«El poder estatal moderno no es otra cosa que un comité que administra los negocios comunes de la clase burguesa, globalmente considerada» (K. Marx)[1]. Esta aguda aseveración del Moro publicada en 1848, considerada por alguna exagerada, retrata con rigor la configuración del nuevo gobierno de los Estados Unidos de América. El capitalismo sin complejos de Donald Trump, primer presidente convicto de la historia estadounidense, es fiel reflejo de esa caracterización marxista. Las élites más poderosas, un club de billionaires, lo acompañarán en su nuevo gobierno: Elon Musk, el hombre más rico del planeta con una fortuna de 380.000 millones de euros, Vivek Ramaswamy, con 1.000 millones, Doug Burgum con 1.100 millones, Linda McMahon, 2.600 millones, Howard Lutnick, con 2.000 millones o Scott Bessent con una fortuna calculada en más de 1.000 millones. Según Forbes, la fortuna de Donald Trump se estima en 3.250 millones de euros[2].
Ese club selecto de capitalistas, antes de tomar posesión, ya anuncian sus líneas de actuación, muchas de ellas rescatadas del Proyecto 2025[3](el compendio de principios ultraconservadores que busca orientar la gestión del gobierno de Trump): desmantelamiento del Estado; persecución a la inmigración; rebajar impuestos; aumento exponencial de los aranceles; amenazas de anexión territorial a Canadá, Groenlandia o Panamá; exigencia a los países miembros de la OTAN de subir hasta un 5% del PIB el gasto militar; y, a través de Elon Musk, ayudar al fortalecimiento de la ultraderecha en el mundo. Todo ello para librar la batalla de todas las batallas, impedir a cualquier precio que China, acompañada por los BRICs, acabe con la hegemonía de los EE.UU., del capitalismo occidental. A este capitalismo sin complejos no le sirven posiciones “tibias” dentro de su sistema, requiere de una posición firme para prepararse para la confrontación política, ideológica y, si es necesario, la militar. En esa fase, las élites estadounidenses quieren seguir asegurándose la acumulación de capital y, ante el riesgo de perder hegemonía, se convierten en los líderes dispuestos para arrastrar al capitalismo y su fórmula institucional del Estado liberal, a una nueva fase de dominio.
En esa coyuntura, la batalla ideológica basada en datos inciertos, sesgados o manipulados, la realizarán las plataformas de las redes sociales controladas por las élites
En esa coyuntura, la batalla ideológica basada en datos inciertos, sesgados o manipulados, la realizarán las plataformas de las redes sociales controladas por esas élites. Su objetivo será afrontar esa batalla de dominio asegurándose el mayor apoyo social para intervenir en su agenda de 2025:
- Construir un mundo sin normas evitando la democratización de las NN. UU. garantizando así la impunidad de los crímenes cometidos de lesa humanidad. Debilitar las estructuras del multilateralismo. En su primer mandato, Trump retiró a EE. UU. de la Organización Mundial de la Salud y de los acuerdos de París sobre el cambio climático. En 2020, EE. UU. era el principal deudor de las NN.UU., con 1.165 millones de dólares del presupuesto de funcionamiento y 1.332 millones de dólares de las misiones de paz.[4]
- Desafiar al comercio mundial aumentando hasta un 60% los aranceles a China, un 25% a Canadá o México y entre un 10% o 20% a los países europeos y resto de estados aliados.
- Militarizar al máximo las relaciones internacionales aumentando el gasto en defensa e incrementando el arsenal nuclear ya existente de 12.121 ojivas nucleares[5].
- “Pacificar”, a la manera de la pax americana, los conflictos, esto es, estableciendo un orden internacional basado en sus intereses y valores. Esto incluye el desgaste de gobiernos progresistas en América Latina y Caribe; impedir los derechos de autodeterminación de los pueblos palestino y saharaui; y delegar en el gobierno criminal de Israel su hegemonía en Oriente Próximo con vistas a “neutralizar” la influencia iraní en la zona.
- Concretarán la afirmación de Trump de «acabar con la guerra de Ucrania en 24 horas», a la espera del tipo de plan propuesto y la disposición de las partes a aceptar la negociación.
- Estados Unidos, que es el segundo mayor emisor de gases de efecto invernadero después de China, podría perjudicar aún más la lucha global contra el cambio climático si Donald Trump decide retirar nuevamente a su país del Acuerdo de París, como lo hizo durante su primer mandato. La elección de Trump de Chris Wright[6] para dirigir el Departamento de Energía, un ejecutivo del sector petrolero, fundador de Liberty Energy[7], empresa suministradora de equipos para fracking, y negacionista de la crisis climática, podría hacer que se prioricen los combustibles fósiles por encima de los objetivos de energía renovable.
- Contribuir a convertir la inmigración en un problema de seguridad nacional y no en el desarrollo de un derecho humano (artículo 13 de la Declaración Universal 1948). La promesa electoral de Trump de realizar bajo su segundo mandato la mayor deportación de la historia estadounidense, influirá en esa concepción securitaria de ese derecho humano.
El mejor aliado de ese capitalismo sin complejos es la ultraderecha que se convierte en la práctica en el ariete para empujar a la derecha tradicional a ese nuevo campo de confrontación total, política, económica, militar, cultural e ideológica.
Notas:
[1] El manifiesto comunista, Nørdica libros, 2012, página 18
[2]https://es.euronews.com/business/2024/11/07/la-fortuna-de-donald-trump-se-dispara-tras-ganar-las-elecciones-presidenciales
[3] https://www.project2025.org/
[4] https://www.dw.com/es/china-pide-a-ee-uu-que-pague-sus-deudas-con-la-onu/a-53460378
[5] https://www.sipri.org/yearbook/2024
[6] https://www.gndiario.com/Chris-Wright-quien-es-negacionista-cambio-climatico-trump
[7] https://www.newtral.es/wright-secretario-energia-trump/20241117/








