Armando López Salinas

Armando siguió así hasta el final: digno, pensativo y humilde. Sin siquiera molestarse en abrir el paraguas ante la tormenta. Aunque hay que decir que el diluvio universal de mierda ni siquiera le rozó.
Etopeya de Armando López Salinas. Vázquez de Sola; Acrílico sobre Tela; 100 x 81 cm.
Etopeya de Armando López Salinas. Vázquez de Sola; Acrílico sobre Tela; 100 x 81 cm.

Luchó tanto que un día se dejó la literatura en el camino y nunca quiso volver para recogerla. O no tuvo tiempo.

¿Por qué dejaste de escribir, Armando? Te miraba fijamente, con la pupila algo mineral, como si esperara la pregunta que de verdad interesaba. Y no contestaba.

Al final solía repetir una frase a la hora de describir un presente cargado de corrupción y superchería: “Este diluvio universal de mierda”.

Armando había colaborado en la redacción interior de la Pirenaica, y en la construcción del tejido político de la transición, y en miles de luchas y rebeldías. Contribuyó como nadie en la coordinación de los intelectuales antifranquistas. Se desarrollaban las reuniones en una especie de contrabodeguillas: conspiraciones contra el poder. Quizá por eso no participó en el archipiélago de bodeguillas que se inauguró a partir de 1982, y que aún persisten: conspiraciones para el poder.

Su novela La mina se ha publicado de nuevo (en ediciones de David Becerra). En su momento fue condenada al ostracismo y tachada de los manuales de literatura. Pero él y sus amigos (Ferres, Jesús López Pacheco, Grosso), la denominada generación de la berza, persistieron. Pero hay que repetir que La mina no pasó “por motivos literarios”; también habría que decir que a pesar de las argucias críticas no se ha podido ocultar que el asunto era otro contexto: contenía un proyecto revolucionario frente a una cultura de la reconciliación con el poder y del secuestro de la literatura en la torre de marfil de la neutralidad.

Armando siguió así hasta el final: digno, pensativo y humilde. Sin siquiera molestarse en abrir el paraguas ante la tormenta. Aunque hay que decir que el diluvio universal de mierda ni siquiera le rozó.

Tomado de libro:
1917-2017. Desde que NOVIEMBRE se llama OCTUBRE
Felipe Alcaraz y Andrés Vázquez de Sol.
Editorial Atrapasueños

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