
Apuntes sobre el movimiento obrero
Marcelino CamachoAtrapasueños
Estando cautivo en la prisión de Carabanchel, en 1970, Marcelino Camacho fue escribiendo unos cuadernos en los que resumió la historia de los trabajadores españoles. El objeto de ese trabajo era disponer de una documentación que sirviese para enriquecer los seminarios que impartía dentro de la cárcel a los presos más jóvenes, muchos de ellos con escasa formación política e histórica. El 90% de los presos políticos en aquel momento eran afiliados a Comisiones Obreras. Bajo el título Apuntes sobre el movimiento obrero español, Marcelino escribió 273 páginas que fueron reproducidas por sus compañeros haciendo copias a mano y utilizando el papel carbón para que cada amanuense multiplicase por cuatro su trabajo de copista. En la elaboración de estos Apuntes, Marcelino utilizó textos de varias decenas de libros de historia y economía que están referenciados en un índice bibliográfico, que puede servir de ayuda a quien desee acudir a las fuentes.
Si uno lee el libro detenidamente creo que es inevitable la conclusión de que Marcelino lo hizo con toda su alma y con total honestidad. Pienso que trató de facilitar a sus compañeros los conocimientos históricos que hacían de él el comunista que fue, comprometido hasta la médula con su clase y con la realidad concreta y sus lecciones, con la verdad.
Empieza con la primera legislación laboral de los visigodos y finaliza con la Segunda República. Entre medias, el libro nos lleva desde las primeras confrontaciones de los menestrales del motín de Arrabal en la Córdoba musulmana del siglo IX hasta las huelgas e insurrecciones obreras del XIX y del XX, que culminarán con la experiencia popular de la Segunda República.
A través de sus páginas conoceremos historias de nuestra Historia, algunas muy poco conocidas para la inmensa mayoría: la insurrección de los menestrales, la de los irmandiños, las germanías, los segadores o los comuneros, pasando por las revueltas campesinas. Así, llegaremos a las huelgas obreras del siglo XIX. Ya en el XX, nos hablará de la Semana Trágica, de la huelga general de 1917 o la de La Canadiense, de 1919, en la que, a la censura impuesta por el capitán general Milans del Bosch (protector de Martínez Anido y abuelo del Milans fascista), el comité de huelga de los tipógrafos replicó aplicando la misma censura a los boletines del capitán general, que no pudo publicarlos. Toneladas de heroicidad a través de una historia en la que “los que todo lo hacen” intentan liberarse de papel de subalternos que la minoría mandante se cree con derecho a imponerles. Toneladas de heroicidad y más toneladas de represión contra decenas de miles de luchadores, algunos de los cuales aparecen en estas páginas con nombres y apellidos.
Sin embargo, no se trata de un libro de relatos épicos. Es mucho más. Marcelino se propone en todo momento analizar la situación, los porqués de esa realidad y la repuesta, adecuada o no, de los trabajadores y, sobre todo, intenta extraer lecciones de las experiencias pasadas, aprender de los errores para afrontar el futuro.
Dedica especial atención a las luchas del siglo XIX y primeras décadas del XX en las que los trabajadores forjaron e impusieron sus organizaciones y la legalización de estas y de los derechos laborales frente a la patronal y el poder del Estado que esta ejercía. No fue un camino de rosas. Todo lo contrario; desde la huelga de las Comisiones de la Clase Obrera de 1854 hasta la revolución de Asturias las represiones más brutales estuvieron a la orden del día, contando para ello con la ayuda de una cúpula militar organizada en las Juntas de Defensa, que se especializaron durante décadas en conseguir todo tipo de privilegios para sus miembros y en ser valientes disparando contra el pueblo desarmado, mientras salían de najas y vendían al mejor postor las posesiones de ultramar en las que habían dejado sus vidas cientos de miles de jóvenes pobres (los ricos pagaban la exención para que sus hijos no fueran a la guerra). Todo por España. Dignos antepasados de los que hoy hablan, con idéntica valentía, de fusilar a 26 millones de españoles sin que nada les ocurra.
LA II REPÚBLICA Y EL ANHELO DE LA UNIDAD SINDICAL
La Segunda República es otro de los fuertes de este libro. No por casualidad. Nos ofrece una visión de la Segunda República que explica muy bien el pavor que los poderosos le siguen teniendo: fue en lo fundamental, según Marcelino, una república de los trabajadores, una república que repartió las tierras de los latifundistas a los que las trabajaban, que cedió la gestión de las fábricas abandonadas por los fascistas a los trabajadores, que nacionalizó la Banca y las infraestructuras del Estado. Una república, una “realidad histórica concreta”, que llevó al inicio de la fusión de las dos grandes tendencias sindicales que durante medio siglo habían dividido la fuerza y las posibilidades de los trabajadores, la anarquista y la socialista, la CNT y la UGT. El fin abrupto de la guerra, propiciado por la traición de sectores disidentes de la CNT y del PSOE (Casado, Mera y Besteiro) impidieron esta unificación de la clase trabajadora.
La unidad sindical de la clase trabajadora es una de las preocupaciones de Marcelino que recorren el libro. Por ello, analiza pormenorizadamente las razones de la implantación inicial del anarcosindicalismo y su pervivencia hasta la Segunda República. Lo hace desde una profunda comprensión, desde un sincero respeto, a pesar de no compartir sus tesis, que refuta una y otra vez desde la comprensión y el reconocimiento a los sacrificios y luchas de los sindicalistas de la CNT. Ello no le impide, al igual que hiciese Marx con los partidarios de las barricadas a cualquier precio, intentar convencerles de la necesidad de articular un método organizativo, científico, que evite la sangría permanente de luchadores de forma estéril.
Dice una de las máximas de la Primera Internacional que los trabajadores no pueden esperar que su liberación venga de fuera, que venga de otros, de los patrones o del Estado. Marcelino, tal vez sin habérselo propuesto, hizo suya esta evidencia y la llevó a la práctica dejándonos una historia del movimiento obrero que solo la mejor formación de uno de los suyos podía hacer. En sus apuntes, Marcelino se refiere a la gran historia del movimiento obrero escrita por su admirado Anselmo Lorenzo. Este libro lo hermana al igual que, en palabras del dirigente socialista Luis Ariquistáin, la Guerra Civil había hermanado a la UGT y la CNT, a Marx y Bakunin.
APRENDER DEL PASADO PARA PREPARAR EL FUTURO DEL SINDICALISMO
Escrito en 1970 en la cárcel de Carabanchel, la parte final del libro está dedicada a preparar el futuro del sindicalismo, empezando por la necesidad de acabar con la “oligarquía fascista” en el poder. Todo ese capítulo es como la síntesis de todo lo anterior. Es un llamamiento para aprender del pasado, a no cometer viejos errores. La unidad y la independencia son para Marcelino garantes de la incorporación de las masas a la lucha reivindicativa. Pero, no solo, y avisa: “Si la teoría de la correa de transmisión ha sido y es nefasta para el movimiento obrero, no menos nefasto es el apoliticismo”. Independencia, que no apoliticismo. Además, insiste en el sindicalismo de clase y advierte contra la creencia del sindicalismo reivindicativo como solución. Los retrocesos de los últimos 30 años y la reforma laboral de 2012 son una buena muestra de que lo conquistado se lo lleva el viento cuando no hay fuerzas organizadas dispuestas a defender la emancipación de los trabajadores.
Como dice el secretario general de Comisiones Obreras, Unai Sordo, en el proemio, este libro “es una proyección de todo lo aprendido sobre el momento actual de la política y sociedad española en plena lucha antifranquista”. Y añade: “Son lecciones del pasado que aún nos sirven para interpretar el presente y transformar el futuro”. Y lo dice del que, en palabras de Unai, podría considerarse como “el dirigente sindical más relevante de la segunda mitad del siglo XX”.

Retrato de Marcelino, realizado en 1940 por un compañero preso, durante su cautiverio en el convento de las Comendadoras.
Yolanda Díaz, que califica los apuntes de “cuadernos de tinta rebelde, rigurosos y honestos” inicia el prólogo con una referencia a Oscar Wilde. Nada más apropiado. Quién mejor que el autor de El gigante egoísta, El príncipe feliz, o El alma del hombre bajo el socialismo para entender a Marcelino. Díaz hace un reconocimiento sin paliativos del valor de este libro: “Concurren en estos Apuntes sobre el movimiento obrero unos atributos que aseguran su pervivencia y un conocimiento exhaustivo de la realidad: la memoria sindicalista española, descrita desde sus orígenes hasta el punto de inflexión que supuso la creación, en la clandestinidad, de las Comisiones Obreras, aquel caballo de Troya en las entrañas de un régimen dictatorial”.
Marcelino Camacho escribió este libro a escondidas para que, a escondidas, lo pudieran leer sus compañeros de cautiverio. Hoy lo podemos leer a la luz del día. No fue fácil ni sin sacrificios. Aprovechémoslo. Leámoslo. Difundámoslo.







