El regreso a la normalidad

Como buena colonia yanqui, un simple debate entre presidenciales de EE.UU. se convierte en portada de todos lo medios de comunicación, cuando aún faltan dos meses para los comicios

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El actor Joaquim Phoenix interpretando al emperador romano Comodo

¿Nos comportamos como una colonia yanqui? Dolores de Redondo se hace esta pregunta en su artículo para Mundo Obrero.

Tras el verano, la sociedad española recobra la «normalidad» y se despereza del periodo estival, convertido en una especie de confinamiento que lo paraliza casi todo. En septiembre regresa el fútbol, se inaugura la nueva temporada televisiva y se reinicia el curso político. Constituyen los temas estructurales de conversación en el día a día, aunque los coyunturales como el tiempo centren los trayectos en ascensor. Al regreso de las vacaciones las cosas se perciben como cambiadas, pero tardamos poco en comprobar que continúan como siempre.

Hasta dentro de cuatro años no regresarán los juegos olímpicos y sus múltiples disciplinas deportivas, que están muy bien para maratones estivales de sofá y televisor, donde la gente es capaz de tragarse una eliminatoria preliminar de pentatlón moderno, skateboarding o lanzamiento de inodoros. Hay deportes a elegir para disfrutar, emocionarse o echar la siesta, pero al final todo volverá a la mayoritaria normalidad del fútbol. La victoria de la selección masculina en la Eurocopa y los juegos olímpicos auguran una fuerte recaída en la enfermedad del balompié, ese negocio que se extiende como una plaga y nos persigue en cualquier ámbito. Lejos quedaron las tardes de domingo donde cada padre de familia daba volumen al transistor y obligaba a compartir, uno por uno, los goles que se iban produciendo en los estadios patrios junto al inolvidable eslogan de «Soberano, es cosa de hombres». Ahora hay fútbol para todos y todas, de lunes a domingo y hasta la saciedad; en los periódicos, en las vallas publicitarias o en los telediarios, en cualquier parte, bien complementado con las apuestas. Aunque hay cientos de equipos, al final todo quede reducido a un enfrentamiento diario entre el Real Madrid y el FC Barcelona.

Ahora hay fútbol para todos y todas, de lunes a domingo y hasta la saciedad. Al final todo quede reducido a un enfrentamiento diario entre el Real Madrid y el FC Barcelona

La programación de televisión ofrece una variada oferta de basura no reciclable, y las cadenas compiten por captar la atención de una audiencia que maneja de manera compulsiva el mando a distancia tratando de escoger su particular detritus. Año tras año, los espacios se superan en mediocridad y los informativos se llenan de sucesos, muchos sucesos. La actual temporada se ha iniciado con una disputa por la audiencia entre los presentadores David Broncano y Pablo Motos que casi ha adquirido carácter de Estado. A pesar de que tanto «La Revuelta» de RTVE como «El Hormiguero» de Antena 3 son el típico programa de variedades yanqui de toda la vida conocido por «late night», que consiste en un presentador graciosete, con influencia política, que hace entrevistas chorras a personas famosas y carece de sentido del ridículo. Gracias a su polémica, ambos programas han sentado a casi cinco millones de personas frente al televisor para pasar su tiempo de ocio. Es como elegir entre el Real Madrid y el FC Barcelona, aunque a la misma hora ofrezcan «Gran Hermano» en Telecinco, otra joya televisiva.

Del mismo modo, pasadas las vacaciones en el Parlamento se ha inaugurado un nuevo curso político que promete ser tan bronco como el anterior. Además de la habitual gresca a costa de Cataluña, la amnistía y Puigdemont, ha regresado con fuerza uno de los temas estrella de la derecha retrógrada, reaccionaria y cavernaria: Venezuela. Es lamentable el grado de injerencia que ha de soportar el país latinoamericano en su vida interna. Por supuesto, como buena colonia yanqui seguimos como propios los acontecimientos de la campaña electoral de EE.UU., de tal manera que un simple debate entre presidenciales se convierte en portada de todos lo medios de comunicación, cuando aún faltan dos meses para los comicios. El bipartidismo nos mantiene alelados, mirando la bolita de lado a lado en su tradicional ping pong político. Es verdad que existen otras opciones que dan colorido al sistema político y de vez en cuando consiguen llamar un poquito la atención; sin embargo, al final la mayoría se reparte entre el Real Madrid y el FC Barcelona.

Eso sí, las cuestiones más importantes pasan a un segundo plano a pesar de no tener vacaciones. En verano ha repuntado la violencia machista y vicaria en nuestro país; han seguido ahogándose migrantes en el estrecho; el sionismo ha continuado sin consecuencias el genocidio contra la población palestina y los nazis ucranianos han seguido recibiendo armas para enviar a su población al matadero, con la palabra paz proscrita y alejada de los objetivos del llamado «occidente» y su orden internacional «basado en normas».

No hay de qué preocuparse: al pueblo, pan y circo.

  • Y digo yo… ¿aquí no haría falta una Revolución?
  • Y luego, ¿por qué me lo preguntas?
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