medicinal, sino que resulta aún más fascinante cómo desafiaron los roles de género debido a las circunstancias sociales y económicas que se estaban dando en todo el país y en su territorio. Ese éxodo de los hombres, unido a la obligación del pago de determinados impuestos, las lleva a salir de su casa y su entorno para convertirse en verdaderas sustentadoras de sus familias.

Estas salidas comerciales se preparaban cuidadosamente: durante los meses más cálidos, las trementinaires se dedicaban a la recolección de los distintos productos que luego serían tratados para su conservación y elaboración de remedios. Se trataban de mujeres con pocos recursos (materiales, de los otros como vemos tenían sobrados) por lo que prácticamente todos los utensilios eran fabricados por ellas mismas en una suerte de reciclaje extremo: ropa de cama muy gastada para elaborar sacos donde transportar las hierbas recolectadas y secadas, hilos donde enhebraban las setas secas que utilizaban en distintos remedios y latas recicladas para transportar la trementina. Todo esto, como digo, se preparaba cuidadosamente antes de emprender las largas rutas a pie.

¿Cuáles eran estas hierbas que solían recoger y vender posteriormente para curar distintas dolencias? Té, salvia, cornejuelo, comino, corona de rey, orégano, hisopo, achicoria, valeriana, menta, lavanda o manzanilla, muchas de ellas con propiedades específicamente recomendadas para mujeres, tanto con fines abortivos como para acelerar el parto o aliviar los síntomas de la menopausia. También recolectaban distintos productos de los árboles, desde la propia trementina que extraían de los pinos hasta saúco, enebro o tilo, de los que extraían aceites y recogían hojas, bayas o flores.

Si se fijan, muchas de estas especies aparecen en distintos productos que consumimos y utilizamos con distintos fines terapéuticos hoy día. Aunque muy difícilmente seríamos capaces de recogerlos, conservarlos e incluso utilizarlos de manera correcta. Y es que la pérdida de la memoria rural nos hace más vulnerables, sin duda.

Cooperación, autocuidado y protección

Una vez llegado el frío, las trementinaires emprendían el camino y lo habitual era hacerlo en parejas. Probablemente como una forma de autocuidado y protección, pero también como un elemento de cooperación y transmisión de saberes, ya que una de ellas solía ser una aprendiz más joven que aprendía de la sabiduría de otra mujer más experta. Generalmente, además, se trataba de mujeres que estaban emparentadas entre sí, garantizando que este conocimiento no se perdiera en la familia a lo largo del tiempo.

Emprendían estas rutas dos veces al año: antes de Navidad, donde aprovechaban para vender también algunos otros productos apreciados para la realización de las comidas festivas y otra después de acabadas las fiestas que solían ser mucho más larga ya que regresaban a casa en marzo o incluso abril. Además de la dureza propia de ir caminando con pesadas cargas, se imaginarán que el camino no estaba exento de peligros, tanto naturales (tormentas, granizadas, desprendimientos, caídas o accidentes) como humanos (robos,asaltos). Si bien es cierto que conseguían tejer redes de confianza en las distintas masías y pueblos por los que pasaban, no deja de resultar admirable la fortaleza de estas mujeres.

Las trementinaires llegaron a ser tremendamente populares en Catalunya hasta que la modernidad, y sus comodidades, llegaron a esta zona prepirenaica que, hasta el momento, había vivido aislada. Llegaron las carreteras que permitían la comunicación entre distintos territorios, los grandes almacenes y las posibilidad de comprar en herboristerías cercanas en cada municipio. Y, con ello, el fin de las mujeres que andaban por el mundo. Sofía Muntaner y su marido (algo insólito, ya que los hombres no eran trementinaires) hicieron su última ruta en 1982. Con ellos acabó este oficio que tanto hizo por la salud y los cuidados cuando no había alternativa.

Antes de terminar comparto una maravillosa reflexión que hace Elisa Garrido, autora del artículo Trementinaires: Gender, Collecting, and Subsistence in the Pyrenees, donde reflexiona sobre el papel de las mujeres en la historia natural vinculada a los cuidados: “La historia de las trementinaires ha sido otra de las grandes historias olvidadas del conocimiento científico.[…]Partiendo de la hipótesis de que todos los saberes son situados, podemos desafiar la hegemonía del conocimiento científico, entendido únicamente dentro del discurso científico oficial y tradicionalmente masculinizado, y ofrecer una reflexión sobre las trementinaires como un estudio de caso para comprender el papel de los saberes en el medio natural de las mujeres rurales, cuyas voces han sido subrepresentadas en la construcción de conocimiento sobre la naturaleza y sus recursos”.

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