La información cultural está dominada por el mercado y las industrias culturales

El estado de la crítica

Solo una crítica que no esté al servicio del mercado ni obligada por la dictadura de la novedad podrá recuperar crédito y sentido.

Aparentemente la crítica en un universo dominado por los grandes medios de comunicación tiene poco sentido y poco lugar. Poco sentido porque de manera creciente la información cultural -dentro de la que se inscribe la crítica- está dominada por esos grandes medios que a su vez están dominados por el mercado y las industrias culturales. En esa línea la crítica sólo sería un apéndice cínico y comercial de esa industria cuya función es poner en circulación los productos culturales que salen al mercado. La crítica como publicidad. Y digo lo de cínico porque para poder actuar al mismo tiempo que está obligada a servir tiene la necesidad de revestirse de independencia para valorizar las mercancías a las que atiende. Los críticos no dejan de ser trabajadores en precario y mal pagados que en la mayoría de los casos se conforman con las migajas de capital simbólico que en el universo de las artes se generan. Con la aparición de Internet la materialidad de la crítica se ha ampliado y liberalizado, pero conviene no engañarse: en este campo, al menos de momento, el crecimiento cuantitativo no ha dado paso a ningún salto cualitativo. Más que crecer ha engordado y, paradójicamente, esa inflación ha provocado una clara merma de su peso relativo. Solo una crítica que no esté al servicio del mercado ni obligada por la dictadura de la novedad podrá recuperar crédito y sentido. Una crítica de combate.

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