Nuestra pionera de hoy es Mary Eliza Mahoney, la primera mujer afroamericana que se desempeñó profesionalmente como enfermera en los EE.UU. con estudios reglados oficialmente.
Y no olvidó de dónde venía, porque la lucha por los derechos de las mujeres y contra la discriminación racial estuvo siempre presente en su vida y su actividad.
Mary Eliza nace en 1845, Massachusetts; la hija mayor de un matrimonio de esclavos liberados de Carolina del Norte que se mudaron más al norte buscando un entorno con menor discriminación y que pudiera darle una formación.
Esta formación empezó en la Phillips School, una escuela integrada no segregadora donde fue admitida con 10 años. En esta escuela coexistía el aprendizaje de las materias más académicas con enseñanzas de valores y se supone que fue el germen de los intereses profesionales de la Mahoney adulta, junto con la terrible realidad de la guerra civil y la consecuente irrupción de enfermeras que atendían a los heridos.
Mahoney tenía claro que no pensaba seguir el plan de vida que les tenía trazada la sociedad racista del siglo XIX a las mujeres como ella y no pensaba servir en ninguna casa. Quería ser enfermera e iba a luchar y hacer lo que fuera necesario para conseguirlo, así que a los 18 años entra a trabajar en el New England Hospital for Women and Children donde estuvo 15 años desempeñando tareas de lo más variopinto: estuvo en cocina, en conserjería y en lavandería pero también pudo trabajar como auxiliar de enfermería y reafirmarse en su convencimiento de que la enfermería era lo suyo.
Después de esta larga etapa de trabajo, inicia por fin los estudios para alcanzar su sueño: es admitida en el primer programa de enfermería profesional que se impartía en los EE.UU., un programa intensivo de 16 meses que admitía a estudiantes que debían ser «buenos y fuertes, entre las edades de 21 y 31 años, y tendrían una buena reputación en cuanto a carácter y disposición». Es de suponer que a Mahoney le pesaron los 15 años de duro trabajo en el hospital porque ya contaba con 33 años y, por tanto, quedaba fuera del criterio establecido.
El programa era intenso y muy duro. Habían de pasar al menos un año en los distintos departamentos del hospital para adquirir los conocimientos básico de enfermería, con largas jornadas a las que sumar la asistencia a conferencias y dictado de lecciones por parte del cuerpo médico. Además, durante los últimos dos meses habían de buscar trabajo en entornos con los que no estuvieran familiarizados como otros hospitales o domicilios privados.
Para que nos hagamos una idea de la dureza del programa, de los 42 estudiantes que lo iniciaron solo Mary Eliza y 3 compañeras pudieron acabarlo, recibiendo el título, y quedando el resto por el camino.
Y, de las cuatro, solo Mahoney era una mujer negra y se convirtió, así, en la primera mujer afroamericana titulada enfermera. Corría el año 1879.
Pese a las dificultades de iniciar carreras profesionales que tenían las mujeres negras, Mahoney trabajó durante años como enfermera en domicilios privados que, por razones que podréis imaginar, resultaban de familias ricas y blancas. Como también podréis imaginar fácilmente, estas enfermeras eran tratadas como sirvientas y no como las profesionales que eran. Y ahí también se arremangó nuestra protagonista para cambiar la historia que pretendían escribirle.
Con el aval de su enorme profesionalidad, reputación y los cambios que introdujo en la práctica de la enfermería, insistiendo en tratar al paciente con la atención y cuidados que requerían (incluido, no es necesario insistir, aquellos pacientes que provenían de minorías raciales) Mahoney plantó cara a la doble discriminación que sufrían quienes, como ella, eran mujeres y afroamericanas.
En 1908 crea la Asociación Nacional de Enfermeras Graduadas de Color para acabar con la discriminación racial y denunció las desigualdades en la educación
En 1886 ingresa como miembro en la Asociación de Enfermeras de EE.UU. y Canadá, predominantemente blanca y donde las mujeres negras no eran en absoluto bien recibidas. No hay problema, nuestra pionera decide fundar una nueva asociación de enfermeras donde todas sean bienvenidas, independientemente de su color: en 1908 crea, gracias a las ayuda de Martha Minerva Franklin y Adah B. Thorns, la Asociación Nacional de Enfermeras Graduadas de Color con el objetivo de acabar con la discriminación racial y apoyar los logros de quienes accedían al campo de la enfermería desde las minorías. En 1909 dio un histórico discurso de bienvenida en esta Asociación denunciando las desigualdades en la educación y su lucha para que las mujeres afroamericanas fueran admitidas como estudiantes.
Posteriormente, Mahoney ejerció la responsabilidad de Directora del Orfanato Howard para niños negros en Long Island, Nueva York, una institución que también acogía a ancianos liberados y que estaba dirigida por afroamericanos. Allí nuestra protagonista pudo acabar su carrera profesional haciendo lo que mejor sabía: poniendo su conocimiento al servicio de quien lo necesitara.
Aprovechó su jubilación para implicarse de manera sobresaliente en conseguir el voto para las mujeres y defender los derechos de las mujeres afroamericanas
Pero ojo que aquí no acaba su carrera activista. Mary Eliza aprovechó su jubilación para implicarse de manera sobresaliente en conseguir el voto para las mujeres y comprometerse con los derechos civiles en los EE.UU. Una vez aprobada la decimonovena enmienda, en 1920 Mahoney fue una de las primeras mujeres en Boston en registrarse para votar.
A los 80 años, y después de luchar durante tres años contra un cáncer de mama, Mahoney murió el 4 de enero de 1926.
En 1936 se estableció un premio que lleva su nombre, y que se entrega cada dos años en la actualidad, con el que se busca reconocer las contribuciones significativas de quienes, como Mary Eliza Mahoney, trabajan en el avance de la igualdad de oportunidades en enfermería para miembros de grupos minoritarios.








