El Partido Comunista de España en Madrid se dirigía por redes sociales hace unos días a los chicos y las chicas que acaban de aprobar la EVAU así: “Estudiantes que acabáis de aprobar la EVAU, que nadie os quite mérito si no entráis en la carrera universitaria que queréis estudiar. No es culpa vuestra ni falta de esfuerzo personal. Se debe a que no dotan las plazas universitarias públicas suficientes”.
El texto agitativo continuaba analizando el Informe Datos y Cifras del Sistema Universitario Español (2022 – 2023) del que se deduce claramente que el aumento de las notas de corte en el acceso a la Universidad no tiene nada que ver con una mayor exigencia académica, sino que es producto del recorte de plazas públicas.
Varios informes han puesto el foco del problema en el porcentaje de la nota final entre el Bachillerato y la EVAU. Ya sabemos que en el Bachillerato privado y el privado-concertado se inflan las notas para que el expediente compense el peor desempeño en la EVAU de este estudiantado de familias ricas, de clase media o trabajadores con veleidades clasistas. Pero la solución no puede ser poner aún más barreras a los hijos y las hijas de la clase trabajadora para impedir su acceso a la Universidad con excusas falsamente meritocráticas.
Localizando la verdadera causa, llegaremos a la resolución justa del problema: la nota de corte es el cruce entre la oferta y la demanda de plazas públicas. Cierto: Si se ofrecen menos plazas públicas al número constante de aspirantes que se produce desde hace décadas – se han reducido las plazas disponibles, no han aumentado los aspirantes: desde 2013-14, la tasa neta de escolarización en educación universitaria apenas ha variado (alrededor del 31%) -, optar a una plaza pública se «encarece» en nota de corte, porque entran menos estudiantes por falta de plazas.
Otra cosa es preguntarnos si el acceso a los estudios universitarios debe considerar mecanismos de un supuesto mercado todopoderoso y basarse en los conceptos de oferta y demanda o, al contrario, quedar por completo al margen de dinámicas economicistas y garantizar el acceso a la Universidad con criterios democráticos y de justicia social.
Es en Ciencias de la Salud y en Ciencias donde encontramos la menor o casi menor oferta de plazas (35.096 y 17.570 respectivamente sobre un total de 242.611). Y evidentemente un mayor porcentaje de titulaciones con nota de corte entre el 10 y el 14 (74,9% en Ciencias de la Salud y 55,3% en Ciencias).
En un país que necesita, por ejemplo, mucho más personal sanitario, el Estado debería agradecer su empeño a las aspirantes a unas carreras tan exigentes y comprometidas con el bienestar humano, favoreciendo su ingreso en esos estudios, en vez de expulsarles de la Universidad pública alegando que las titulaciones con mayor nota son aquellas en las que la demanda supera a la oferta. Pues se cambia la relación y tendremos el personal sanitario que este país precisa.
Lo que está pasando con la EVAU y las notas de corte es otra privatización de la educación. Se recortan plazas públicas para derivar a los aspirantes, que no superan las altas notas de corte, a las universidades privadas, que no han dejado de aumentar su oferta de plazas. Por ejemplo, en el caso de Ciencias de la Salud se observa un gran incremento de la oferta privada (27,7% estudiantes) aprovechando la demanda no cubierta por lo público. Ellos saben que tienen negocio. La cuestión es: ¿Sabemos nosotras que tenemos derechos?.
Así, si las familias de clase trabajadora no pueden pagar una universidad privada, quedan fuera del sistema universitario. Estas enseñanzas quedan de nuevo reservadas para reproducir la clase dominante.
Sucede desde siempre. Atendiendo al perfil socioeconómico de las estudiantes universitarias, la mayoría procede de familias cuyos progenitores tienen los máximos niveles de ocupación y estudios: un 45% tiene al menos un progenitor con ocupación alta y un 62% con estudios superiores.
En el camino hasta la Universidad nuestras hijas de clase trabajadora tienen que atravesar multitud de filtros: no engrosar las estadísticas de no titulación de la ESO o Abandono Educativo Temprano; obtener notas excelentes en el Bachillerato y la EVAU; optar a una plaza universitaria pública con notas de corte disparatadas. Esto no es más que una transferencia de recursos públicos hacia las clases más favorecidas en detrimento de los más necesitados.
El capital se reserva el dominio del conocimiento que da la educación universitaria para su clase, vistiéndolo de falsos criterios de eficiencia económica. No es un problema de que falte dinero para dotar plazas públicas, es que no se quieren dotar para que la clase trabajadora no acceda a ese conocimiento.
No poder entrar a la facultad en la que se quiere estudiar no es culpa individual ni falta de esfuerzo personal, es culpa de un sistema injusto que reserva el saber humano para los privilegiados y que pone el negocio de unos pocos por encima del bienestar social.
Poner la vida en el centro y construir una sociedad mejor y más justa es garantizar, a través de la Universidad pública, que cualquier estudiante pueda completar sus estudios sin impedimentos económicos ni segregaciones socioculturales, que son de clase. El Partido Comunista apuesta por la enseñanza pública universitaria desde la equidad y la justicia social.







