Reseñar a un amigo siempre es difícil. Reseñar a un amigo que escribe maravillosamente de casi cualquier tema, es el doble de difícil. Le he leído sobre el 1 de noviembre, sobre lo que podría ocurrir después del 1 de octubre y el akelarre ultra que vino después foto de Colón mediante, del amor en los tiempos del hambre, de Ocasio Cortez y el código postal como marcador de la vida futura mucho más certero que el código genético, de la trampa de la diversidad y del cine como metáfora y explicación de la sociedad.
No siempre estoy de acuerdo con él, claro. Pero siempre es un placer leer esa prosa ágil, certera, cargada de referencias culturales y de costumbrismo. Como Baroja, te lleva a recorrer el momento político a través de un mapa físico en el que encuentras el Madrid obrero, sus bares de viejo con sus parroquianos que parecen suspendidos en el tiempo, con sus bajos fondos y las realidades que no queremos ver porque sabemos que mucha gente conocida sale en esa foto que plasma en un párrafo brillante.

Todo empieza en septiembre
Daniel Bernabé
Editorial Planeta, 2023
“Todo empieza en septiembre” habla de un periodo reciente que vivimos intensamente. Demasiado reciente, quizá, para haber podido digerirlo y hacer un análisis profundo y acertado de lo que pasó. Y quizá demasiado reciente para hacer una novela y no ese sesudo ensayo periodístico. Sin embargo, y como en una de esas series de Netflix que se estrena con los hechos aún en caliente, Daniel consigue ponerle distancia y, en una suerte de novísimo Episodio Nacional, llevarnos por el territorio nacional poniendo cara (convenientemente disfrazada, se trataba de hacer una novela no de acabar en la Audiencia Nacional) a quienes podrían estar siendo los protagonistas de un golpe de estado más o menos blando. A lo largo de la novela encontramos a una flamante periodista reina de las mañanas, un empresario de la construcción con cara de bulldog que podía hacer temblar a cualquier ministro de Economía, un juez, un exministro y un Cazador, reconocido conseguidor. Todos unidos en una inquietante foto que parece el centro de la madre de todas las conspiraciones, al menos desde la Transición hacia acá.
Aparecen, cómo no, el rosario de casos de corrupción que han asolado nuestro país en los últimos años, los políticos protagonistas de los hechos y el entorno realista de la política que se estaba viviendo alrededor de la repetición electoral fruto de la falta de acuerdo entre el PSOE y Unidas Podemos. Pero también hay momentos de flashback para entender cómo hemos llegado a este momento, cómo los poderes militares, judiciales y empresariales han modelado una red casi perfecta para conseguir sus objetivos de un país más conservador que olvide los avances conseguidos con lucha obrera, sindicatos fuertes y un partido comunista que estuvo a la altura de las circunstancias (nada fáciles) y que nadie moviera un pie sin que ese entramado, de una u otra manera, lo permitiera.
Todo esto desde la vida de Jaime, un periodista cuya vida transcurre entre mirar el saldo de su cuenta y noches de fiesta y cocaína en un Madrid decadente, mientras escribe sobre todo aquello que puede escribir: artículos poniendo a caldo a la Presidenta de la Comunidad de Madrid, entrevistas, columnas, reportajes, crónicas, cuentos, ensayos e, incluso, de vez en cuando, argumentos para un programa de misterio en televisión. Un periodista cuyo tren se había atascado en algún punto de la vía, como esos cercanías que cada mañana fallan en algún punto de España, y cuya enseña podría ser “parecía que sí, pero al final no”.
Con él repasamos la vida de millones de personas ancladas en la precariedad y en una vida que parece que no va a ninguna parte, vidas rotas o casi rotas por una sociedad que no cuida a los suyos y cuyos valores ultraliberales no dan respuesta a nadie que viva de vender su fuerza de trabajo.
Y repasamos el Madrid real, el de la gente corriente que se ve expulsada de sus barrios y que, probablemente, solo quiera que “El rápido”, o como se llame el lugar donde se acerca a desayunar porque le gusta que le llamen por el nombre sin necesidad de escribírselo en un vaso de papel por muy historiado que sea, no cierre nunca.
Pero no se fíen porque detrás de esa prosa realista hay un autor enamorado de las películas de acción y del humor. Se reirán con las ocurrencias de Jaime y con esa forma de hablar entre el cinismo, la ironía y ciertas dosis de ingenuidad; también con escenas disparatadas en alguna finca de la Mancha con un no menos disparatado dueño. Por no hablar del desenlace, del que no cuento nada porque destripar los libros es una cosa muy fea.
En resumen, lean “Todo empieza en septiembre”. Por todo lo que les he contado y porque, en unas palabras que dejó escritas el propio Daniel hace ya mucho tiempo y que suelo aprovechar para felicitar el día del libro: “Leed a los anónimos, a los subterráneos, a los olvidados. Leed a los que se dejan el estómago en la tarea. A los que vomitan vuestros miedos.
Leed a los que os dan respuestas, pero sobre todo leed a los que os plantean las preguntas.
A los que tropiezan y caen al suelo.
Leed mucho. Pero leed viviendo. Leed con otros, prestad los libros, hablad de ellos como vísceras valientes y no como objetos de museo”.
Lean.







