FANT 2026: el monstruo sigue mirándonos desde Bilbao

El fantástico continúa siendo uno de los géneros más honestos para retratar el presente, no es un refugio para escapar de la realidad, es una forma de mirarla de frente.
Escena de la película "Buzzheart", del director griego Dennis Iliadis
Escena de la película "Buzzheart", del director griego Dennis Iliadis

Este mes de mayo volvió a llenarse de criaturas imposibles, asesinos melancólicos, cuerpos mutantes y espectadores que siguen defendiendo el cine fantástico como  experiencia colectiva. Pero esta 32ª edición del FANT dejó algo claro desde sus primeras jornadas: el género atraviesa uno de sus momentos más fértiles y ya no tiene que mantener complejos como un territorio menor. El fantástico contemporáneo habla del presente con más honestidad que muchos dramas realistas. Y el festival bilbaíno parece haberlo entendido.

Durante nueve días, el Teatro Campos Elíseos, Azkuna Zentroa, los cines Golem y la Sala BBK se convirtieron en refugios para un cine que este año osciló entre el horror íntimo, la ciencia ficción política, el folk horror y los relatos atravesados por la ansiedad contemporánea. Había monstruos, sí, pero también películas profundamente humanas. Porque quizá el gran tema de esta edición fue precisamente ese: el miedo ya no viene de fuera. Ahora vive dentro del cuerpo, dentro de las relaciones y dentro de sociedades cada vez más agotadas.

El FANT 2026 también ha dejado una de sus ediciones más concurridas de los últimos años. Cerca de 10.700 personas pasaron por las distintas actividades del festival, una cifra que supone un aumento próximo al 20% respecto a la edición anterior y que evidencia el vínculo cada vez más fuerte entre el certamen y la ciudad. Un crecimiento que confirma además el excelente momento que atraviesa el cine fantástico y de terror, capaz de atraer a públicos muy distintos y cada vez más numerosos.

El ambiente del festival volvió a demostrar por qué el FANT conserva una personalidad propia dentro del circuito europeo aun siendo un festival no muy grande. Mientras otros certámenes parecen cada vez más preocupados por la industria y las alfombras rojas, Bilbao sigue manteniendo algo mucho más valioso: comunidad. Colas a las puertas de las salas, conversaciones improvisadas después de cada sesión, público joven mezclado con veteranos del género y maratones nocturnas donde todavía se aplaude, se ríe y se sufre colectivamente.

Buzzheart y el triunfo del horror emocional

El gran vencedor del FANT 2026 fue Buzzheart, del director griego Dennis Iliadis, que se llevó el Premio del Jurado al Mejor Largometraje de la Sección Oficial. Su triunfo resume bastante bien hacia dónde se mueve actualmente el fantástico contemporáneo: menos susto fácil y más incomodidad emocional. La película, una mezcla enfermiza de thriller psicológico y horror íntimo, se convirtió rápidamente en uno de los títulos más comentados del certamen gracias a una atmósfera opresiva y a una puesta en escena que utiliza la violencia emocional como auténtico motor del miedo. El jurado apostó claramente por una obra donde el terror no funciona únicamente desde lo visual, sino desde la fragilidad psicológica y las relaciones humanas deterioradas.

Muy distinta fue la elección del público, que premió La ventana abierta, de Ana Graciani. Un reconocimiento importante para una película que conectó especialmente bien con los espectadores del festival gracias a una propuesta más emocional y accesible, demostrando una vez más que el fantástico sigue siendo un territorio enormemente diverso.

El cortometraje como laboratorio del género

Si algo sigue definiendo al FANT es su defensa radical del cortometraje como espacio de libertad formal. Y esta edición volvió a demostrar que muchas de las propuestas más estimulantes del fantástico actual nacen precisamente en formatos pequeños. El premio al Mejor Cortometraje de la Sección Oficial fue para Hyena, de Altay Ulan, mientras que Cara de cona, de Guillermo de Oliveira, recibió una mención especial por su mezcla de extrañeza, incomodidad y humor negro.

Dentro de la sección vasca destacó especialmente El cuerpo de Cristo, de Bea Lema, premio al Mejor Cortometraje Vasco. Una obra que utiliza el imaginario religioso y el extrañamiento corporal para construir un relato profundamente personal sobre identidad y memoria. La sensación tras su proyección era clara: el fantástico vasco atraviesa un momento especialmente interesante. También fue reconocida Lorena Mariñelarena por su interpretación en Erreka Zoko Hortan, dirigida por Ekaitz Bertiz. Su trabajo, contenido y profundamente físico, fue una de las interpretaciones más comentadas dentro de las secciones de cortometrajes. El público, por su parte, premió Pobre marciano, de Álex Rey, una pieza que mezclaba humor absurdo, ternura y ciencia ficción desde un tono deliberadamente artesanal y melancólico.

Panorama Fantástico y nuevas voces

La sección Panorama Fantástico volvió a convertirse en uno de los espacios más interesantes del festival para descubrir nuevas cinematografías y autores emergentes. El premio al Mejor Largometraje recayó en Sasyq, del director kazajo Yerden Telemissov, una película de ciencia ficción que mezcla aventura, relato familiar y crítica social desde una mirada sorprendentemente luminosa. Frente al tono oscuro dominante en buena parte de la programación, Sasyq aportó algo poco habitual en el fantástico contemporáneo: esperanza.

En cortometrajes, el premio fue para Tenéis que verlo, de Nacho Solana, mientras que The Veil, de Gabriel Motta, recibió una mención especial gracias a su atmósfera hipnótica y esotérica. Además, el Premio Méliès de Plata al Mejor Cortometraje Europeo Fantástico fue para Lo que te falta, de Sara Bermejo, consolidando así la conexión del FANT con el circuito europeo del cine fantástico contemporáneo.

Actividades paralelas: el fantástico fuera de las salas

Uno de los mayores aciertos del FANT sigue siendo entender que el fantástico no termina cuando se encienden las luces de la sala. Las actividades paralelas volvieron a llenar Bilbao de exposiciones, encuentros y cultura underground. Especial interés despertó la nueva sección Fuera de Plano, dedicada a actividades relacionadas con la industria audiovisual y los procesos creativos.

La exposición Vistiendo películas, centrada en el trabajo de la diseñadora vasca Nerea Torrijos, fue una de las más visitadas del festival. También destacó Batman: gaueko zaindaria, muestra dedicada al personaje que además protagonizaba el cartel oficial de esta edición. El festival apostó igualmente por reforzar la presencia femenina dentro de la industria audiovisual mediante la I Jornada Industry: Mujeres guionistas, cine que avanza, donde participaron profesionales como Tamara García Iglesias, Aránzazu Calleja y Amancay Gaztañaga. Un encuentro que dejó claro que el fantástico hecho por mujeres ya no funciona como excepción, sino como una de las grandes fuerzas renovadoras del género. Y, por supuesto, regresaron las sesiones nocturnas y maratones donde el FANT recupera ese espíritu casi ritual que sigue diferenciando al cine fantástico de cualquier otro género. Porque pocas cosas se disfrutan tanto como pasar miedo acompañado.

Fabio Testi, Bruno Martín y los homenajes del festival

La clausura del festival sirvió también para reivindicar figuras fundamentales del audiovisual y del cine de género. El actor italiano Fabio Testi recibió uno de los grandes homenajes de esta edición. Rostro emblemático del cine europeo de los años 70 y 80, Testi representa una época donde el fantástico, el giallo y el thriller italiano construyeron buena parte del imaginario del género contemporáneo. Su presencia en Bilbao fue recibida con enorme cariño por parte del público del festival.

El Premio Fantrobia, destinado a reconocer nuevas voces del fantástico estatal, recayó en Bruno Martín, una de las figuras emergentes más prometedoras del género español tras el recorrido de Luger en festivales especializados. También fue homenajeada la compositora Aránzazu Calleja, cuya trayectoria dentro del audiovisual español confirma hasta qué punto la música sigue siendo una de las herramientas fundamentales para construir atmósferas dentro del fantástico.

El fantástico como espejo del presente

Si algo dejó claro el FANT 2026 es que el fantástico continúa siendo uno de los géneros más honestos para retratar el presente. Muchas de las películas programadas este año hablaban de cuerpos agotados, relaciones tóxicas, aislamiento, ansiedad colectiva y pérdida de identidad. El monstruo contemporáneo ya no necesita colmillos ni castillos góticos. A veces basta con un apartamento vacío, una relación rota o la sensación de que el mundo se vuelve cada vez más inhabitable.

Y quizá por eso el público sigue llenando las salas. Porque el fantástico permite exagerar el miedo para hacerlo visible. Permite hablar de lo que cuesta nombrar desde otros lugares. Cuando terminó la última proyección y las luces volvieron a encenderse, quedó la sensación de que el FANT atraviesa uno de sus mejores momentos. No porque sea más grande o más mediático, sino porque sigue conservando algo esencial: una identidad clara y una enorme libertad para programar cine incómodo, extraño y profundamente vivo. Bilbao volvió a demostrar así que el fantástico no es un refugio para escapar de la realidad. Es una forma de mirarla de frente.

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