25 de abril de 1974, el día en que los militares progresistas y el pueblo derrocaron la dictadura

En el 50º aniversario de la Revolución portuguesa

La nacionalización de la banca y otros sectores estratégicos, el control obrero y la Reforma Agraria pusieron a Portugal en el camino hacia el socialismo
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25 de Abril. Revolución de los Claveles

En 2024, el pueblo portugués, y con él todo el mundo democrático y progresista, celebrará el 50º aniversario de la “Revolución de los Claveles”, que fue la primera y hasta la fecha única revolución social en Europa Occidental después de la Segunda Guerra Mundial.

La Revolución de Abril, cuya fase ascendente se desarrolló fundamentalmente en los años 1974/76, fue una revolución que, además de su objetivo central de conquistar la libertad y también el fin de las guerras coloniales, llevó a cabo profundas transformaciones anti-monopolistas que liquidaron el capitalismo estatal monopolista y cambiaron radicalmente las estructuras económicas del país y las condiciones de vida de los portugueses.

El derrocamiento del régimen fascista el 25 de abril de 1974 fue obra de un levantamiento militar liderado por el Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA) al que la dictadura, sumida en una profunda crisis y completamente aislada a nivel nacional e internacional, casi no opuso resistencia. Sin embargo, culminando la ofensiva popular que se había estado desarrollando en todos los frentes —es decir, con el amplio movimiento huelguista de la clase obrera y otros trabajadores y la intensificación de la lucha contra las guerras coloniales— estuvo el poderoso levantamiento popular que inmediatamente le siguió, que transformó el 25 de abril en una revolución.

Revolución social. Sólo el pueblo salva al pueblo

Los trabajadores y el pueblo no simplemente apoyaron la acción militar del MFA, salieron a las calles en todo el país, tomaron la iniciativa en sus propias manos, exigiendo el desmantelamiento de las estructuras represivas del régimen, la disolución de la PIDE —la siniestra policía política—, la liberación inmediata de los presos políticos, el fin de la censura, la legalización de los partidos políticos, la superación de las resistencias en el poder político en construcción y el empuje del propio MFA a posiciones más avanzadas, mucho más allá de su programa inicial.

La Revolución de Abril, al contrario de lo que pretendían las corrientes liberales y socializadoras de la oposición democrática, que aspiraban a una simple “transición política” a ser posible pactada con los llamados “fascistas disidentes”, fue una profunda revolución social.

Una Revolución que, como toda revolución auténtica, está marcada por rasgos originales que corresponden a la pecualiaridad de la situación portuguesa: un país atrasado pero con un alto grado de concentración monopolista; colonialista, poseedor del más antiguo imperio colonial, pero simultáneamente dominado por el imperialismo; con una clase obrera organizada y combativa y un partido comunista que verdaderamente se convirtió en la vanguardia de la clase obrera y se afirmó como la gran fuerza de la Resistencia a la dictadura.

El Partido Comunista a la vanguardia

Como siempre ha dicho el PCP, no existen “modelos” de revolución y para comprender el proceso original de la Revolución portuguesa es necesario tener en cuenta la naturaleza del régimen fascista de Salazar y Caetano que, en la definición del PCP, era la “dictadura terrorista de los monopolios (asociados al imperialismo) y los terratenientes”. Esta realidad dictaba que, para poner fin a medio siglo de dictadura y alcanzar la libertad (objetivo que unía a la oposición democrática), era necesario destruir la base de apoyo del fascismo: los grandes monopolios (siete fundamentales) y los latifundios (dominantes en el Sur del País) y el reconocimiento inmediato de la independencia de los pueblos colonizados que luchaban por su liberación.

El PCP, que a costa de grandes sacrificios fue el único partido que resistió a la violencia de la represión fascista y se organizó clandestinamente, definió correctamente el camino hacia el derrocamiento del fascismo —la insurrección popular armada— y la revolución antifascista como “Revolución democrática y nacional”, etapa inseparable de la lucha por el socialismo en Portugal. Es un mérito histórico de los comunistas portugueses que el proceso de la Revolución, con sus inevitables sorpresas y particularidades, ha confirmado, en sus líneas fundamentales, el Programa aprobado en 1965 en el VI Congreso del PCP.

Desde el primer momento, las fuerzas reaccionarias y contrarrevolucionarias, alojadas en el propio poder político-militar (donde pontificaba el general Spínola), conspiraron contra la Revolución. Como parte de la intensificación de la lucha de clases, las campañas contra el PCP alcanzaron niveles de violencia extraordinaria con la acción de grupos terroristas radicados en la España franquista. Pero en una lucha muy dura, en la que el movimiento sindical de clase, los comités de trabajadores y otras estructuras unitarias desempeñaron un papel central, las masas populares, en alianza con los militares progresistas —la alianza Pueblo-MFA— impusieron sucesivas derrotas a los golpistas y lograran grandes logros revolucionarios. La nacionalización de la banca y otros sectores estratégicos de la economía, el control obrero y la Reforma Agraria en la zona del latifundio fueron logros que, como había señalado el PCP, realmente pusieron a Portugal en el camino hacia el socialismo. Logros que la Constitución de la República Portuguesa —aprobada por la Asamblea Constituyente el 2 de abril de 1976— consagró, a pesar de la victoria (parcial) del golpe de Estado del 25 de noviembre de 1975 que, con la derrota de la izquierda militar y la destrucción del MFA, abrió el camino a la contrarrevolución.

La Revolución de Abril fue en sí misma una afirmación de la soberanía y la independencia nacional que prestigió a Portugal en todo el mundo, particularmente entre los movimientos de liberación y otras fuerzas revolucionarias y progresistas, particularmente en África, Asia y América Latina, y que abrió el camino a una política de paz, cooperación y amistad con todos los pueblos.

La resistencia de las fuerzas reaccionarias y contrarrevolucionarias

Como era de esperar, el imperialismo dirigió sus poderosas baterías contra el Portugal revolucionario. La injerencia y la conspiración contra la Revolución adquirieron contornos particularmente graves en relación con el imperialismo norteamericano y la socialdemocracia europea, conspiración en la que es público y notorio el lamentable papel de Mário Soares y el Partido Socialista. Y si no se concretó una intervención militar directa que algunos propugnaban, fue debido a la favorable correlación de fuerzas a nivel internacional con la autoridad y el prestigio de la URSS y el campo de los países socialistas y el clima de desescalada que se vivía entonces en Europa, que tuvo expresión en la histórica Conferencia de Helsinki.

La Revolución sacudió las relaciones de sumisión de Portugal al imperialismo, sin embargo no consiguió cortar completamente los lazos de dependencia externa con los EUA, la OTAN, las grandes potencias capitalistas de Europa, lazos que además se agravaron con la entrada de Portugal para la CEE/Unión Europea. Esto es una limitación de la Revolución de Abril.

Destruyeron muchos de sus logros pero sería un error devaluar lo que significó y significa aún hoy en el proceso de emancipación nacional y social de la clase obrera

Una característica particularmente importante de la Revolución de Abril es que sus grandes logros fueron impuestos en la práctica por la organización, movilización e iniciativa creativa de las masas populares y sólo más tarde fueron reconocidos y convertidos en ley por el poder político-militar. Pero si bien es notable que las masas populares tuvieron la fuerza para imponer grandes logros democráticos desde abajo —políticos, económicos, sociales y culturales—, no tuvieron, sin embargo, la fuerza suficiente para crear un poder revolucionario. Confirmando que, como destacó Álvaro Cunhal, “el Estado es el tema central de cada revolución”, siendo ésta la gran limitación de la Revolución portuguesa.

La Revolución de Abril es una revolución inacabada. Muchos de sus logros fueron destruidos o seriamente disminuidos. Sin embargo, sería un error devaluar lo que significó y significa aún hoy en el proceso de emancipación nacional y social de la clase obrera, de los trabajadores y del pueblo portugués. Hay un “antes” y un “después” de Abril y los comunistas estamos seguros de que la ofensiva reaccionaria de falsificar la historia para ajustar cuentas con el 25 de abril no pasará. La Revolución portuguesa dejó profundas huellas de logros, experiencias y valores que son base del actual Programa para una Democracia Avanzada – Los Valores de Abril en el Futuro de Portugal, que el PCP propone al pueblo portugués y que es parte integral del Portugal socialista del futuro.

(*) Miembro de la Comisión Central de Control del PCP