Alberto Rivera, como abogado, se ha puesto al servicio de Casado, su adversario político hasta ayer. Y no para un asunto particular, lo que ya sería muy sospechoso, sino para algo impensable: impugnar una ley del Parlamento catalán que ha congelado de momento, en esta crisis, el precio tensionado del alquiler de las viviendas en algunas zonas.
Sí, sí, está claro. Este barcelonés, hijo de obrero, se alquila ahora para combatir el derecho a la vivienda de los catalanes más necesitados, cuando hace tan poco que sus paisanos dieron la mayoría relativa de su Parlamento al partido que entonces él dirigía.
Ahora comprendemos, pues, por qué al comenzar su carrera política Rivera se exhibía casi desnudo pero tapando con sus manos la entrepierna.







