Han tenido que pasar siete largos años para que llegara el deshielo y que la lógica de la exclusión y la intransigencia se desvanecieran en favor del sentido común y los anhelos de unidad de una buena parte de la izquierda gijonesa, amigos, simpatizantes y afiliados, tanto de IU como del PCA. Hace poco más de un mes, Izquierda Unida de Xixón abría sus puertas para permitir el retorno sin exclusiones de cuantos militantes del PCA deseasen, al que ha sido y es nuestro proyecto estratégico de convergencia política y social desde 1986. Igualmente, el mencionado proceso de normalización se ha venido dando en el conjunto de la región, aunque de forma desigual, y manteniéndose aún la excepcionalidad en algunos territorios. Estoy convencido de que más pronto que tarde, los y las compañeras concernidos por este propósito, terminarán por cerrar esa vieja herida, hoy especialmente perjudicial para los objetivos e intereses comunes que nos reúnen en la misma trinchera.
Pero no son los entresijos de dicho conflicto ni el ajuste de cuentas, el objeto de estas líneas, sino la necesidad de contribuir a la reflexión, acerca del “momento histórico” en el que nos encontramos, así como de participar ,desde las nociones aportadas por el martillo y la hoz, en ese deseo de cambio instalado en buena parte del sentir mayoritario del pueblo.
Los cambios, entendiendo por estos la sustitución de una “cosa” por otra, no son en sí mismos, la garantía de algo nuevo capaz de tumbar el edificio actualmente en ruinas. Los cambios no son tales, si no van asociados a una profunda transformación de los elementos esenciales que dotan al término de contenido. En mi opinión una alteración estructural del orden social existente es altamente improbable si ésta no lleva en su ADN una determinada ideología y unas fuerzas sociales capaces de hacerla hegemónica. ¿Y todo este batiburrillo argumental, para qué? pues para sentar ciertas bases, a mi juicio imprescindibles, para un cambio en las formas de entender la política en Izquierda Unida de Gijón. La organización local atraviesa una crisis sin precedentes: Dimisiones del grupo municipal, asambleas orgánicas interiorizadas, reservas en la confección de los censos, “viejas” maniobras para mantenerse en la dirección, elecciones primarias cuya legitimidad está en entredicho, etc., han sido el pan nuestro de cada día en IU desde hace unos cuantos meses. Por ello ha llegado el momento de pisar el freno, mirar a nuestro alrededor y ponerse a trabajar en otra dirección. Difícilmente vamos a convencer de nuestro proyecto social a la gente, si entre nosotros mismos impera el gobierno de la sin razón y las rencillas personales. Y ojo, no estoy impugnando el derecho a discrepar en el terreno de las ideas ,tan necesario y lógico en cualquier contexto y más en el actual.
Se trata de que en un momento de emergencia social como el presente, con un paro galopante en la ciudad y unas obras faraónicas cuya inversión pública se ha tirado por el retrete; con unos recortes generalizados en el gasto de los servicios de atención a la ciudadanía, un desierto industrial sin precedentes, etc., así como un gobierno local en el que los caciques y toda una red clientelar paniaguada se ha instalado en el Ayuntamiento para gestionar los recursos en favor de los ricos, se hace más imprescindible que nunca una Izquierda Unida renovada, con altura de miras y dispuesta a imaginarse otro Gijón. Es el momento de la política, de la ideología y de reconstruir una organización de mujeres y hombres capaces de llevar esos empeños hacía delante.
Para darle la vuelta a los errores y los déficits, pilotados hasta ahora por una dirección incapaz de enderezar el rumbo, debemos abrir las sedes, convertirlas en casas del pueblo, en espacios críticos donde la gente pueda opinar. Las Áreas de elaboración colectiva no pueden ser sólo figuras orgánicas contempladas en un papel, han de constituirse y conformarse con la vocación de ser las principales herramientas vinculadas a la concurrencia de aquellos que quieran sumarse a un cambio revolucionario, pero sin la necesidad de pertenecer a las siglas. Izquierda unida en Gijón tiene que apostar por abrirse y flexibilizar su participación y para ello también es imprescindible una organización que escuche y que hable el lenguaje del pueblo. A ello tiene que sumarse necesariamente el ejemplo y el compromiso de los afiliados. Es preciso recuperar el espíritu militante, pisar la calle, estar con los “nuestros”, acudir allá donde haya algo que se mueve, pero no de cualquier manera, sino con reflexión colectiva y propuestas programáticas realizables. Eso es lo propio de un intelectual colectivo con aptitudes de transformación. Sustituir la vieja política de los sillones y el apoltronamiento para gestionar las migajas de las élites económicas, por la vinculación continuada de la acción institucional de nuestros concejales, con la movilización, los conflictos sociales y las reivindicaciones de nuestra clase, de esa mayoría social despojada de derechos y dignidad y que habita en los barrios de nuestra ciudad.
No debemos tener miedo a decir lo que somos y lo que pensamos, dejando claro que en absoluto pretendemos ser los guardianes de ninguna “pureza” ideológica ni tenemos las soluciones perfectas ante cualquier problema, pero eso sí, defendiendo nuestra identidad y la de todo un pueblo cuyos niveles de hartazgo han traspasado hace ya bastante tiempo lo tolerable. Hablo sin ambages de una identidad de izquierdas.
Decía Frei Betto, un dominico teólogo de la liberación: “Ser de izquierda es, desde que esa clasificación surgió con la Revolución Francesa, optar por los pobres, indignarse ante la exclusión social, inconformarse con toda forma de injusticia o, como decía Bobbio, considerar una aberración la desigualdad social”. Esa reflexión del escritor, sigue siendo oportuna para definir, hoy, a todo un espacio político cuyo objetivo pasa por darle la vuelta a la tortilla de las relaciones sociales en las que una minoría ostenta toda suerte de poder- económico, político e ideológico- y para más inri, de forma despótica.
El eje derecha-izquierda no es el único, es cierto, ni sólo existe “una izquierda” y “una derecha” en singular; como en cualquier proceso humano, la realidad, por suerte, es mucho más plural, rica y dialéctica. Y es en ese campo de las izquierdas, donde organizaciones como IU tienen que seguir situándose y batiéndose el cobre contra la derecha, representada en primer término por los grandes poderes económicos, pudiendo servir a modo de ejemplo, el de la familia Botín; sin desdibujarse ni jugar al “gatopardismo” con fines electorales, democratizando su estructura para ampliar la participación, desplegando toda su voluntad de confluir con aquellas fuerzas políticas coincidentes en lo programático y sobre todo, siendo coherentes entre lo que se dice y lo que se hace. Valgan estas letras, para dejar clara la pretensión de los comunistas de sumar, de arreglar las cosas, y como militantes del PCE, organización integrante de IU, seguir aportando ese sello rojo para nosotros fundamental, en la reconstrucción de la izquierda que Gijón necesita.






