Gaspar Llamazares, unos días antes de concluir la campaña hizo un ofrecimiento para que el PCE participara de forma constructiva en el debate sobre lo que el llama «la refundación de IU». El Partido, una vez celebradas las elecciones, y a la vista de los resultados, respondió la oferta del Coordinador General de IU solicitando, por segunda vez, una reunión entre él y los dos máximos responsables del PCE a fin de tratar los temas políticos y organizativos necesarios para avanzar en un acuerdo que antes de las elecciones generales sitúe a IU en las mejores condiciones.

La respuesta de Gaspar Llamazares se reitera en las evasivas para reunirse con el Secretario General y Presidente Ejecutivo de su Partido y dejar a calendas grecas el posible encuentro. Durante los días en los que se preparaba la segunda dilación se expulsaba al Secretario General del Partido en Asturias de los órganos de dirección de IU de una forma arbitraria. Es posible que a esta cuestión obedezca la respuesta de Llamazares.

Políticamente, el PCE respondió a través de las decisiones de sus órganos de dirección -cosa que no ha hecho IU- con una propuesta fundamentada, concretada sobre la realidad y las prioridades de IU, consistente en la necesidad de la «reconstrucción democrática de IU» y que tuviera un fuerte impulso republicano. (Sus aspectos mas concretos los hemos publicado en el anterior número, MO 189).

La Presidencia Federal de IU aprobó el 18 de junio un documento con una clara declaración de intenciones: seguir con la refundación ecosocialista y con la línea organizativa de la vulneración estatutaria. La prueba más palpable es el objetivo de la aprobación de las candidaturas en una convención y la no celebración de la Asamblea Federal cuando marcan los estatutos. Ambas cuestiones demuestran el acierto del PCE a la hora de plantear la reconstrucción democrática de IU, de cara a la consecución de un acuerdo interno, para proyectar ilusión y confianza al exterior de la organización y más ante el próximo reto electoral, las elecciones generales en las que el bipartidismo va ha jugar con gran fuerza.

En el escenario en el que se presenta la próxima contienda política y electoral es más necesario que nunca el acuerdo interno, el respeto a las reglas del juego y a la democracia en IU. Pero el documento impulsado por Llamazares para este periodo no deja suficientemente claras estas cuestiones sino que, al contrario, genera una situación de excepcionalidad política y democrática que preocupa a los dirigentes del PCE y a otros sectores de IU. Cuando se celebre el Consejo Político Federal de IU, el día 1 de julio, esta publicación habrá salido de imprenta, con lo dejaremos para el próximo número las decisiones que adopte el órgano de dirección de IU.

El eje central del debate se sitúa en la llamada refundación. En el editorial del mes anterior avanzábamos algunos criterios sobre la misma: refundación es modificar los cimientos, las bases sobre las que se fundó IU, muchos sectores reclaman esas bases, esos principios que ahormaron un proyecto político de nuevo tipo y que han demostrado su validez en las últimas elecciones municipales y autonómicas, así como en Europa en donde procesos parecidos a IU como movimiento político y social comienzan a ponerse en marcha, como está ocurriendo en Italia y Alemania. Existe una gran coincidencia en IU en lo que hay que modificar: como es el funcionamiento democrático; la elaboración colectiva, dando el papel que le corresponden a las áreas de elaboración colectiva, que son la seña de identidad más genuina y característica del proyecto; la elaboración del programa de forma plural y con carácter alternativo, buscando la identidad del proyecto en la izquierda y su perfil político transformador; su característica social, en perfecta conexión con los movimientos sociales y la movilización social, interviniendo en los conflictos; y la nueva forma de organización política y de trabajar en las instituciones, con carácter alternativo, lo que se vino a llamar las dos patas de IU: el trabajo en la sociedad y en las instituciones pero siempre que este último no sustituyera al primero.

La reconstrucción, en tanto que volver a construir, es el concepto que en todas sus afecciones contempla mejor lo que para la izquierda e IU es una prioridad: volver a construir en el marco actual, los principios y las bases sobre las que se creó el proyecto y que durante este tiempo se han ido desnaturalizando, se han ido deteriorando. Esa es la idea fundamental de la propuesta del Partido, esa es la exigencia de la mayoría de IU y la esperanza de la militancia de la organización. Reconstruir la identidad colectiva, la imagen plural y compartida, la dirección colegiada, la democracia en su sentido más amplio y aquellas cosas que hicieron de IU un proyecto diferente, un modelo federal en el funcionamiento de las federaciones y de los órganos de dirección, la limitación de mandatos, las incompatibilidades, la rotación, el papel de los componentes organizados de IU, la transparencia en las finanzas internas, el debate colectivo, etc., en definitiva todas aquellas cuestiones que hicieron y pueden hacer un proyecto político cargado de ilusión para la izquierda transformadora.

IU siempre ha sido un referente republicano, tiene un componente republicano en sus genes -ésta en una de las identidades que hay que resaltar-, pero desde luego más allá de lo únicamente propagandístico, hay que profundizar en el modelo de sociedad republicana, en la política desde el ideal republicano y en construir una identidad colectiva republicana; en esa línea es en la que de debe dar un fuerte impulso. La identidad política de un proyecto alternativo de izquierdas tiene hoy, desde esa identidad republicana, que marcar la diferencia en la política como en la formas de hacer política. En este sentido hay que realizar un discurso que conecte con la gran mayoría de la izquierda transformadora, con los trabajadores que sufren los efectos de la política económica y social del gobierno, claramente continuista con las políticas del anterior gobierno del PP, defendiendo que otra política económica es posible y necesaria; y de una práctica política alternativa que, desde la confrontación con el modelo bipartidista, llame a la construcción de una república federal mediante el desarrollo de modelos de participación que hagan que la ciudadanía se sienta protagonista de los procesos de cambio.

Todos los esfuerzos que se hagan para construir un gran acuerdo político en IU como referente de la izquierda transformadora y alternativa, no serán en balde, no caerán en saco roto. La militancia, la parte mas avanzada de la sociedad y el electorado, lo percibirá, tomará nota, y actuará en consecuencia. Queda pues que los dirigentes de IU hagan lo propio: actuar también en consecuencia.