Poesía, de Vladimir Maiakovski


La edición utilizada para este trabajo ha sido la Antología poética
Maiacovski / Preliminar, selección y traducción de Lila GuerreroEditorial Losada, 1973

Para Gema y Mikel, ellos saben porqué

A veces la muerte trágica de un poeta se convierte en símbolo de una época, de un acontecimiento histórico, o en leyenda que alimenta cualquier bandería. La ejemplificación de esta opinión son tanto las vidas como las muertes de Vladimir Maiakovski y de Federico García Lorca sobre cuyos finales, trágicos los dos, tan diferentes y cercanos en el tiempo, han producido relatos escritos por historiadores y biógrafos que, una veces, desvirtúan y oscurecen la dimensión de sus vidas y obras, y otras pretenden crear símbolos o metáforas de victorias/derrotas pasadas para mistificar su tiempo y sus utopías.

Si Luis Cernuda, que en varios de sus poemas homenajea al poeta ruso insertando en ellos algunos de sus versos, en el poema “Otra vez con sentimiento” arremetía en contra de las apropiaciones indebidas del poeta granadino –Ahora la estupidez sucede al crimen-, también las exégesis sobre su biografía, poesía y teatro del poeta ruso no nos dejan de sorprender, porque junto a interpretaciones, que unas aclaran y otras producen cierta perplejidad, podemos leer otras, que están redactadas al margen de toda dialéctica; por ejemplo, como afirma Roman Jakobson que su suicidio fue un acto de un individualista y a la vez una represión del individualismo, opiniones que persiguen más confundir que explicar la biografía de un poeta y la complejidad de una poesía que es preludio y referencia, no solo de las vanguardias de los años veinte en Europa, sino que sus elementos líricos e ideológicos se integran en una unidad en la que convergen su vida, la revuelta y la historia para convertirse en el poeta de la Revolución de Octubre.

Vladimir Maiakovski nació el 7 de julio de 1894 ò 1893, -la opinión de su madre y la del registro administrativo no coinciden- según nos cuenta en su breve, pero original autobiografía “Yo mismo”. Un recuerdo básico en su formación fue la lectura de El Quijote, el segundo libro que tuvo en sus manos: “¡Esto, esto es un libro!”, exclamó después de leerlo. Y entonces se construyó una espada y una armadura de madera con las que “combatía” por su entorno. ¿Una premonición de lo que sería su trayectoria vital?

La vida y la obra de Maiakovski no se comprende ni reconoce si no se sitúa en su tiempo histórico, concretamente el periodo prerevolucionario ruso y la aparición de una generación, llamada la Generación de 1910, integrada por pintores, lingüistas y escritores de la que emerge nuestro poeta y que se concreta en poesía con el movimiento poético vanguardista denominado futurismo, fenómeno europeo que nace y se desarrolla en Rusia y en Italia con gramáticas y respuestas de alcances diferentes.

Las raíces de este movimiento en el ámbito ruso hay que buscarlo en la bohemia de carácter burgués que arremete con violentas protestas contra la tradición cercana, como el simbolismo, y que formaba la hegemonía intelectual o inteligentsia. Esta disconformidad iba unida a una conciencia de destrucción que encontró su asiento en la lucha del proletariado. Aquello que en principio era una protesta más antiburguesa que revolucionaria en sentido político, sus innovaciones formales y rupturas semánticas, en poesía como en arte, se integrarán a partir de 1914, primero, como protestas pacifistas, y después ofrecerán sus progresos rupturistas al proceso prerrevolucionario y, posteriormente, al revolucionario pero en busca siempre de la autonomía y pureza de la palabra.

Después de la muerte de su padre en 1906, Vladimir Maiakovski llega con su familia a Moscú donde su madre para sobrevivir tiene que alquilar habitaciones en el piso donde se alojaban. Ya en el Liceo, escribe su primer poema, que rechazaría más tarde por ser “incompatible con su dignidad socialista”, y elige estudiar filosofía antes que leer novela. En 1908 se adhiere al Partido Socialdemócrata (bolchevique) y es detenido y acusado por difundir panfletos, por lo es condenado a prisión –estaría preso dos veces más- durante once meses, periodo que considera enriquecedor por la lectura de los clásicos y para el desarrollo de su compromiso político. Ya en libertad, sus actividades artísticas se multiplican junto a sus compañeros de generación que articulan su pensamiento en el Manifiesto futurista, “Una bofetada al gusto del público”, al tiempo que se decanta por la poesía y el teatro. En el manifiesto queda expresada la filosofía del futurismo:
“El pasado es angosto. La academia y Pushkin son más incomprensibles que los jeroglíficos.
Hay que echar a Pushkin, Dostoievski, Tolstoi, etc. de la nave de nuestro tiempo.
Quien no olvide el primer amor, no conocerá nunca el último.
Lavaos las manos, sucias de la mugrienta putridez de los libros escritos por estos innumerables Leónidas Andreiev”

Junto a estos principios los poetas futuristas perseguían también ampliar el volumen del vocabulario con palabras arbitrarias y derivadas, odiar la lengua que ha existido antes de ellos, rechazar la gloria cuya corona está hecha con cepillos de baño y a mantenerse vivos sobre el escollo de la palabra “nosotros” en un mar, apuntaban, de silbidos de indignación. Aunque se haya escrito que la tradición era el blanco de sus ataques, también estaban convencidos que anteriormente a la superación y destrucción de la cultura burguesa por parte del proletariado, era necesario su asimilación y conocimiento, aunque todos no creían como Vladimir Maiakovski que la poesía es un camino hacia el socialismo.

Son años de aprendizaje que culminan en 1914 en un libro, Nube en pantalones, y un poema, La guerra ha sido declarada, y dibujos para carteles -el cartelismo fue una de sus actividades- que le fueron solicitados. En un testimonio de aquellos días escribe: “Primera batalla, la guerra aparece con todo su horror. La guerra es innoble… Para hablar de la guerra, es necesario haberla visto. Me enganché como voluntario, pero se me rechazó por falta de garantías políticas.”

La nube en pantalones es un extenso poema dividido en tres momentos precedidos por un prólogo que fue publicado en su integridad después de una primera versión censurada aparecida en 1915. La recepción por parte de la inteligencia rusa, escritores y artistas consagrados de entonces, fue un ataque sin piedad contra el poeta y el poema; solo Máximo Gorki apreció sus valores. Un poema que rompía con las normas de una tradición poética y con los principios en que se sostenían, porque V. Maiakovski construye un relato contra el arte y el amor burgués y la religión de la sociedad burguesa con una voz que se confunde con el grito, el diálogo y la reflexión a través de un lenguaje poético que inaugura nuevas metáforas que rompen con analogías y fórmulas tradicionales para crear nuevas realidades con otra musicalidad poética: “Y he aquí / que enorme me inclino, / fundiendo el vidrio con mi frente / ante la ventana que arde. -¿Vendrá el amor? me pregunto”. Un amor desgraciado es la fuente o motivo del desarrollo del poema corporeizado en su personaje poético cuya conciencia es tan trágica como oferente: “Cuando anuncien la llegada de la insurrección, / y salgan al encuentro del año salvador, / yo sacaré para vosotros mi alma, / la abriré para que sea más grande, / y ensangrentada se la daré como una bandera. Pero mientras tanto, “El poeta cantó sonetos a Tatiana / pero yo / soy todo de carne, / todo hombre / y pido tu cuerpo / como piden los cristianos / el pan nuestro de cada día.” Como puede recordar el lector, este último recuerda aquel de Lorca del poema “Grito hacia Roma”: Porque queremos el pan nuestro de cada día.

La flauta vertebrada es el título siguiente de V. Maiakovski en el que incide e intensifica los procedimientos empleados en el poema anterior. Nace también de una experiencia de amor fracasada, pero como en la anterior la imaginería romántica –“Pero no estoy para esas blanduras rosadas, / que hace siglos nos rumian las antologías”– es sustituida por otra en el que el tono patético se rompe por el humor o por la blasfemia en una urdimbre de la nueva conciencia poética: “La desesperación ajustaba su nudo / y al ver mi llanto y mi risa / el rostro de mi cuarto se retorció de horror.”

La actividad política durante la Revolución de febrero se intensifica. Para Maiakovski, como dijo Viktor Shklovski, su amigo y biógrafo, su entrada en la revolución fue como entrar en su propia casa porque su espíritu, temperamento y deseos coincidían. Entre lecturas de poemas en calles y café, conferencias, como “Los bolcheviques del arte” en las que enuncia sus posiciones políticas, asambleas para debatir propuestas tan controvertidas como la creación del Ministerio de las Artes o pintar carteles, no abandonaba su práctica y teorías futuristas. En este año de 1917 se ha escrito que su entrega era total a la Revolución y entre 1921 y 1927 escribe los siguientes libros de poemas: “150.000.000, “Amo”, “Sobre esto”, “Vladimir Illich Lenin” y “¡Bien!”.

El poema “150.ooo.oo0” es un canto épico a la Revolución que fue imprimido sin su firma, porque pretendía que el autor/protagonista era el sufrimiento y el heroísmo de las masas revolucionarias: “Nadie / es / el autor / de este poema mío / solo tiene una intención, / brillar en un mañana auténtica / auténtico.” Esta autoría anónima fue más una intención de su autor porque en los versos de todo el poema se encuentra su impronta futurista de atrevimientos semánticos como de ritmos y procedimientos poéticos, como el collage, aunque estas evidentes huellas no desvirtúan el relato y el carácter de su canto: “A ustedes mujeres / nacidas bajo mantas de armiño / o lavan el cuerpo envuelto en harapos… A ustedes / fusilados en las barricadas del alma / para que estos días fueran cantados… A ustedes / que han trabajado, sin embargo / entre el humo y la pólvora, con la vida pendiente de un hilo… A ustedes que no han callado la huella de la palabra, / y florecieron cada año sin marchitarse en los siglos, / a ustedes que por nosotros fueron torturados… Con los años / la tristeza / orquestada en la paz, / con canciones se elevará hacia el cielo. / ¡Florece, / tierra / en la cosecha y la siembra! / ¡Esta es / la revolución, la más sangrienta de las Ilíadas! / ¡Y los años de hambre de su Odisea!

En la elegía a la muerte de Lenin abunda e intensifica los recursos futuristas que mezcla con la retórica de circunstancias para cantar/llorar al dirigente desaparecido, retoricismos que no difuminan el aliento poético de un relato en el que se conjugan diferentes registros para crear un monumento a la Revolución y a su líder: Hoy / enterramos / al más terrenal / de todos los hombres / que pasaron por la tierra. / Terrenal / pero no de aquellos/ que miran solo en su gamella. / Él abrazó toda la tierra, / él vio aquello que el tiempo encierra / él es como usted / y como yo / completamente igual. / Tal vez, / únicamente / junto a los ojos, / el mucho pensar / ha hecho mucho más pliegues en su piel, /y tal vez/ son más burlones y más firmes sus finos / labios […] Hace tiempo / hace unos doscientos años, / comienzan, /las primeras noticias de Lenin. / ¿Oyen ustedes / atravesando los siglos / la voz férrea, / la voz del abuelo, /del primer fogonero / Bromley y Goujon? / Sin excelencia, el capital, aun sin coronar, / declaraba sometida / la fuerza campesina. / Pero ellos escuchaban como hablaba Lenin, y sabían todo…

En los años veinte se intensifica tanto su actividad viajera por diversos países como su militancia artística-política en la revista LEF (Frente del Arte de Izquierda), revista que en 1929 se convierte en REF (Frente Revolucionario del Arte) sin abandonar su práctica poética enriquecida por sus experiencias viajeras. Antes de su muerte dejó inédito un proyecto de poema sobre el Plan quinquenal, A plena voz, pero del que hoy solo se conservan dos prefacios o introducciones que son una afirmación de vida: “¡Muera mi verso, / muera como soldado anónimo/ en la tempestad de nuestros días! / escupo yo / a todos los bronces monumentos… Ya arreglaremos / nuestras cuentas en la gloria, / entre nosotros / si somos hermanos. / Dejen / que el socialismo sea, / construido en los combates, / el monumento / que nosotros merecemos.”

Vladimir Maiakovski se suicidó el 14 de abril de 1930. Dos días antes dejó una carta que transcribimos con su gramática compositiva:

¡A TODOS!
De mi muerte no se culpe a nadie, y, por favor, sin
comentarios. Al difunto le molestaban enormemente.
Mamá, hermanas, camaradas, perdonadme. –no es
un método–(no se lo aconsejo a nadie), pero no ten-
go otra salida.
         Lila, ámame.
Camarada gobierno: mi familia se compone de Lila
Brick, mamá, mis hermanas y Verónica Vitóldovna
Polónskalasin 
Si les haces la vida soportable, gracias
Envíen los versos sin terminar a los Brick. Ellos
sabrán descifrarlos
Como se dice
                      el “incidente” ha terminado,
“la barca del amor
                                se estrelló contra la vida cotidiana”
Estoy a mano con la vida
                                             Y es inútil recordar.
dolores
              desgracias
                                 y ofensas recíprocas.
                                          Sigan felices

                                           Vladimir Maiakovski
                                           12-4-1930

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