El tiempo, el trabajo y los cuidados

Kollontai sabía que no era suficiente la incorporación de las mujeres al trabajo productivo; que hacía falta una revolución de la vida cotidiana y una nueva relación entre los sexos
Pan y rosas

“Pan y rosas” ha sido la reivindicación de las mujeres a lo largo de la Historia, unas veces en forma de grito o de cántico y otras, como protesta y denuncia, como propuesta y programa. Es nuestra forma de responder al patriarcado, a una sociedad dual y jerarquizada en la que las mujeres tenemos que estar siempre demostrando lo que hacemos y reivindicando lo que queremos; estamos discriminadas en el trabajo productivo y debemos asumir como propio el trabajo de los cuidados, siempre infravalorado y nunca reconocido; por eso, en la Huelga Feminista del Ocho de Marzo de 2018, las mujeres decíamos, con toda razón, que si nosotras paramos el mundo se para, un mensaje que debemos multiplicar en todos los ámbitos y en todos los foros, porque apunta directamente al centro del poder patriarcal.

Queremos tiempo para compartir, para cuidarnos y cuidar la naturaleza, para amar y para soñar una vida mejor

Sabemos que éste no es un debate nuevo. El reparto del empleo y de los cuidados, compartir el trabajo y el tiempo y convivir en igualdad, son reivindicaciones del Movimiento Feminista desde hace muchos años; recordemos a las mujeres de la fábrica textil de Lawrence que, en el año 1912, organizaron unas marchas por sus derechos y en su manifiesto reivindicativo decían que los corazones padecen hambre, al igual que los cuerpos y, por eso, querían pan, pero también rosas; o el lema “Pan y paz” de las mujeres rusas en la jornada de huelga de 1917; recordemos también las palabras de la dirigente comunista Alejandra Kollontai, convencida de que no es suficiente la abolición de la propiedad privada y la incorporación de las mujeres al trabajo productivo, sino que es necesaria una revolución de la vida cotidiana y una nueva relación entre los sexos. Desde luego, las mujeres celebramos como una conquista el empleo remunerado, una carrera profesional o un puesto de responsabilidad, pero no ha habido una reivindicación pareja de los cuidados, que más bien son considerados una carga -se habla de la carga mental como tarea invisible de las mujeres- y más allá de compromisos personales, ese trabajo, tan necesario y cotidiano, entra con calzador a través de la conciliación laboral y familiar, en las campañas institucionales para el reparto de las tareas domésticas, o a través de los mensajes publicitarios, en los que cada vez aparecen más hombres que saben de qué va el trabajo de la casa. En el siglo XXI, las condiciones de trabajo en el mundo capitalista exigen largas jornadas laborales, sin estabilidad, mal remuneradas… sólo para conseguir el pan y renunciando a otros tiempos y a otras tareas que son imprescindibles para reproducir y cuidar la vida y ésas son las rosas que exigimos y a las que tenemos derecho. La pandemia del coronavirus ha puesto en evidencia la importancia del trabajo de los cuidados, que debe ser abordado desde la Administración con unos servicios públicos de calidad, pero también desde la corresponsabilidad de todas las personas que, al mismo tiempo que realizamos un trabajo productivo que nos debe asegurar el pan, queremos las rosas, el tiempo para compartir, para cuidarnos y cuidar la naturaleza, para amar y para soñar una vida mejor.

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