No creáis, ni por un momento, que uno se va de rositas con Rodríguez, aunque sea después de un zasca monumental como el que os contaba en el artículo anterior. No; los comerciales están acostumbrados a cosas peores, y todo lo soportan con tal de rellenar hasta los bordes una hoja de pedido.
—Y digo yo, don Manuel. Si en Galicia somos, si no la primera, la segunda autonomía en producción de energía, ¿a santo de qué tenemos que pagarla al mismo precio que en Madrid, que no producen nada?
—¡Hombre Rodríguez! Dejando a un lado el hecho de que Galicia no sea la primera comunidad autónoma en producción de energía, creo que estás metiéndote en un jardín bastante peligroso.
Debo reconocer que cada vez que oigo desenfundar un prejuicio de este tipo me pongo a temblar. Como buen internacionalista, desconfío cada vez que veo a alguien alzar una bandera, y me entra un escalofrío por la espalda cuando oigo nombrar a la patria con voz campanuda, recordando cuántas veces la clase trabajadora ha sido convocada a matarse entre ellos en beneficio de los poderosos. Y en el caso de la energía eléctrica cabe recordar que las fuentes de energía siempre han estado separadas —a mayor o menor distancia bien es cierto—, de las comunidades en las que esta energía es demandada. La energía eléctrica está sometida a lo que he dado en llamar humorísticamente “la ley de las dos dislocaciones”, a saber:
- La energía no está nunca donde se la necesita: y como no está donde se la necesita, la posibilidad de transportarla desde donde se genera a los lugares donde se consume, será uno de los argumentos principales para el triunfo de una alternativa energética sobre las demás.
- La energía no está nunca cuando se la necesita: necesitamos luz por la noche, calefacción cuando hace frío y refrigeración cuando hace calor. Las formas más almacenables de la energía, y con mayor densidad energética, serán las preferidas por este criterio. Y recordemos que la electricidad es muy difícilmente almacenable.
A poco que busquemos en la telaraña mundial, la World Wide Web, encontraremos una amplia relación de agravios comparativos, como por ejemplo este de José Rodriguez Sojo de la Cadena SER, que hemos resumido un poco conservando lo sustancial de los datos:
Especialmente llamativo es el caso de la Comunidad de Madrid, que apenas cubre el 4,8 % de la electricidad que consume con la energía que produce [1].La demanda eléctrica en la región […] fue de 27.413 gigavatio-hora (GWh).
En el bando de las comunidades que producen menos de lo que consumen también están Cantabria, que cubre un 42,3 % (1.693 GWh) de la electricidad demandada (4.0004 GWh); País Vasco, con un 42,9 % (6.814 GWh) de los 15.901 GWh consumidos; Comunidad Valenciana, que produce un 66,7 % (17.924 GWh) de los 26.887 GWh que gasta; Andalucía, cuya generación supone el 74,6 % (29.586 GWh) de los 39.634 GWh totales de consumo; Baleares, que produce el 83,9 % (4.637 GWh) de lo que consume (5.528 GWh); y Cataluña, que cubre un 89,2 % (39.860 GWh) de los 44.666 GWh consumidos.
La otra cara de la moneda es Extremadura, que genera un 487,7 % de la electricidad que consume. De los 24.677 GWh que genera [2], sólo consume 5.060 GWh; Castilla y León [3] con una ratio generación-demanda del 197,6 %, de los 27.016 GWh que se produjeron en 2021, los habitantes de la región solamente requirieron 13.670 GWh; Castilla-La Mancha produce un 192,7 % de la energía eléctrica consumida en 2021 (12.004 GWh); Aragón (183,5 % de los 10.471 GWh consumidos), Navarra (171,9 % de 5.050 GWh), Galicia (138,3 % de 17.510 GWh), La Rioja (132,3 % de 1.633 GWh) y Asturias (121,6 % de 9.253 GWh).
Por su parte, Canarias, Ceuta y Melilla cubren el 100 % de la energía que consumen; y Murcia se queda cerca de hacerlo, con un 99,1 %.
Buenos son datos, ¿no? Pues no mucho. A los datos se les puede dar la forma que más nos convenga para apoyar nuestras reivindicaciones. Y, dejando de lado los “inventos” que en muchos casos son las provincias, o las comunidades autónomas, una cosa es ser «excedentario» y otra muy distinta ser «autosuficiente». Porque, en un sistema como el eléctrico, lo importante es la potencia disponible en cada instante y no la energía total entregada. Imaginemos un sistema insular unido a la península por una única conexión; un cable submarino, por ejemplo. Habrá momentos en los que con la potencia disponible en nuestras centrales generadoras podríamos satisfacer las necesidades de los consumidores de la isla, pero también otros en los que —bien por un aumento espectacular en la demanda, bien por una avería en una de las centrales de generación— tuviéramos que utilizar el cable submarino de conexión con la península para que el sistema no colapsara. Ya dejaríamos de ser autosuficientes. También sería posible que la energía disponible en el “exterior del sistema” tuviera un precio mucho más beneficioso para los abonados que la producida localmente, lo que podría aconsejar convertirse en «importador neto», no por falta de disponibilidad sino por ineficiencia de las fuentes. O incluso que en los momentos de baja demanda exterior fuera económicamente rentable verter, a través de la mencionada conexión, la potencia sobrante.
—¡Es que es injusto! —Insiste Rodriguez, cuando ya me había olvidado totalmente de su presencia— Nosotros con explotaciones agrícolas rentables debajo de los pantanos [4], con los montes llenos de molinillos y otros que no tienen ni el primero. Y según parece, ahora va a venir una empresa andaluza a montar eólicos en nuestras rías.
—¡De todo hubo en su momento Rodriguez! ¡Que a mi aún me tocaron las movilizaciones contra el embalse de Castrelo de Miño! ¡Y aún me tocarán las que se organicen contra el embalse superior para transformarla en una central de bombeo!
—¡Hombre don Manoel! ¡No me dirá que está usted en contra de las centrales de bombeo!
Y yo entonces me paro y me pregunto a mí mismo: ¿estoy a favor o en contra de las centrales de bombeo? Y un automatismo en mi cerebro me da la respuesta que yo recomendaba siempre a mis alumnos de «Instalaciones eléctricas»: ¡depende!
Y de lo que depende es ya objeto del siguiente artículo de esta apasionante serie que lleva por adecuado título «Menos lobos…»
[1] Datos del informe sobre el sistema eléctrico español en 2021.
[2] En estos datos, además de la producción solar fotovoltaica en la que Extremadura es líder, está incluida la producción de la central nuclear de Almaraz (Cáceres).
[3] Si Extremadura es una potencia en energía fotovoltaica, Castilla y León lo es en energía eólica. Esta tecnología representó el 49,1 % de la producción total y ayudó a que a comunidad fuera la que más generación renovable aportó (24,068 GWh, un 89,1 % de lo producido en territorio castellanoleonés).
[4] Acierta Rodriguez cuando acusa a FENOSA, que había obtenido del dictador la concesión de la «Explotación Integral del Río Miño», de inundar buenas tierras de cultivo con el embalse de Peares, inaugurado en 1955, al que siguieron Belesar en 1963 y Velle en 1966. Los planes de la empresa continuaban con los proyectos de construcción, aguas abajo de estos, de los de Castrelo de Miño, Frieira y Sela, este último en el tramo internacional y que afortunadamente ya no fue construido.







