• Palabras y voces (y portavoces)

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    Ahora que Don Mariano se dispone a tomar las riendas de este carricoche de caballos desbocados y ruedas a punto de salirse de sus ejes, la prensa de siempre adquiere un tono mucho menos acelerado, menos catastrofista, más «comprensivo» sobre las causas de los males de la Patria. Ya es cosa de Europa y de

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  • Lo porvenir

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    Derecha suicida: Quizás no debería advertirte de que caminas hacia el abismo, pero es que después me cae el muerto encima y pago las consecuencias, de manera que no me queda más remedio que decírtelo lealmente: Lo que está ocurriendo desde que caminas en volandas, sostenida por los brazos extremo-derechos de los autoritarios políticos, cogidita

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  • Palabras, palabras, palabras

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    Lo que más me molesta, derecha-que-va-a-por-todas, de esta crisis es la actuación feroz de los segundones, los corrillos de comadres disfrazados de comunicadores, los discursos de los estrategas de café. ¡Qué cantidad de energía perdida en practicar lo contrario de lo que se afirma! ¡Qué distancia entre predicar y dar trigo! ¡Qué retorcimiento en las

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  • Un poquito de educación

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    Te escribo apesadumbrado porque te estás cargando nuestra educación después de haber perdido la tuya. Lo tuyo sí que es fracaso escolar, incluyendo un cero en urbanidad, una exhibición de ramplonería argumental y un talante de discusión tabernaria que me inquieta enormemente: Ya sé que tienes la sartén por el mango y el mango también

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  • Reflexiones del verano caliente

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    Derecha mía: Nunca se me ha mezclado tan amargamente la risa y la tristeza como en estos momentos de déficits, democráticos y económicos, que hacen más ridículos nuestros excesos políticos y socioculturales como generación ya obsoleta que sufre, atónita, la premonición grouchomarxista de «salir de la nada para llegar a la más absoluta miseria». Y

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  • Derecha preocupada

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    Ahora que «nuestros» pescadores han pagado el peaje coercitivo para andar faenando por esos mares tan lejanos, te lanzarás (ya te has lanzado) a mostrar tu preocupación por la libertad de trabajo y a exigir medidas de fuerza para que «nuestros» trabajadores puedan trabajar en paz. Loable propósito el tuyo si no fuera porque, por

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