Más allá de la puesta en escena y el sainete

Lectura de la moción de censura y del final de la legislatura

Yolanda Díaz, en una intervención magistral, puso sobre la mesa lo que está en juego para la mayoría social trabajadora de nuestro país
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Yolanda Díaz, vicepresidenta del Gobierno, interviene en la Moción de Censura en el Congreso de los Diputados el pasado 21 de marzo de 2023
Yolanda Díaz, vicepresidenta del Gobierno, interviene en la Moción de Censura en el Congreso de los Diputados el pasado 21 de marzo de 2023 | Foto: congreso.es

El colofón de la moción de censura no pudo ser apreciado por el público que se interesó en seguir las sesiones durante los dos días de debates. La imagen estaba en consonancia con el tono de lo visto y lo escuchado en esa misma sala. Con un hemiciclo vacío, los diputados de Vox tomaron simbólicamente la tribuna del Congreso de los Diputados para posar junto al candidato derrotado, Ramón Tamames, quien bastón en alto lanzó varios vivas a España que alguno de los más eufóricos de sus acompañantes continuó con un Gibraltar español.

Han sido muchos los comentaristas que han destacado el ambiente de sainete, casi un esperpento, de la moción de censura. Un candidato que supuestamente iba por libre; la filtración del discurso; las extravagancias de un personaje con un ego desbordado. Sin embargo, no creo que se deba frivolizar con lo que hemos vivido, más allá del espectáculo mediático, el hecho mismo de la moción de censura y las posiciones adoptadas por los diferentes grupos parlamentarios revelan mucho de la coyuntura que atravesamos y de lo que nos jugamos en los próximos meses.

La extrema derecha de Vox no ha salido tan mal parada del envite como nos gustaría. En la izquierda social y política tendemos en demasiadas ocasiones a valorar los resultados de las confrontaciones y debates públicos por las opiniones de nuestro entorno más cercano, lo que nos lleva a no pocas sorpresas en la hora de los resultados, en especial los electorales. La «operación Tamames» ha cumplido a la perfección con el objetivo de blanquear a la extrema derecha en un momento clave. Aunque la estridencia de algunas intervenciones pueda hacernos pensar lo contrario, Vox ha sido capaz, con el apoyo de un personaje con una larga y también oscura trayectoria, de reivindicarse dentro de ese «espíritu de la transición» que las élites del bipartidismo han esgrimido como fundamento ideológico.

Desde el primer anuncio de Santiago Abascal, quedaba claro que el Partido Popular era el principal objetivo de la moción de censura. A pesar de todos sus esfuerzos por acaparar la atención como única alternativa al actual gobierno de coalición, el impacto social y los resultados del debate evidencian que la extrema derecha es condición necesaria de su agenda política. La abstención, en claro contraste con el voto en contra del anterior líder del PP, Pablo Casado, motejado de radical frente al moderado Alberto Núñez Feijóo, nos da una idea del adversario que tenemos enfrente, una derecha radical más peligrosa si cabe por la emulación abierta por un espacio político en disputa.

El PSOE y el presidente del gobierno, Pedro Sánchez, pareció sentirse seguro en la confrontación con la extrema derecha, aunque no creo que la sobreactuación de su portavoz, Patxi López, haya dado los resultados apetecidos. En todo caso, se han echado en falta iniciativas políticas para avanzar en lo que queda por cumplir del acuerdo de legislatura, el único camino que permitirá movilizar al conjunto del electorado progresista y democrático frente al reto de un bloque de derecha con perfiles cada vez más nítidos.

Unidas Podemos contó con la intervención en el debate de Lucía Muñoz Dalda de Podemos, Aina Vidal de En Comú Podem y José Luis Bueno Pinto de Izquierda Unida. Este último demandó al candidato de Vox que explicara lo que conocía del golpe de estado del 23-F. Quizás en esta incómoda pregunta se encuentre la razón por la que Ramón Tamames se olvidara de responder a nuestro grupo parlamentario como había hecho con el resto. La vicepresidenta del gobierno, Yolanda Díaz, en una intervención magistral, puso sobre la mesa lo que está en juego para la mayoría social trabajadora de nuestro país, ante la visible incomodidad del actual presidente por la expectación que levanta su compañera de bancada.

El PP prioriza la batalla cultural e ideológica frente a las propuestas. Cuando tengan mayoría traerán los recortes y las contrarreformas

Los nacionalistas, con diferentes matices, se mantuvieron en su línea de denuncia del españolismo de la extrema derecha y las incoherencias de las formaciones de ámbito estatal. Pero en política no todo es discurso y flotaba en el ambiente, sobre todo después del fiasco del proyecto de ley de seguridad ciudadana, cuando impidieron que se tramitara en una votación que concluyó con los alborozados aplausos de la derecha. Para ser justos hay que decir que el proyecto de nueva ley de seguridad ciudadana tenía carencias, como lo reconocieron los portavoces de Unidas Podemos al tiempo que señalaban lo importante de lo alcanzado, pero a nadie se le escapa la significación de dejar un instrumento del pasado como la ley mordaza en un escenario político tan abierto. Si algo ha tenido de positivo la moción de censura es el plantear la disyuntiva a la que nos enfrentamos en este final de legislatura con total nitidez: o continuamos el camino de las conquistas sociales -ojalá con otra correlación de fuerzas más favorable para la izquierda transformadora- o sufriremos una involución sin precedentes con la extrema derecha en el gobierno.

El debate adoleció de las propuestas alternativas de la derecha frente a las medidas del gobierno, quizás porque saben que es un terreno poco favorable para sus intereses. Ya vendrán los recortes y las contrarreformas cuando tengan mayoría suficiente para imponerlas. Mientras tanto su prioridad es la batalla cultural e ideológica. Por eso no fue casual la desproporción de las alusiones a las políticas de memoria, entre ellas el disparate de que la guerra civil comenzó con la revolución de octubre de 1934, obviando el pequeño detalle de que si la CEDA hubiera ganado las elecciones del 16 de febrero de 1936 no hubiera habido golpe de Estado ni guerra civil. Pero la derecha no está para sutiles argumentaciones, su modus operandi es el de siempre.

Que el escenario político esté cada vez más claro en su polarización no significa que sea indiferente lo que se haga durante estos meses. En el escaso margen de lo que queda de legislatura es crucial abordar la agenda pendiente, incrementar la movilización social y la presión política para que el PSOE no bloquee las garantías de derechos que son fundamentales. El debate de la moción de censura nos ha puesto ante los ojos los peligros que enfrentamos y la potencialidad de un proyecto transformador. Hagamos todo lo posible para que ese asalto simbólico de las huestes de Vox a la tribuna del parlamento quede como la peor de nuestras pesadillas.

(*) Coordinador de Izquierda Unida en el grupo parlamentario de UP-ECP-GC

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