El escritor Louis Aragón murió en París el 24 de Diciembre de 1982. Con motivo de su treinta aniversario, el diario L’Humanité recordó en varios artículos su enorme dimensión literaria y política. En su editorial del 24 del pasado mes de diciembre, Marie-Jose Sirach –en este diario los editoriales van firmados- escribía que es preciso leer y releer a Aragon para medir los aspectos de su grandeza y para comprobar en propias carnes el fulgor de su escritura… Sus versos poderosos y dulces con los acentos épicos e íntimos a la vez de su escritura son siempre hoy y serán de mañana porque es por esencia un moderno. Además de la actualidad de la obra literaria de Aragon, la editorialista insistía en el papel de actor y testigo de la larga, bella y contradictoria y, a veces, trágica historia entre el Partido comunista y los intelectuales, en una época fértil en tormentos donde se mezclaban la atracción y la desconfianza, la fraternidad y el desgarro.
Louis Aragon había nacido en París en 1897. Desde su infancia conoce el desacuerdo de la “normalidad” social: Era hijo natural, aunque la referencia de esta circunstancia es mínima, como son también muy exiguas sus referencias literarias sobre su homosexualidad que dio a conocer una vez muerta Elsa, la mujer de toda su vida. Sobre este aspecto, sugerimos el artículo “Aragon ou l’héroisme sentimental” de Philippe Forest, profesor de la Universidad de Nantes, muy clarificador, que evita la trivialización de su sexualidad y el escándalo. Para el mencionado autor, si Aragon choca hoy, es también porque reivindica esta parte de la sentimentalidad propia de la palabra y la experiencia humana, que una opinión moderna condena porque allí no ve más que la forma misma de lo obsceno, que siempre Aragon ha elegido reivindicar y hacerla gesto transgresor.
Su educación primaria y secundaria fue la típica de chico de familia burguesa que le permitió ingresar en la facultad de medicina, estudios que no terminará pero que le bastarán durante la Primera Guerra mundial para atender a heridos y mutilados en diferentes hospitales. Sus experiencias sobre este periodo bélico van a ser determinantes en su visión del mundo y en su carrera literaria que comienza al año siguiente del final de la contienda bélica. Como otros compañeros de generación, ve que el humanismo es máscara de la explotación y una coartada explicativa de la guerra. ¿Cómo encauzar este sentimiento de lúcida discrepancia? El movimiento Dada va a ser el cauce para sus primeras manifestaciones de desacuerdo impregnadas de antimilitarismo, antipatriotismo y antiautoritarismo, programa de coloración anarquista que poco a poco supera por sus evidentes contradicciones. El juicio a Maurice Barrés, 1921, mandarín de la cultura y la política francesa, es un ejemplo de éstas. Juzgado por un “tribunal” formado por componentes del grupo dadaísta del que Louis Aragon fue uno de sus protagonistas, fue acusado de haber traicionado sus ideales de juventud y “venderse” a la prensa burguesa, es decir, un crimen contra la seguridad del espíritu. Esta “sentencia” pone de manifiesto la debilidad y contradicciones de estos jóvenes poetas que se oponían a las prácticas judiciales.
A primeros de los años veinte se celebra el congreso de Tours donde se funda el Partido comunista, que pocos años más tarde será el catalizador de las energías de estos jóvenes escritores. Así, de la transgresión del Dada surgirá el movimiento Surrealista que lideran Andres Breton y Louis Aragon. Sus propuestas ya no son exclusivamente de rupturas e innovaciones literarias, sino sociales y políticas que se desarrollan a lo largo de los años veinte. El horizonte, entonces, será la esperanza de liberación y revolución. El propio Louis Aragon explica las razones de su militancia dadaísta y la ruptura que supuso la Guerra del Rif: “Mi revuelta contra el mundo que me rodeaba encontró en Dada su entera derivación. El debate que perseguía era el de varias generaciones, su culminación[…] La fractura, el gran choque, fue para mí y para varios, la guerra de Rif”.
El paso por el dadaísmo fue para él cinco años de culto desproporcionado, de dudas y de contramarchas pero que desembocó en la formación del Surrealismo que, desde su Primer Manifiesto en 1924, definirá los principios literarios del movimiento: el sueño hipnótico, la escritura automática, la redacción de panfletos tanto literarios como políticos, creación de revistas que evolucionarán y darán paso en 1929 al Segundo Manifiesto que lanzó Breton (15 diciembre 1929). En él formulaba la nueva posición política y literaria del grupo. Aragon apoyó esta evolución y la transformación en 1930 de la revista La Révolution Surréaliste en Le Surréalisme au Service de la Révolution.
La militancia surrealista de Louis Aragon fue de una gran actividad literaria y política. En lo que respecta a su producción poética publica Feu de joie, 1919, (Fuego de alegría), Une vague rêves, (Una ola de sueños), Le mouvement perpetuel, 1926, (El Movimiento constante), y La grand Gaïté, 1929 (La gran Alegría), libros en los que se conjugan toda las propuestas del Manifiesto de 1924.
El encuentro de Louis Aragon con Maiakosvki en París (1929) y el Viaje a la URSS en 1930 en compañía de Elsa Triolet serán dos acontecimientos de una gran trascendencia política y literaria. En Kharkov asistirá como invitado al Congreso Internacional de Escritores. A su vuelta escribe un artículo en la revista Le surrealisme au service de la Revolution que, según él, fue una tentativa desesperada, la última, de conciliar la actitud que había sido la suya durante años, y la realidad con la cual se había tropezado. En él reconocía el materialismo dialéctico como la única filosofía revolucionaria y la comprensión y la aceptación sin reservas de este materialismo por los intelectuales ante los problemas concretos de la Revolución. Es decir, Louis Aragon se dirigía a los surrealistas que querían seguir una evolución diferente por razones de clase y defendían su autonomía estética y política frente a la concepción estética del Partido comunista. Esto provocó una escisión en el grupo y, por parte de Louis Aragon, su ruptura con el Surrealismo y el nacimiento de un compromiso más nítido desde el punto de vista revolucionario. En su próximo libro, Persecuté, Persecuteur, (Perseguido, Perseguidor) utilizará otros tonos y otro lenguaje diferente con su obra poética anterior, aunque aun se pueden observar huellas de la escritura surrealista.
Persecuté Persecuteur fue escrito en un periodo desde todos los puntos de vista crítico: crisis profunda personal y un contexto político e histórico muy preocupante. Sus poemas basculan entre el tono político y el sufrimiento. No se entendería la significación de este poemario sin tener en cuenta estas circunstancias. El poema de la colección “Front rouge,” colocado en primer lugar, es una llamada a la violencia política: “A vosotros jóvenes comunistas / Dirigíos contra vuestras madres /, Abandonad la noche la peste y la familia / [ …] Los ojos azules de la Revolución / brillan con una crueldad necesaria… En el poema “Lycamthropie contemporaine,” el aliento épico deja paso a la reflexión lírica: “No hay límite en la melancolía humana / hay siempre una piedra de placer en la pirámide de las lágrimas / Amo y soy amado nada nos separa / Por qué estar triste en el corazón espléndido del amor […] Amo y amamos en medio del naufragio.” Louis Aragon fue encausado judicialmente por este libro y en 1975, sobre” Front rouge” escribe “Este poema que detesto.”
Una nueva época de una gran intensidad periodística, literaria y política empezaba en la vida y obra de Louis Aragon. Durante la década de los años treinta su trabajo se concreta en su carrera literaria, su labor periodística militante, y su participación en acontecimientos tanto en Francia como en otros países.
En lo que respecta a su creación y teoría literaria, este periodo se puede titular del surrealismo al realismo, teoría literaria que había sido concretada y definida a fínales de los años veinte en la Unión Soviética y que Louis Aragon afirma y defiende en su práctica narrativa y teórica. En 1935, publica una serie de trabajos reunidos bajo el título genérico de Pour un realisme socialiste que se puede considerar como el acta inaugural de un proceso de discusión que se prolongó en el siglo XX. Al mismo tiempo publica Les cloches de Bâle (Las Campanas de Basilea) y Les Beaux Quartiers (Los barrios hermosos) que inician el ciclo Le Monde réel (El mundo real.)
Los acontecimientos como la Guerra civil española, el Pacto de Munich y el Pacto germano-soviético, como periodista, escritor y militante, subrayarán su compromiso comunista, a veces, con desgarros internos, como el caso Nizan, que analizados desde hoy día y con la luz que el propio Aragon nos fue ofreciendo, constituyen una gran lección de historia y de coherencia militante.








