Lucio llevaba quince años en el almacén de una fábrica catalana de embutidos, situado en la localidad de Valdemoro, y pensaba que aún podía tirarse otros quince años más en el mismo curro. Lucio no entendía demasiado de economía política, ni sabía a ciencia cierta lo que significaba tipo de interés o devaluación. En cambio sí que tenía muy claro esto de la crisis. En el último año habían despedido…
A Rubén Fonseca Yo prefiero la navaja, ¿sabe usted, jefe? La navaja es mucho mejor, más ligera, más manejable, ocupa menos sitio. El cuchillo es más seguro, eso sí, pero es más pesado y más difícil de llevar. Casi siempre se nota en los bolsillos de la chaqueta o en el pantalón y, además, hay que llevarlo con funda. Yo le llamo baldeo a la navaja, otros cheira o mojada,…
Para Manolo Pereira Fidel lo tenía todo muy claro: todas las tías eran putas, sí, putas. O sea, que se lo hacían con cualquiera. Y si alguna no lo hacía, era por razón de cálculo. Su propia señora era un buen ejemplo de lo que él pensaba. Estaba más claro que el agua. Llevaba dieciocho años casado y su señora dejó de hacerlo con él al cumplirse cinco años de…
Mohamed era alto, enjuto, muy moreno y muy serio. Solía sentarse en los bancos de la plaza a ver pasar la gente y a comerse, muy despacio, una barra de pan con aceite y azúcar que le daban gratis en el quiosco de la plaza del Dos de Mayo. Cuando terminaba se sentía feliz y me aceptaba un cigarrillo. – Qué, Mohamed, ¿cómo va esa vida? -le preguntaba yo. –…
En la pensión, todo el mundo había terminado de comer y se habían ido a sus cuartos a descansar, menos Ugarte que le decía a Morán que era un golfo porque le gustaban los niños y éste decía que no, que los niños le recordaban perritos pequeños y otros animalillos, como escarabajos y ratones. A Ugarte, todo lo que fuera pequeño y se moviera le hacía pensar en niños y…
Aquella noche Riquelme no pudo dormir y, por la mañana, encendió la luz y se acarició el pene, mientras su mujer se hacía la dormida. Más tarde, empezó a embestirla por detrás, con fuerza, y su mujer fingió despertarse. Riquelme continuó cada vez más fuerte hasta que ella se escurrió de la cama. -¿Eh, adónde vas? -le preguntó Riquelme. -Al cuarto de baño -contestó ella. -Ven aquí, mira cómo la…
Los golpes sonaron en la puerta de la casa fuertes y perentorios, pero doña Clara fingió no escucharlos. Era una mujer con el cabello completamente blanco, ojos claros y un cúmulo de arrugas alrededor de la boca por la costumbre de reír. Estaba en su dormitorio, frente al espejo del tocador, contemplando su rostro triangular y cantando por lo bajo alguna vieja canción. El viejo se encontraba en la cama…
Para Vicente Larraga Una noche, Casimiro se tomó unas cuantas copas en un bar de señoritas de la calle del Tesoro, llamado Bar Cuba, que yo conozco y que está bastante bien. Cuando yo estuve, hace mucho tiempo, las señoritas del bar eran educadas y sabían alternar sin pasarse, siempre sonreían y les gustaba acariciar las manos de los clientes y decirles cariño y cielito. A mí, en concreto, me…
Era alta, de piernas fuertes y vestía de rosa y podía haber sido guapa, pero no lo era. Se llamaba Lola. Zezé, su amiga, le dijo: – ¿Qué te pasa, mi niña? Te veo tristona. ¿Tienes la regla? – Tengo ganas de morirme, eso es lo que me pasa -respondió Lola. Zezé era negra, cubana, y relucía como un aparato de teléfono. Caracoleó a su lado. – Olvídate de esas…