A siete meses del anuncio del cierre de la factoría pamplonesa de BSH, la dirección de la compañía dedicada a la fabricación de electrodomésticos ha cumplido su amenaza y, tras el acuerdo alcanzado con la plantilla en forma de ERE, ha confirmado que la planta cerrará sus puertas de manera definitiva a finales de 2025, llevándose por delante un millar de empleos, 609 de ellos directos.
A pesar de las numerosas y masivas movilizaciones y de las gestiones llevadas a cabo por los gobiernos autonómico y central, la delegación española del grupo alemán BSH, que en Navarra fabrica frigoríficos y lavavajillas, ha mantenido en todo momento su hoja de ruta inicial, que tiempo antes del anuncio de diciembre de 2024 ya apuntaba al vaciado de la fábrica ubicada en Esquíroz, una pequeña localidad cercana a la capital navarra.
Llegado el verano, sin más tiempo para negociar y tras los continuos desplantes por la parte empresarial, el pasado 21 de julio la mayoría de la plantilla (el 78%) aprobó el preacuerdo sobre el ERE que había negociado el Comité de empresa. El documento, que contaba con el visto bueno de los sindicatos UGT, CC.OO., Solidari y Atiss y el posicionamiento en contra de ELA y LAB, establece indemnizaciones para menores de 55 años de 45 días por año trabajado, sin tope de mensualidades y una paga lineal de 1.500 euros brutos por cada año completo de antigüedad. Para mayores de 55 años se han pactado prejubilaciones. Las personas menores de 50 años trabajarán hasta el 30 de noviembre, y los mayores de esa edad, hasta el 31 de diciembre.
El ERE, que afecta a 609 trabajadores despedidos (la empresa se ha comprometido a recolocar a unos 50 empleados) es el mayor que se ha dado en Navarra, y ha hecho estéril el intento de aplazar los plazos del proceso por parte de los gobiernos autonómico y español, con la esperanza de que pudiera materializarse algún acuerdo con inversores interesados en la fábrica, un argumento que nunca ha sido admitido por BSH. Será ahora, al abandonar el grupo alemán las instalaciones, cuando se abra la posibilidad de que nuevas empresas puedan utilizar las infraestructuras actuales, bajo el paraguas del Gobierno de Navarra.
Tanto los sindicatos que apostaban por el ERE como un mal menor, como aquellos que se oponían a él, han destacado la tragedia que supone para la industria navarra este cierre, que afecta no solo a los empleos directos e indirectos, sino al conjunto de la clase trabajadora, a la que han despojado de futuros empleos y de los recursos económicos públicos que el grupo alemán ha recibido en las últimas décadas.
Apoyo social. Esa mayoría social navarra se ha volcado en los últimos meses con la plantilla afectada y contra el cierre, secundando las numerosas movilizaciones que han tenido lugar en Iruñea, la última de ellas el 5 de julio y la más numerosa la que congregó a más 3.500 personas en las calles de la capital foral el 21 de diciembre de 2024. También los partidos políticos de izquierda han mantenido un pulso contrarreloj ante las prisas que siempre ha tenido la multinacional por cerrar la factoría. En ese sentido, Izquierda Unida de Navarra (IUN-NEB) trasladó en marzo al Parlamento Europeo, a través de la eurodiputada de Sumar, Estrella Galán, las reivindicaciones de la plantilla de BSH, pidiendo a la Comisión Europea que entablase un diálogo con la empresa. Ante un claro ejemplo de deslocalización industrial como éste, IUN-NEB manifestaba que las instituciones europeas debían velar por el sostenimiento del empleo y de la industria.

Además de la que cerrará definitivamente sus puertas a finales de 2025, BSH Electrodomésticos España tiene otras tres grandes fábricas en el Estado: dos en Aragón (en La Cartuja y en la Montañana) y otra en Cantabria. En total, algo más de 4.000 trabajadores y trabajadoras. Hasta ahora, claro.
Muchos mayores son los números del conglomerado BSH, considerado el mayor fabricante de electrodomésticos europeo, nacido de la unión de Bosh y Siemens, aunque actualmente la propiedad única recae en el grupo Bosh. En total, 40 fábricas repartidas en Europa, Asia y América, con una facturación reconocida de 15.300 millones de euros en el año 2024, lo que supone un incremento interanual del 3%.
Apuesta por otros mercados. Ajeno a estas notables cifras y aunque traumático, el cierre de BSH no ha pillado por sorpresa a los y las trabajadoras. De hecho, hace apenas un año el Comité de empresa había comparecido en el Parlamento foral para denunciar la situación de la factoría, advirtiendo de que la inercia era muy negativa: en los últimos diez años la planta había perdido la mitad de su carga productiva y se habían aplicado varios ERTE. Si echamos un vistazo a las cuentas de la multinacional de 2024 encontramos la pista definitiva para entender el cierre. Mientras que en Turquía, Oriente Medio, África e India vive un fuerte crecimiento de su facturación (cercano al 14%), en Europa reconoce un descenso del 2%, aunque no en todos los países por igual. En España, si bien ha reducido las ventas, sigue siendo la empresa líder en el sector, comercializando marcas como Balay, Bosch y Siemens.
Las instalaciones actuales ubicadas en Esquíroz, que recogen parte del legado de la histórica empresa Super Ser y posterior Safel dedicadas a los electrodomésticos de marca blanca, fueron construidas a mediados de los años 80 con dinero público y vendidas a Bosh cuando la compañía propiedad del Gobierno de Navarra empezaba a tener beneficios. La compra por parte de los germanos se enmarcaba dentro de la campaña de expansión que realizó la compañía esos años, que también adquirió la aragonesa Balay.
La venta de Safel a Bosh-Siemens, por cierto, tuvo su particular ‘toque navarro’, con un episodio de corrupción que recuerda mucho al actual caso Koldo o Santos Cerdán. De aquella, los tribunales corroboraron que a cambio de conseguir un precio más que interesante por la fábrica navarra (5.000 millones de pesetas), la actual BSH desvió unos 200 millones de pesetas a unas cuentas suizas a nombre de Gabriel Urralburu (entonces presidente autonómico, del PSN), Luis Roldán (delegado del Gobierno) y otros cabecillas del gobierno socialista de la época.
La compra de la fábrica por parte de Bosh en los años 80 estuvo salpicada por un caso de corrupción que salpicó a la dirección del PSN, en aquellos años en el Gobierno de Navarra
Cierres anteriores. Con el inminente despido colectivo y cese de actividad, BSH da carpetazo a su presencia en Navarra, tras los no tan lejanos cierres de las plantas de Ufesa en Etxarri Aranatz en 2005, la Agni de Estella en 2015, y la de Pamplona dedicada a fabricar frenos en 2009, además del traslado a Zaragoza de las oficinas del grupo, ubicadas antes en Uharte.
Un desembarco y posterior huida de territorio navarro que saca a la luz una lógica capitalista que bien conoce la clase obrera: tras hacer negocio —tanto con el dinero público recibido como con la compra a precio de saldo de fábricas— una multinacional deslocaliza la producción, trasladando sus activos a países en los que los costes laborales son inferiores. En este caso, a las plantas que el grupo alemán tiene en Turquía y Polonia. De hecho, y desde que se dio a conocer el cierre, los sindicatos han defendido la viabilidad de la planta de frigoríficos y lavavajillas de Esquíroz y han refutado las causas organizativas y productivas que argumentó BSH a la hora de presentar el ERE.
Y a pesar de que, finalmente, en este caso la movilización no ha servido para mantener abierta la fábrica, estos últimos cierres de BSH, Sunsundegui o Nano Automotive han dejado claro que las políticas que hasta ahora se han llevado a cabo para incentivar la industria en la Comunidad Foral deben ser revisadas, situando en el centro un Plan Público de Industria que ponga al servicio de la mayoría social navarra los recursos económicos y productivos, erradicando del territorio nuevos episodios de especulación, derroche y deslocalización, que solo benefician al gran capital internacional.







