En el discurso del pasado 9 de abril en Tegucigalpa al asumir la presidencia pro tempore de la CELAC, Gustavo Petro previó un futuro de tormentas. No era premonición macondiana dadas las condiciones que vive la región y el mundo. No pensaron ni el orador ni quienes lo escuchaban que los vientos huracanados llegarían tan pronto. Cuatro días después de la Cumbre, los resultados electorales de la segunda vuelta presidencial en Ecuador estremecían al mundo democrático internacional ante el sospechoso holgado triunfo de Daniel Novoa con unos resultados que contradecían todas probabilidades políticas y estadísticas. Tras la primera vuelta, Luisa González había ampliado considerablemente los acuerdos unitarios en torno a su nombre y el programa de gobierno, y las manifestaciones de la campaña eran multitudinarias, mientras que el gobierno y su candidato estaban sumidos en sonados escándalos de corrupción, conflictos internos, y la empresa exportadora de bananos de la familia Novoa era investigada por graves delitos de narcotráfico. Se pensaba que la creciente fuerza que mostraba la campaña lograría superar el ventajismo y la violencia de la campaña oficialista. Pero dos días antes de las elecciones Novoa da un golpe inimaginable en cualquier democracia al decretar el estado de excepción, militarizar el final del proceso electoral y trasladar mesas de votación de regiones donde la candidatura de Luisa González era abiertamente mayoritaria. Desde todos los rincones del mundo se alertó sobre el inminente fraude. Para rematar la faena dictatorial, el día de las elecciones ordenó el cierre de urnas, antes de la hora oficial, en sitios donde se sabía que el gobierno tenía pocos apoyos. El Consejo Nacional Electoral hizo el anuncio de los resultados rodeado de militares fuertemente armados, una imagen que recuerda la comparecencia de dictaduras como la de Pinochet.
Había expectativas y dudas sobre la posición que asumiría el presidente Gustavo Petro ante el saludo de felicitaciones a Noboa que desde su cuenta personal en X hiciera la canciller Laura Sarabia, que fue replicado por la cuenta de la cancillería. Saludo que se suponía debió haber sido consultado con el jefe. Aunque de esta controvertida y muy criticada funcionaria, que viene de las toldas de la derecha, cualquier cosa puede esperarse. Finalmente el presidente Petro se pronunció reseñando el cúmulo de anormalidades habidas durante la campaña y esperando que se aclaren muchas dudas para poder tomar una decisión de reconocimiento o no.
En las bases de las izquierdas latinoamericanas causaron repulsa los inmediatos reconocimientos y saludos de felicitaciones hechas por Lula da Silva y Gabriel Borich, quienes, además, no tuvieron ninguna palabra amable para Luisa González, mientras que aún siguen cuestionando las elecciones venezolanas.
Frente al escenario latinoamericano y caribeño de dudas, cautelas o apoyos vergonzantes fue positiva la postura de Petro y también la diáfana declaración de la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum, quien, siguiendo la histórica tradición de su país en asuntos internacionales, se apoyó en las declaraciones de Luisa Gonzalez para no precipitar reconocimientos y esperar que haya claridad sobre el posible fraude. México y Colombia pueden hacer un valioso tándem para liderar al progresismo latinoamericano y caribeño.
Tiempos de tormentas que requieren capitanes y capitanas con tranquilidad, serenidad y mucha firmeza. Retos grandes para la CELAC. Sabemos que estará a la altura del momento.








