Con el rostro terso y la mirada eclipsada, joven, en el bucle de celuloide de Antonioni; o con el rostro árido, como una patata, tras algún accidente y los revolcones del tiempo. Con el lenguaje acicalado y distante, pero bien medido; o la voz al pecho, arenosa, raspante, como uncal o el personaje deLos santos inocentes, Azarías. Rabal fue un actor inolvidable.
Un actor y una persona de cuerpo entero. Ciudadano de Águilas y trabajador comprometido: marxista-electricista.
Vivió la vida a grandes sorbos, porque sabía del enorme vacío instalado allá arriba y que no existe una segunda oportunidad sobre la tierra. A grandes sorbos y con un beso constante de amor y solidaridad. Su vida fue un reto interminable, como un grito a la noche, siempre joven, y sin dejar de enfocar el fondo del tiempo: «Hoy me juego entero, qué le voy a hacer».
Paco Rabal, que estás en los cielos.
Felipe Alcaraz.
Publicado en 1917-2017. Desde que noviembre se llama octubre (Atrapasueños)







