Faustino Cordón, pensamiento y obra

Faustino Cordón, despacho, laboratorio

Podría ser que en su profunda fidelidad a Darwin, la obra de Cordón haya sufrido un eclipse como el que afectó al darwinismo durante las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del XX

Faustino Cordón se pasó la vida escribiendo, o, para ser más precisos, diríamos que la pasó (una larga vida productiva, a pesar de la guerra, la posguerra y el exilio interior), leyendo, reflexionando y escribiendo. Dejó miles de notas personales que constituían la materia prima de sus textos teóricos más elaborados. Dejó también, en el ámbito público, una serie de libros que jalonan el desarrollo progresivo de su pensamiento teórico, en su mayor parte descatalogados y accesibles solo como libros de segunda mano. Afortunadamente, en la página web Faustino Cordón, biólogo evolucionista (https://faustinocordon.org/) casi todos ellos se encuentran disponibles con texto completo. Entre los títulos dedicados al papel social de la actividad y del pensamiento científicos, destacan La actividad científica y su ambiente social (1962), Pensamiento general y pensamiento científico (1976), y La función de la ciencia en la sociedad (1976). El desarrollo de las líneas maestras de su teoría evolucionista puede seguirse desde La evolución conjunta de los animales y su medio (1966) hasta Conversaciones con Faustino Cordón sobre biología evolucionista (1979), un texto intenso y profundo, donde Antonio Núñez, su autor/transcriptor, consigue mostrar de forma transparente y didáctica el curso del pensamiento de Cordón en marcha.

Por lo general, la ciencia actual no concibe la teoría si no se formula en términos de modelos matemáticos, y en muchas ocasiones, especialmente en biología, no es fácil distinguir la teoría de la filosofía

Desde que fue consciente de haber enunciado una teoría biológica original y de amplio alcance, el objetivo último de Cordón fue publicar un extenso tratado que recogiera la versión definitiva de su pensamiento. El primer volumen de ese tratado se publicó en 1978 con el título de La alimentación base de la biología evolucionista. Historia natural de la acción y experiencia. Volumen I, y estaba dedicado al primer nivel de ser vivo, el protoplásmico (más tarde denominado basibiónico). La traducción inglesa del texto se publicó en 1982. La segunda parte del tratado, dedicada al nivel celular de ser vivo,se publicó en dos volúmenes en 1990 y 1994, respectivamente. Sin embargo, los libros de Cordón que han tenido más difusión han sido los dedicados al origen del hombre, La naturaleza del hombre a la luz de su origen biológico (1981), y especialmente Cocinar hizo al hombre (1980), cuya séptima edición todavía puede encontrarse en las librerías.

Cordón fue un conferenciante intenso y brillante, y tanto los textos de sus conferencias como sus numerosos artículos periodísticos, todos ellos disponibles en la citada página web, permiten seguir década a década y casi año a año, su lucha permanente para perfilar mejor los conceptos principales de su teoría biológica y para darlos a conocer a todas las personas interesadas. Durante muchos años fue uno de los biólogos más conocidos y leídos en el país, pero su importante legado teórico no parece haberse transmitido de forma general, por el momento, más allá de las generaciones que tuvimos la fortuna de escucharle y aprender con él. Por lo general, la ciencia actual no concibe la teoría si no se formula en términos de modelos matemáticos, y en muchas ocasiones, especialmente en biología, no es fácil distinguir la teoría de la filosofía, y ambas corren el riesgo siempre de ser tachadas de mera “especulación”. Podría ser que, en su profunda fidelidad a Darwin, la obra de Cordón haya sufrido un eclipse como el que afectó al darwinismo durante las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del XX.


CONTRIBUCIÓN AL LIBRO “CANTO POR LA PAZ”. 1983, Madrid
Como biólogo se me impone que todo un enorme sector del cosmos, al menos todo nuestro sistema solar, ha tenido que interactuar conjuntamente un tiempo desmesurado para que, en determinado lugar —punto escogidísimo del mar primigenio de nuestro pequeño planeta— y en el momento de maduración preciso, todo el inmenso proceso integrado alumbrara el primer foco tenuísimo de conciencia. Desde este surgimiento, a lo largo de varios millones de años, los seres vivos han ido perfeccionando lentísimamente su capacidad de percibir y gobernar su entorno, paulatinamente más extenso y profundo. Hasta culminar en un hombre capaz de entender el universo que lo ha realizado o, dicho de otro modo, en el que el universo ha adquirido, al fin, conciencia de sí.
Así, la insensata posibilidad de aniquilar, ahora, por una guerra nuclear al ser que lleva consigo una radiante claridad significa apagar la conciencia que el todo ha tomado de sí, cegar el todo, matarlo, crimen de estúpida facilidad, lo más parecido a un deicidio verdadero.

(*) Alberto Rábano, neurocientífico y colaborador de F. Cordón

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