El primer verso del poema “1936” de Luis Cernuda –Recuérdalo tú y recuérdalo a los otros– escrito después de su encuentro con un soldado de la Brigada Lincoln es una negación lanzada contra el olvido y la desmemoria histórica de la aventura de este soldado, ejemplificación de otros hombres que abandonaron sus países para defender la República española, y una afirmación de una leyenda histórica que debería quedar para siempre en la memoria de los pueblos como ejemplo de dignidad y compromiso, una apelación/mandato, pues, dirigida a un “tú” universal por el autor de La Realidad y el Deseo que tenía conciencia de que aquel acontecimiento, inserto en la conciencia internacionalista, desbordaba la sincronía para inscribirse en un capítulo impar en la historia de la resistencia.
Este movimiento de solidaridad conocido con el nombre de Brigadas Internacionales está relatado en estudios, cantos y poemas, pero también en novelas y relatos escritos por contendientes, muchos de los cuales aún permanecen inéditos en nuestro país. La bibliografía es tan extensa que sería injusto nombrar a unos y silenciar a otros. Sin embargo, existen editoriales que, en medio de un mercado cultural postmoderno, y cuando algunos quieren borrar la historia en aras de la actualidad y del oportunismo y alejarla de su vigencia moral y política, se atreven a editar a escritores extranjeros que desde su experiencia directa en el conflicto testimoniaron aquella guerra. Tal es el caso de la Editorial Navona que en el 2011 reeditó ¡No pasarán! Un relato del sitio de Madrid, de Upton Sinclair y de la Editorial Tabla Rasa que ha publicado La gran Cruzada del escritor alemán Gustav Regler en el 2012, novela que relata la lucha de los combatientes de la XII Brigada, presentada por un prólogo de Ernst Hemingway y acompañada de un estudio biográfico y crítico del profesor Geord Pichler. Tampoco podemos olvidar el rescate realizado por la Editorial Hoja de Lata de El fin del mundo, primera entrega de la serie de Lanny Budd del autor de ¡No pasarán!, compuesta por once novelas entre las que está Wide is the gate (Ancha es la puerta), cuya parte de su acción ocurre en la España republicana.
Una de las primeras noticias que el lector español tiene de Upton Sinclair es de 1933, año en el que se publica su novela Un patriota 100 por 100 en la Editorial Cénit, aunque esta aparición no tiene una continuidad, excepto en las ocasiones esporádicas que se publicaron algunos de sus títulos, fenómeno que no deja de sorprender en un autor que publicó casi un centenar de novelas, algunas de las cuales rompieron los códigos estrictamente convencionales para ser instrumentos críticos que influyeron directamente en el terreno social y político.
Upton Sinclair, antes del gran éxito que obtuvo con La Jungla en 1907, escribió cuatro novelas en la que percibimos el desarrollo de su pensamiento que arranca desde el idealismo hasta alcanzar una conciencia crítica sustentada en el conocimiento de la moral, la religión y la competencia que potencian y mantienen el desarrollo de los trusts en la sociedad americana. Upton Siclair hasta 1907 se mantiene dentro de la tradición humanitaria norteamericana y a un radicalismo que nace de una tremenda inquietud espiritual. Desde el origen, en su vida y su extensa obra se entrecruzan los aconteceres literarios y políticos. En lo concerniente a su producción literaria y periodística, ambas se inscriben en un compromiso socialista y de aventuras contradictorias que forman parte de una biografía que nunca se ancló en la complacencia del éxito ni en las derrotas. Su reconocimiento del gran público se produjo con la publicación La Jungla en 1907 cuando militaba ya en el Partido socialista y con una clara idea de la significación histórica de la lucha de clases. En esta novela denuncia la situación de precariedad e insalubridad de la clase trabajadora, las condiciones de vida de la población emigrante y la corrupción que existía en la industria de conservas cárnicas, que atentaba contra la salud pública con el silencio y la complicidad de las autoridades sanitarias. Pero el asunto era tan grave que Upton Sinclair creyó que la ficción pura era insuficiente, por lo que eligió cruzar la ficción y la realidad. Para esto decidió trabajar en una de las fábricas de conservas para obtener información y conocimiento, propuesta que fue apoyada por un diario que, primero, publicó en serie sus experiencias para después reunirlas y editarlas en lo que sería La Jungla que obligó a la administración a editar leyes de protección e higiene. Este tipo de periodismo que denunciaba las injusticias, la explotación laboral y la corrupción política e industrial nacía de las investigaciones directas del periodista (denominado periodismo de inmersión) que pretendía dar una visión certera de lo real, práctica denominada por T. Roosevelt como los muckraker (removedores de porquería).
En 1927 Upton Sinclair publica Petróleo, novela que significa una profundización de su compromiso y la consolidación de su prestigio literario, que hoy día, todavía es centro de atención, por ejemplo, en 2007 esta novela fue adaptada al cine por el director Paul Thomas Anderson con el título de Pozos de ambición, y donde el autor nos revela su atención constante al acontecer histórico, no solo de su país, sino también de la Revolución soviética de la que es también parte de la trama. Esta preocupación por lo que ocurre allende las fronteras americanas se materializa en ¡No pasarán! Un relato del sitio de Madrid, novela que algunos consideran como panfleto, pero que si nos atenemos a su composición podemos considerarla como un relato formado por los elementos esenciales de una narración. Otro aspecto es discutir, como hacía Georg Lukács, cuando analiza las novelas de Willis Bredel, brigadista alemán autor de Begegnung am Ebro (Encuentros en el Ebro), la contradicción artística no resuelta que existe en sus novelas proletarias entre el marco épico de la fábula y los aspectos documentales. Sobre esto escribe U. Sinclair: Este libro es un clamor de libertad y de honestidad en las cuestiones humanas. En él se describe uno de los grandes y heroicos episodios de la historia, ahora en curso, por lo que para él es más importante lo que dice, de cómo lo dice, aunque su sencillez didáctica no anula la emoción. Si después del éxito de La Jungla dijo que había apuntado al corazón del público, pero que había errado al dar en su estómago, en ¡No pasarán!, sus elementos se conjugan para mantener la atención y la inquietud del lector.
¡No pasarán! fue publicada en 1937 a costa de su propio autor y con la promesa de eximir a los editores extranjeros de los derechos de autor para que la vendiesen a un precio asequible a la población trabajadora, porque para él era una necesidad apremiante que el mundo se comprometiera con la República española atacada por el fascismo. En España fue publicada en 1937 por el Comissariat de Propaganda de la Generalitat de Catalunya en castellano y catalán. La trama principal es la trayectoria de un joven americano de origen alemán, Rudy Messer, que pertenecía a una familia empresarial y que en un momento determinado de su vida estudiantil -su encuentro con una huelga de estibadores que se niegan a cargar armas con dirección a España para el ejército nacional- le impulsa a estudiar y reflexionar sobre las causas políticas y económicas del conflicto y sus variables ideológicas. Su decisión de viajar a España para luchar contra el ejército franquista no es una «conversión», sino el resultado de un proceso de reflexión, diálogo e indagación histórica y económica, tarea que realiza con todos los medios a su alcance.
La novela tiene dos partes, una, la más extensa, en la que el lector asiste a lo que podíamos llamar “Historia de una concienciación”, una bildungsroman o novela de formación; y la otra, la menos extensa, en la que la narración predomina sobre lo documental, y donde se cuenta el viaje de los siete voluntarios a España, vía París, hasta llegar al frente de Madrid, después de permanecer unos día en Barcelona, y un tiempo de aprendizaje militar en Albacete. El sentido de su lucha en el frente de Madrid quedaría reflejado en un cable de un periodista americano: “Hoy se ha asestado un duro golpe a las tropas de Franco”, pero lo que golpeó aquel día a las tropas de Franco, nos dice el narrador, fue la dignidad humana, fue el sentido de la moral, la ciencia, la justicia, y el futuro de la humanidad.
En aquella batalla estaban unos jóvenes que se negaban a ceder un palmo de terreno a la reacción y gritando su desafío a los tiranos con las palabras de aquellos versos de William Blake que habían comentado en una de sus reuniones: No cesaré en mi batalla moral / ni mi espada se dormirá en mi mano, y que Upton Sinclair nos recuerda hoy para ser también compañía de otros combates.








