La ciencia en la vanguardia del desarrollo social

La ciencia evolucionista es para Cordón la ciencia del futuro, capaz de integrar en pensamiento general los resultados de todas las ciencias particulares, naturales y humanas
Homínidos a homo sapiens
Foto: wikimedia commons

Cordón no dejó nunca de reflexionar sobre el contexto social y político de la ciencia. Identificó siempre el marco más general y abarcador del pensamiento científico con el materialismo dialéctico, y el origen y la evolución del ser humano con el materialismo histórico

Los que tuvimos la fortuna de trabajar con Faustino Cordón en el último periodo de su vida activa como científico teórico (años 80 y 90 del siglo pasado) conocimos bien la dimensión social, cultural y filosófica de su pensamiento. Fue su compromiso político juvenil lo que le llevó a hacerse científico profesional y, aunque desarrolló su trabajo en la industria, excluido del mundo académico oficial durante el franquismo por su condición de “exiliado interior”, no dejó nunca de reflexionar sobre el contexto social y político de la ciencia. De acuerdo con su propia visión teórica, la ciencia habría atravesado tres fases históricas principales, la empírica, la experimental y la evolucionista, y es en esta última donde se inscribiría su propio trabajo como biólogo teórico. La ciencia evolucionista es para Cordón la ciencia del futuro, capaz de integrar en pensamiento general los resultados de todas las ciencias particulares, naturales y humanas, de acuerdo con el lugar que cada una ocupa en la evolución de la realidad material como un todo. Cordón identificó siempre el marco más general y abarcador del pensamiento científico con el materialismo dialéctico, y el origen y la evolución del ser humano con el materialismo histórico. La noción clave en la biología de Cordón para la comprensión del ser vivo, la acción y experiencia, es esencialmente dialéctica. También se formulan en términos dialécticos en su teoría el proceso de diferenciación de las especies, descubierto por Darwin, y el surgimiento de cada nivel de ser vivo a partir de la actividad integrada de seres vivos del nivel inmediatamente inferior. Sin duda, las conversaciones que mantuvo Cordón con Eloy Terrón (1919 – 2002), filósofo marxista y estrecho colaborador durante décadas, contribuyeron a perfilar la dimensión dialéctica, de fondo hegeliano y marxista, de su pensamiento biológico. Según una fórmula que Cordón utilizaba con frecuencia, Darwin, con quien se inicia la biología moderna, cabía en Marx, si bien Marx, con una visión teórica que abarcaba toda la realidad, natural e histórica, no cabía en Darwin. A este respecto, es interesante el papel que Cordón atribuye al trabajo, la actividad cooperativa en la búsqueda de alimento, en el paso del homínido al Homo sapiens. Es esta actividad, que progresivamente fue favoreciendo, por selección natural, el desarrollo paralelo de la capacidad de elaboración de herramientas y del lenguaje humano, y finalmente del lenguaje interiorizado, el pensamiento, la que generó la acción y experiencia propiamente humana. Se trata de un planteamiento del origen evolutivo del ser humano heredero del que un siglo antes había propuesto Friedrich Engels en su Dialéctica de la naturaleza.

Según Cordón, Darwin cabía en Marx, si bien Marx, con una visión teórica que abarcaba toda la realidad, natural e histórica, no cabía en Darwin

Todos los seres vivos, cada uno en el nivel de integración energético-material (de acción y experiencia) que le corresponde, se definen por su propia individualidad física, su cuerpo (soma) y su actividad como agente (psique), y también por su medio, constituido principalmente por los otros seres vivos, de diferentes especies, con los que entra en relación. En el caso del ser humano, en cambio, gracias al trabajo, el lenguaje y el pensamiento, el medio, su medio específico, está constituido por otros seres humanos, y potencialmente, por toda la humanidad. Este medio, en su expresión más avanzada, más “alta”, por decirlo con un término muy característico de Cordón, es el pensamiento general. Esta noción es clave en el pensamiento sociopolítico de Cordón. La era de la ciencia experimental, que se inició con la Revolución Industrial, debe ser superada por la ciencia evolucionista. La investigación ultraespecializada basada en principios reduccionistas y mecanicistas, la experimentación ciega, al servicio de intereses privados, debe dar paso a un pensamiento científico que permita un conocimiento global e integrador de la realidad conforme a su propia naturaleza y evolución. Solo un pensamiento general de base profundamente científica, continuamente revisado y actualizado, puede servir de guía a la actividad productiva y cooperativa de los seres humanos. Así, el progreso humano real puede medirse históricamente por el incremento de esa actividad cooperativa fundamental y por el conocimiento creciente de la realidad como un todo. La ciencia, así, como actividad colectiva, pública y global, debe estar en la vanguardia del desarrollo social.

Es interesante el papel que Cordón atribuye al trabajo, la actividad cooperativa en la búsqueda de alimento, en el paso del homínido al Homo sapiens

A ese pensamiento general, el más alto en cada momento, deberían poder tender y contribuir todos los seres humanos. Esa debería ser la función de la cultura, y también la de la cultura científica. El propio Cordón ejemplificó, en su método de trabajo teórico, esta relación estrecha y dinámica, también dialéctica, entre cultura, ciencia y pensamiento general. Aunque su objetivo último, en las últimas décadas de su vida, fue elaborar un Tratado de Biología Evolucionista, del que acabaría publicando dos volúmenes, la elaboración paulatina de sus ideas, recogida en miles de notas personales de trabajo, fue dejando a lo largo de los años 60 – 80 del siglo pasado un valioso testimonio público en forma de libros, artículos periodísticos y conferencias. En esos textos, que hoy podríamos considerar como divulgativos, pudimos seguir entonces las huellas de su pensamiento teórico en marcha, en desarrollo. Y en ellos nos invitaba el autor a acompañarlo en esa aventura científica y cultural, de camino hacia la ciencia evolucionista, hacia el pensamiento general. Así entendía Cordón la divulgación científica.

(*) Alberto Rábano, neurocientífico y colaborador de F. Cordón

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