La debacle electoral de Milei en la Provincia de Buenos Aires ratifica algunas hipótesis exploratorias sobre la comunicación política y el trumpismo que nos rodea. Particularmente, el declive político de Libertad Avanza da cuenta de la naturaleza y alcance de la nueva retórica del fascismo 2.0., una lógica discursiva que altera los cronotopos; primero, como argumenta en El temblor de las ideas Diego Sztulwark, acelerando, modo futurismo, la experiencia del furor, el odio, y la guerra, en una estructura del sentimiento que habilita el devenir autoritario, previo vaciamiento del dominio público, de las instancias comunes en los mundos de vida. La malversación del lenguaje, la pospolítica de la corrupción semántica acompaña esta restauración de la motosierra por medio de la praxis belli, una dinámica cultural que se alimenta de la precariedad, el brutalismo, la metamorfosis de la mediación que introduce la cultura digital y la farsa política del fetichismo de la mercancía. Pero la política performativa no puede perdurar. O, digamos, para ser más precisos, que dura lo que la intensidad emocional de cuerpos y subjetividades permite. Normalmente, poco tiempo. Ya conocen la ley de la propaganda. Uno puede engañar a todo el público de forma provisoria, especialmente en campaña electoral, pero no es posible, más allá de Goebbels, manipular todo el tiempo a todo el mundo. En suma, la retórica del despojo, el enmascaramiento, la impotencia y la dislocación que el proyecto restaurador introduce tiene, como la mentira, las patas muy cortas y el alcance de la lengua muy limitada. Pero, en política, como en la vida misma, destruir siempre es más fácil. Y en ese empeño la oligarquía financiera y sus cipayos han conseguido socavar no ya el estado de bienestar en Europa, sino las bases mismas de la democracia, con el retorno espectral de fantasmas y fantasías feudales del pasado siglo. Ojo, no solo en Argentina. En nuestros medios autonómicos se vacía a diario de contenido el Estado social de derecho, por la vía de la propaganda ultraderechista, y en la RTVE no parece que se hayan enterado que en Gaza no tiene lugar una guerra sino un genocidio. Un análisis de contenido sobre el tratamiento del telediario demuestra que la cobertura periodística del ente público no corresponde con los estándares deontológicos de la UNESCO, ni es apropiado al drama humanitario que vive el pueblo palestino. No solo se califica el conflicto como una guerra, cuando las evidencias de todas las organizaciones humanitarias constatan que estamos ante un claro plan de exterminio. Además, pese a que la RTVE se suma a la petición de la campaña de Reporteros Sin Fronteras denunciando el asesinato sistemático de informadores por parte del gobierno de Netanyahu, los servicios informativos siguen sin revisar los criterios exigibles desde el punto de vista de la responsabilidad informativa con la situación extrema que se vive en Oriente Próximo.
En política, como en la vida misma, destruir siempre es más fácil. Y en ese empeño la oligarquía financiera y sus cipayos han conseguido socavar no ya el estado de bienestar en Europa, sino las bases mismas de la democracia
El periodismo de declaraciones, la falta de criterio en la ponderación de las informaciones manipuladas por las redes de propaganda sionista, la nominación de una campaña de barbarie genocida con toda suerte de eufemismos, cuando solo hay una fuerza ocupante y un ejército que atenta indiscriminadamente contra población civil indefensa, usando incluso el corte de suministro de agua y alimentos, prevalece y se impone, como si de un fenómeno natural se tratara, al necesario periodismo responsable, evitando situar en su debido contexto histórico la realidad del drama humanitario, tal y como ha denunciado la Relatora de Naciones Unidas en los Territorios Ocupados, Francesca Albanese, y como igualmente ha documentado la UNWWA, víctima de los asesinatos en instalaciones de protección civil y ayuda humanitaria, documentadas en el propio proceso iniciado ante la Corte Internacional de Justicia.
La información de contexto, el uso apropiado del lenguaje, así como la visibilidad de las organizaciones humanitarias que están denunciando la barbarie de Israel en Palestina sigue siendo una asignatura pendiente de RTVE y la mayoría de medios occidentales
Todos creíamos hasta hace relativamente poco tiempo que la experiencia de la UNESCO, surgida tras el drama del holocausto nazi, en la II Guerra Mundial, iba a servir para apostar en los medios por un periodismo preventivo, un periodismo humano comprometido con la paz, con la voz de las víctimas, situando en primer plano a la ciudadanía que hoy se moviliza frente a los discursos belicistas y del odio. La información de contexto, el uso apropiado del lenguaje, así como la visibilidad de las organizaciones humanitarias que están denunciando la barbarie de Israel en Palestina sigue siendo una asignatura pendiente de la Corporación y la mayoría de medios occidentales, cómplices, como la Comisaria Europea, del crimen de lesa humanidad que se está perpetrando por el gobierno israelí.
De acuerdo a las normas profesionales que desde la UNESCO se han ido definiendo con el holocausto en la memoria, y tras experiencias como la guerra de Kosovo o las matanzas en contra del pueblo kurdo, parece que ha llegado la hora de revisar principios, asumir las recomendaciones hace tiempo postuladas, cuestionar el rol de los medios y empezar a trabajar nuevas mediaciones cognitivas, una comunicación para la paz dispuesta a confrontar los estandartes de los tambores de guerra que voxiferan por doquier. Ahora bien, al fascismo 2.0 se le combate no en las redes, ni siquiera en la esfera mediática o las pantallas, sino más bien en las bases y raíces donde anida el huevo de la serpiente. Brecht fue claro a este respecto. Y nosotros más no podemos añadir, salvo que se avizora la liquidación y despido de los guionistas de Viernes 13. Tanto miedo no cabe en el cuerpo.







