Casado no es más que la punta del iceberg del pensamiento ideológico de una derecha anclada en pasados

Negando la mayor

Foto: congreso.es

Las declaraciones de Pablo Casado, máximo dirigente del Partido Popular, sobre la guerra civil española no es que no tengan desperdicio sino que directamente son un insulto a la inteligencia y un oprobio a las víctimas de la dictadura franquista.

Decir que la guerra civil fue “el enfrentamiento entre quienes querían la democracia sin ley y quienes querían la ley sin democracia” le pone en su verdadero contexto político. Esto es, en la extrema derecha. No en vano el PP negocia, llega a acuerdos e incluso gobierna con el fascismo en muchos ayuntamientos y comunidades autónomas.

No es la primera vez ni es el único dirigente de la derecha que por acción o por omisión niega la mayor: la dictadura franquista.

Tampoco nos debe extrañar, dados los orígenes y la trayectoria de un PP que nació como Alianza Popular de la mano de Fraga Iribarne, ministro de Franco, y cuyas primeras decisiones pasaron por enfrentarse a la democracia en ciernes y defender sus privilegios heredados de cuatro decenios de dictadura.

Esta derecha hispánica, parecida a la que ahora crece en los países bálticos, Ucrania, Hungría o Polonia, excluyente, cuando no próxima a tendencias fascistas y autocráticas, solo tiene parangón en el resto de países occidentales con la extrema derecha de estos. Nada que ver, por supuesto, con los conservadores británicos o la derecha francesa o italiana y mucho, muchísimos puntos en común con la extrema derecha italiana o francesa. Sería un escándalo que en Alemania o Italia un partido que pueda gobernar comparase a los regímenes nazi y fascista con las democracias a las que combatieron.

La asignatura pendiente

Pero Casado no es más que la punta del iceberg del pensamiento ideológico de una derecha anclada en pasados, estos sí, dignos de ser olvidados y arrojados a un rincón de la historia. Representantes y cargos políticos de otros partidos derechistas o que se llaman “centristas” tienen esa misma actitud de querer hacernos olvidar una historia de golpes de Estado y dictaduras, como si la sociedad actual y las estructuras de poder que mantenemos no fuesen herederas de esa dictadura franquista que se han negado a condenar a fecha de hoy. No se cansan, como debe ser, por otra parte, de homenajear a las víctimas del terrorismo pero se niegan a reconocer a las que lo fueron por la represión franquista, como si fuesen menos españoles o menos personas. Si se habla de memoria histórica, llegan a acusar a la izquierda de “guerracivilista” pero aplauden y reconocen méritos a una figura, como es la de la monarquía, impuesta por el régimen de Franco. Bien que, en este punto, un partido supuestamente progresista como el PSOE, sigue en esta línea, para escarnio de la izquierda.

La condena al franquismo y a la dictadura, el homenaje a los que lucharon contra los militares fascistas que se levantaron contra un gobierno legítimo, la eliminación de los símbolos fascistas y de la dictadura de instituciones y callejeros, la inclusión en los planes de estudio de la visión de la guerra civil como un enfrentamiento entre demócratas y fascistas, sigue pendiente en este país. Una asignatura que la derecha no ha aprobado y, dada la actitud de sus dirigentes, no va a aprobar nunca.

Y es que, como herederos que son de una ideología excluyente, retrógrada, no van a renunciar a sus raíces y transformarse en otra cosa.

El partido de Pablo Casado es el mismo, y a estas alturas no va a engañar a nadie, que se opuso en su momento a la ley del aborto, a la del divorcio, al reconocimiento del matrimonio de parejas del mismo sexo, a los derechos del colectivo LGTBI, a la eutanasia… y a cualquier normativa que recoja y defienda derechos exigidos por una sociedad moderna como en la que vivimos.

Derrotados ante los movimientos sociales, los líderes de la derecha y sus acólitos terminan por asumir los cambios legislativos. No les queda otra si no quieren perder fuerza política. Pero, a pesar de que asumen, si bien a regañadientes, esos cambios, siguen sin cortar con sus raíces ideológicas, las del fascismo, por eso les es tan cómodo pactar con partidos fascistas.

No, Casado, la guerra civil no fue un enfrentamiento como el que usted indica sino la lucha entre la democracia y la libertad y el fascismo, la misma que pocos años después se extendió por toda Europa.

Claro que, en este caso, lo mismo el dirigente del PP está con Ayuso y se considera “en el lado bueno de la historia”, es decir, al lado de los fascistas.

Es, pues, en este contexto, donde sus palabras tienen todo su sentido, o su sinsentido.

Escritor granadino y funcionario

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